22.9.13

Antes de una despedida.


Descender por el tacto a la raíz
de ti, memoriahúmeda de mi transito. 

(
Valente)




Desde el puerto roto por un huracán de estraza, con gaviotas, agitando labios y párpados, con un pie en lo negro y otro en las nubes, queriendo morder una despedida trabada en el paladar. La nave va si recuerdas mi sonrisa y mi voz -lo que tú sientes como mi voz- acaricia esos filamentos hambrientos del interior de tu pecho. No hay olas, no las ves, se deslizan por tu quilla, inofensivas, invisibles. Pero si una pluma fría, solo una, cae sobre tu vigía atenta, siempre encaramada en la frontera, entonces, ay entonces, los ejércitos de la tormenta se alborotan, se levantan en armas las normas que siempre han servido -¿o no han servido?- y se debilitan los cimientos con la humedad, dudamos de los oasis y los escarabajos del cambio te muerden los dedos del alma.

Hay realidades simbólicas como la ausencia de alfombras, la coincidencia de fechas, los espejos ahumados, la inquietud por la salud mental, transgredir la rutina tan nuestra, pero cien perros que no nos dan miedo aúllan, y con él su propio miedo, y solo puedo enviarte mis cartas que tratan de ser diferentes, mis sentimientos, que tratan de ser los mismos, mis caricias y besos, que tratan de ser balsámicos para tus otras necesidades y qué, pobre de mí, no puedo o no sé o no debo proporcionarte.

Al despedirte, justo en el umbral de un mar de chipi chapla de jibiones, me llamas amigo. Sería un tanto sarcástico que acabásemos siendo amigos, hasta cruel. Me rebelo, respeto demasiado la palabra, no soy digno, lo siento, me pesaría como una losa. Puedo ser un mal amante pero no podría ser un mal amigo. Podemos ser amigos- insistes- y se cierran los tragaluces, se enfangan los caminos, las escaleras se convierten en torrenteras por las que me deslizo remojado y confuso, alterada mi percepción, ejércitos de enanos amarillos golpean la delgada línea de la esperanza de dormir a tu lado, digo dormir y quiero decir amar, digo amar y quiero decir morder tus labios, abrazar tu cuerpo añorado y al cerrar la puerta se me ha quedado pillada la gabardina y aquí estoy, en la escalera, de pie, esperando que vuelvas.

Que duro es el oficio de amante en estos tiempos de crisis.

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