6.3.13

No te vayas.


Puede usted, por ejemplo, repasar cada uno de los instrumentos en orden descendente de tamaños: desde el enorme fórceps de Chassaignac o el speculum vaginal Nº 16 de Collin, hasta los pequeños catéteres y sondas oftálmicas o las tenacillas para la hemóstasis capilar o las afiladísimas agujillas hipodérmicas o de sutura. Puede usted cerciorarse, también, aplicando este método inversamente, es decir, por orden ascendente de tamaños. Es preciso, sobre todo, que no deje usted nada olvidado aquí. ¿Ha revisado ya la mesilla de hierro con cubierta de mármol que se encuentra adosada al muro debajo del cuadro alegórico? Remueva usted los algodones sanguinolentos y las gasas manchadas de pus; una aguja imprescindible, una pequeña sonda nasal de gran utilidad puede estar oculta entre ellos. Repase usted, uno a uno, sus instrumentos de trabajo; los que usted mismo ha inventado y diseñado y que le han dado justo renombre en todo el mundo, así como aquellos que se deben al ingenio de sus colegas más notables. No se distraiga usted, doctor, al hacer este inventario mental. No preste ninguna atención a esa bella mujer desnuda representada en el cuadro que tiene ante los ojos. Tenga cuidado, sin embargo, de no bajar la vista al suelo; los periódicos viejos que allí han sido extendidos podrían distraerlo igualmente. Usted quizá ya sabe por qué.

Salvador Elizondo: Farabeuf o la crónica de un instante.(fragmento)
(Bill Viola)
Es invierno y llueve, llueve mucho, no te vayas. Hace frío, hay nieve en los montes, hay un vagabundo en el zaguán, hay un perro ladrando al final de la calle, justo en la esquina donde te esperaba. Nunca he tenido perro, ni  bicicleta, nunca he amado tanto como a ti te amo. No te vayas, por favor, te regalare un pájaro, un canario, una oropéndola, no sé, uno que cante mucho, que nos despierte al amanecer, que nos llene de trinos que compensen nuestros silencios.

Llueve y entra el frío por el balcón abierto, no, no te vayas. Ojalá quisieras besarme como antes, aquella forma de cerrar los ojos y suspirar, el abrazo que seguía después, el calor de tu cuerpo, tu desenvoltura sobre mí.

Todo esto fue antes que ese apareciera, quédate conmigo, no hagas caso de lo que dice, te envenena, no es cierto, no fue así. Dejare a Carmen, hoy mismo, te lo prometo. No te vayas.






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