10.7.13

Cartas amarillas

Arcángel de sombra.

Desplegó una sábana azul
que abarcaba los ocho cielos
salpicados del oro de los astros
y me envolvió, y así mismo, en ella.
Y como el entero firmamento
me abrazó.
Y se adentró en mi vida
y en aquella noche
la deshojó hasta la ternura del alba.
Con el tacto del más leve pétalo
se dobló su cabeza en mi cuello,
sus bucles negros
emitían un aroma de abismo.

CLARA JANÉS




Sí, claro, quiero saber mucho sobre ti, pero no eso de "¿cómo se puede estar casado y querer a otra?". A veces te pones irremediablemente tú y equivocas las ganzúas porque no hay cerradura, ni siquiera puerta, no hay ladrones aguzando el oído en el portal de nosotros.

Antes, al principio, te hubiera preguntado si me estás probando, si quieres comprobar si en esta rayuela que acaba en un cielo de tiza piso raya y pierdo, ahora sé que no, sé qué no te preocupan cosas así y sin embargo me preguntaste:  "¿cómo puedes estar casada y quererme tanto?".

Ahora cierra los ojos y vamos a nadar a otros ríos, a otros remansos aunque tengamos que diseñar un refugio grande, aunque tengamos que determinar la altura de los cordeles donde probaremos nuestros equilibrios porque todo debe ser más claro, vacío de esas dudas adultas y dormidas, con respuestas de nácar, con niveles que modificamos a nuestro antojo porque hemos perdido, a propósito, el libro que todo lo explica.

Te vas, hoy, vuelve pronto, dedica las horas de viaje, esta separación breve, a ser feliz, no te preocupes, te veo como un alma transparente, tan delicada que no sabía que el prodigio estuviera escondido ahí, junto al cementerio de paredes verdes, junto al caserío blanco de aldeanos que cuidan sus vacas y sus costumbres, en esa persona, tú, que tejes un adagio que no conocía, yo, que en tantos conciertos he silbado,- Allí donde toques la memoria duele. (Yorgos Seferis) -  que en tantas noches de ginebra y soledad he estado rodeada de sombras con forma de hombre que me han contado tantas y tantas mentiras y alguna verdad, tantas y tantas manos tendidas, aquello era otra cosa porque ahí estaba el factor que marca la distancia o la cercanía, que determina donde empieza la caricia y donde termina esta melodía que no sé detener porque te hablo y hablo y veo tus ojos de agua y me maravilla que en el mundo queden personas como tú, que deberías ser una especie protegida, que voy a proponerte como paraíso natural, como reserva de protección de lo que ya no hay.

No te preocupes con dudas y tristezas, siempre hay un mañana para llorar, hoy vamos a reírnos porque hemos estado juntos, mirando nuestro mar, mirando nuestro aventurada relación que crece desde nosotros como una planta incontrolable, dejemos las tijeras de podar y abonemos confiados ese abrazo en silencio y las olas ahí abajo, sin gaviotas, las rocas, los vientos y nuestros pechos alborotados porque la piel nos quema y olvidarnos del mundo de ahí fuera y se me escapan los caballos cuando te pienso y me vas a permitir que el próximo día no hablemos, no preguntemos, dejemos un minuto de silencio para oírnos, para escucharnos los corazones desbocados cuando nos miremos a los ojos.

Jamás he conocido un hombre como tú, tan fuera del mundo que dominaba, que conocía, que sabía, eres diferente y me atraes hasta desafiar los ojos cayendo como rocío detrás de nuestros pasos.

Te beso con tal ternura que me duele algún músculo perdido ahí, entre el cuello y el ombligo, quizás es solo puro sentimiento. Te quiero.


    

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