28.3.13

Confuso y con alas (1)

Durante toda mi vida busqué respuestas a unas preguntas que quizá no tengan contestación, y excavaba en el mármol como si la verdad se encontrara en el corazón de las piedras, y extendía unos colores para pintar unas paredes, como si se tratara de tocar simultáneamente unos acordes con un fondo de silencio demasiado grande. Pues todo calla, incluso nuestra alma, o bien es que nosotros no oímos. (M. Yourcenar).


Atravieso el río Suchiate con los otros, en silencio, no hablamos, somos tan pobres que no tenemos palabras que compartir. Concentro la mirada en el frente, sin desviarla, no puedo malgastar mis ojos, necesito acumular paisajes para luego, para cuando llegue. No sé de qué pueblo he salido, ignoro dónde terminaré. Continúo el camino. A mi lado alguien llora, alguien sufre, alguien me roza y se va. Sólo tengo preguntas, tampoco quiero compartirlas, cruzo mis brazos sobre el pecho y sigo. Hoy me tocó esta parte del río. Observo al pelícano, en escorzo pica su costado hasta hacerse sangre que beberán sus crías hambrientas, luego se aleja volando. ¿Lloran los pelícanos?. El uro se aleja, cansado. Estoy sólo, ahora voy a sentarme y leeré los enigmas mientras me inclino a la noche, ávido de entender, ansioso porque los huesos se me llenaron de tristeza, rabioso porque la noche ha llegado y las nubes no me dejan ver la luna.Pero no te preocupes ahora una palabra brilla, en otra se enciende el eco de un suspiro y las junto para que las bebas, para que las comas con pan, para que los caminos de la comunicación se pinten de tonos amarillos antes de la fiesta, antes de que cantemos otra vez la canción de nosotros. Tú me hablas de tanta gente que entra y sale en tu vida, privilegiados porque te ven y te disfrutan, ajenos a los que desde tan lejos pensamos en lo desconocido. Y tú no entiendes pero me hablas de cosas que tampoco entiendo y buceo bajo el agua de tu voz, de tus disculpas, de tus barcos siempre a punto de llegar a puerto y justo al doblar la calle te descubro con un vestido blanco y una flor en la mano, la calle se llena de una neblina que recuerda a una película italiana de los cincuenta, te llamo, parece que me escuchas, pero te alejas, corro tras de ti, entras en una taberna oscura, los borrachos te lanzan su soledad como monedas, no te alcanzan, te pierdes en esas calles que nunca recorreré porque han cerrado las fronteras, las sirenas se esconden bajo las rocas y un presagio de tormentas tiñe el mar que baila frente a mi ventana de luz y cebollas...(sigue)



3 comentarios :

Pedro dijo...

Pasarlo muy bien tanto si os vais por ahí como si no. Volver. Un beso.

Magnolio dijo...

La crueldad de un escritor, ya se sabe, no tiene límites. Se compadece de un pelícano o de cualquier alguien que no existe en medio de un río frontera que sí, metáfora perfecta de lo otro, del sueño transformado en vigilia que no pertenece al lector, éste sí, realmente abandonado, mucho más confundido que aquel, entre palabras que no puede, que no sabe, que no debe, que no quiere descifrar, porque las claves las ha soñado otro que es aquel, el confuso y sin alas.

Pero éste, además, con los puntos (no confundir con otro apéndice) suspensivos bien puestos.

Pedro dijo...

Magnolio

El pelícano es el no va más de la simbología románica cristiana. Ese ave capaz de alimentar a sus crías con su propia sangre cuando la comida escasea, abriéndose el pecho con su puntiagudo pico para que de esta manera las crías puedan beber su sangre.

Esto dio base al simbolismo de representar el concepto de la Eucaristía -y al mismísimo Jesucristo- con un pelicano. Existe un relato que nos habla de la muerte de las crías por pelearse entre sí. Al tercer día llegará al nido la madre pelicana, que se abrirá el pecho a picotazos, para bañar con su sangre a los polluelos y devolverles la vida.


"México se ha transformado en una frontera vertical; el problema comienza desde que se cruza el río Suchiate en el estado mexicano de Chiapas. La intensificación de la vigilancia ha encarecido el viaje para el norte; se ha fomentado el tráfico de indocumentados y los migrantes están buscando caminos de alto riesgo. Los migrantes aquí mueren en el mar, en los ríos, en los puentes, en los caminos perdidos y ni siguiera se conoce el número exacto de victimas y de muertes".

Y así todo.
O casi todo.
El resto es imaginación.
Menos el amor.
Eso no.
Eso sí.
El amor.

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