19.9.13

Tú en Gata y yo en Finisterre.





Entre la piel y el alma hay una playa donde languidecen jardines que se ahogan mientras pasan los días –quién lo diría- incluso pasan los años y aún no estamos en foto fija, tenemos bordes, olores entre los dedos, miradas táctiles, química de antimonio y remordimientos, de ácidos delineando los contornos de la coincidencia, análisis de aceros o de mentes, minuciosa evaluación de carbono o de dolores, porcentajes implacables que dibujan y definen, oxígeno que respiramos desde las riberas, tú a un lado, yo a otro, la vida en medio con su carga de realidades, río implacable, sin sitio para peces soñadores, sin pescadores melancólicos, huraño el conductor de este autobús que me lleva a Finisterre, cunetas interminables con paisajes de bosques quemados, no hay espacio para la esperanza de lo verde, ya llegará la primavera mientras tu lucidez, tu disciplina, París y este tiempo de verdades  – también tu conductor- te sitúan en el cabo de Gata, -ay, septiembre- lejos, estamos lejos, ya no somos y sólo queda aferrarse al faro y soportar el viento, ser viento, acariciar las rocas y gritar ahora que nadie me oye, inútil desgañitarse, es igual, la lluvia ha inundado los caminos de regreso, los caminos, no podemos estar más separados y esos corteses besos en la mejilla, cuando nos vemos, cuando nos despedimos, son una educada muestra del terremoto, un rescoldo del incendio aquel, la evidencia de tus piernas y las mías, evocación de tus muslos, generosidad de noches amándonos en un insomnio apasionado, cartas en el altillo, testimonio de cicatrices y tatuajes, toboganes encerrados detrás de la puerta, flores y cenizas, no recuerdo si te traje caracolas de mis viajes, si pinté tu nombre en algún mármol de Roma, si te herí de norte a sur, si aún vivo en el destierro de palabras huecas, si me perdí frente a la frontera de señales despintadas, si solo quiero quitarte la ropa, escalar el vacío de tu espalda, vestirte de suspiros  y comerte como a una fruta, mujer manzana, beber tus jugos, fuente en una esquina de mis calles, morder tu resistencia y despeñarme en tu cuerpo de miel, anciana que miras y ves y ya no eres y cabeceas en esa barca sin remos, navegante de cala en cala de nombres curiosos, en las que no nadaré, en las que no me sumergiré, aguas prohibidas, azules, pastores de rebaños perdidos en esos desiertos, prestidigitador de palomas y pañuelos de seda, de voces en madrugadas de viernes, con resquicios de miradas ausentes esmerándose en la conciencia avivada, en la desazón del misterio fugitivo, transbordos en trenes nocturnos, en estaciones en penumbra, en túneles sin final, no se pueden saldar las viejas deudas con suspiros, no me acostumbro a esta intemperie sin fin y todo se ha vuelto negro desde esta mañana. Dame luz.

(No sé como terminar.)




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