20.6.13

El hueco es la luz

En la escultura, la forma se compone de masa y de vacío. La masa necesita del vacío para tomar forma en el espacio; a su vez el vacío necesita de masa para ser tangible y dibujar su forma en el espacio.
En la obra de Eduardo Chillida, desde sus inicios y sobre todo en las obras realizadas en alabastro, el hueco es la luz de la obra. En el dibujo tradicional la forma se componía de luz y de sombra, de blanco y de negro pero en la escultura no hay blanco ni negro, hay masa y hueco y en este tándem, el hueco es la luz.
El vacío genera luminosidad y esta cuestión que confiere a Chillida una personalidad única en la escultura del siglo XX lo desarrolla de tal forma a lo largo de su carrera artística que se puede afirmar que en Chillida, el hueco, el vacío formado dentro de su escultura, es tan importante y fundamental como la materia de la que está hecha la obra.
Chillida desarrolló este tema no sólo en las obras de alabastro, hierro y cerámica, también en las obras realizadas con papel. En las gravitaciones de Eduardo Chillida, el hueco del papel que gravita, compone y recorta la obra.





Ayer comentaba con no sé quién que hay una evolución desde la elipse hasta la espiral, desde aquí (aquí) o allí (allí), hasta el no (ni aquí ni allí). 

Por eso la relación Mt1 – p3 = no! es una visión desde el balcón, parcial, el alzado queda oculto.

Pero es la mía.

Es una percepción desde el tálamo, unilateral, misionera, el contraste no se produce –now-, pero es lo que es, lo que no es.

No recuerdo qué día es hoy, mucho menos que día fue ayer, no recuerdo quién seré mañana, de momento mantengo este homenaje al hueco, al vacío. 




2 comentarios :

claudia dijo...

Pues parece que falta oteiza, siempre q se habla de vacío ahí esta él, seguro q su enemistad con chillida tenía que ver con el vacío.

Pedro dijo...

“Pusiste Señor un árbol
hermoso como un rostro en la falda del Aloña
lo miraban un carpintero y un pintor
yo bajaba del Urbía
donde nuestros padres obraron misteriosamente en tu presencia
que yo comprobaría en la ciudad
al cabo de un tiempo
donde una universidad tenía parada su máquina
y desde entonces todos los niños nacen aquí en el siglo 17.”
(Oteiza)

claudia, hay que ver, yo qué sé, la ignorancia, la abundancia de inputs por metro cuadrado, el caso es que no me gustaba Oteiza, nada, ni un poco, bueno, quizás lo de Oñate, poco más, el personaje airado, ceñudo, malhumorado (me) tapaba al genio, al artista. El caso es que el Guggenheim (Bilbao) le dedico una exposición al conjunto de su obra. Fui a verla. Me equivoqué, empecé por el final, la vi de atrás hacia delante. Flipé. Volví a verla desde el principio, sus primeras obras, hasta el final, flipé más. Qué absurdo prejuicio me había cegado. Oteiza, puff, un genio. Luego leí sus poemas a su esposa y descubrí tanta, tanta ternura. Oteiza, vale, con vacío o sin él, un Artista Genial

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