21.6.13

Algo así como el verano.




…y mira con cuánta risa
el blanco lirio en camisa
se está burlando del hielo

(Góngora)




Ya es verano, dicen. En esta mañana gris me encuentro confundido. Dudo entre salir a pescar ballenas o dejar que me trague una de ellas, recorrer en su vientre las profundidades de los océanos, las simas abisales que aún no conozco, rastrear las incógnitas submarinas.

De golpe recuerdo que apenas sé nadar y opto por mecerme en un mar de ardentía. A lo lejos una sirena canta “porque ha perdido una perla llora una concha en el mar”. La nostalgia me atrapa como un pulpo gigantesco y el paraíso de mi infancia va y viene entre inmensas olas de caricias maternales, ternura de mis abuelas y dulzura de mis tías. Sobre esas olas, en una pequeña embarcación de recuerdos, navegan mi padre, abuelos, tíos, los hombres de mi familia con sus voces graves, los que reían a carcajadas, me llevaban de la mano y decían que los chicos no lloran.

Seguí su ejemplo durante años, cambié mi voz, me negué a llevar camiseta de tirantes y boina, reí, no lloré. Y así la vida fue pasando con una elegante y apasionada serenidad. Hasta que llegaron las muertes, la nada. Entonces no lloré, no sabía.

Un día cualquiera, no recuerdo la causa, pudo ser un amor no correspondido, una partida, un regreso, el sufrimiento de un niño, el desvarío de un anciano, la acumulación de sentimientos, no lo sé, no lo sé, pero fui otro, y yo, supe, olvidé lo que me habían enseñado, aprendí. Y lloré.

Jonás me toca el brazo y me invita a seguir remando, a dejar de soñar. El mar se encrespa y contamos gaviotas en vuelo, la costa está cerca y en la playa distingo cuerpos de león con cabezas de hombres barbudos, tumbados, alados. No sé si hemos llegado a Mesopotamia o el problema es que no sé cómo continuar. Lo dejo por hoy.



Este verano es/será un tiempo duro al que me cuesta enfrentarme –como a ti, como a ti, como a ti- pero estoy seguro que para cuando queramos darnos cuenta será diciembre y añoraremos este tiempo de cambio.


Ardentía es una reverberación luminosa que se puede ver en el mar, que se percibe, generalmente y de mejor manera, durante las noches de luna llena y que además sirve de guía a los pescadores, pues se trata de una señal de que hay peces cerca y sus jornadas dependerán del tamaño de la ardentía. Este fenómeno se produce por la concentración de microalgas llamadas plancton, cuyos colores, ayudados con la luz de la Luna, dan paso a una explosión luminosa. Como si se tratase de fuego en el mar, por los brillos y colores que ella emana, la ardentía es resplandor, pesca y poesía, que se concentran en una sola manifestación de la naturaleza




4 comentarios :

virgi dijo...

Me embobeces.
Eso.
Sí.
Besos.

Pedro dijo...

virgi, suerte tienes, yo vengo embobecido de serie, ya, de entrada, así, para empezar. No solo eso, he llegado a tal grado de embobecimiento que fenómenos tan repetidos como el amanecer, las estrellas fugaces, una música que entra por la ventana, una mirada, me dejan al borde del catacrok.
Guardo un atisbo de realidad para mandarte un beso.

Angeles dijo...

El embobecimiento, es el mejor de los estados, (Bueno, hay otros, pero no es el caso en estos momentos).

Un beso

Pedro dijo...

Angeles el embobecimiento progresivo es un estado mayor que Massachusetts y ligeramente inferior a Wyoming. Se caracteriza por saber poco y sentir mucho. Recuerdo que una vez viajé fuera pero ya he vuelto (creo). Los individuos e individuas que lo padecen presentan síntomas fácilmente reconocibles por eso es sencilla su recuperación (no creo). En cualquier caso, bienvenida a las ideas de ser y estar, de buscar la belleza en tiempos oscuros. Recuerdo que una vez me desperté y todo era real (creo). No he vuelto a dormir (solo). Gracias por venir.

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