28.2.13

Moderno.



Tómese un poema de hermosura y luz aunque no se entienda, aunque no se sienta, que sea un poema porque él lo diga.

Él es ese que no soy yo.

Halle las palabras, solo eso, deje que el otro ponga la mirada, el sentimiento quizás, no espere, no anhele, no está en sus manos, no está.

Desnude sus emociones solo si lo pide el guión.

Si no, no.

Salga al escenario con disfraz de recuerdos, suba al cable tensado del decir con convicción de funámbulo, encare el enigma de los que miran, no se preocupe, muchos son ciegos pero, ah, baje usted al patio de butacas y susurre en las orejas de  cada espectador, alternativamente en una y en otra, dígale exactamente aquello que desea oír, aunque muchos son sordos, saben, entenderán lo contrario a lo que usted diga pero el oído es una delicada maquinaria de emociones, un instrumento conectado a la mente, al corazón a veces, al final puede que su voz se transfigure, se deslice, baile, vuele y se produzca el milagro de los panes y los peces.

Manzana sobre mesa traspasada por luz de amanecer.

Caballo inmóvil en la nieve.

Mujer que se peina frente a un espejo.

Hombre que llora y balbucea mientras vierte versos sobre un líquido que burbujea  y mira a la cámara y sabe que nada es cierto y no entiende pero siente en la convicción de la ficción.

Así es, no le de más vueltas.




3 comentarios :

bixen dijo...

Desde la Luna demostraron que Galileo tenía razón, soltando una pluma y un martillo; cayendo a la vez (sin fricción del aire). La cosa es que el susodicho soltaba una bola de plomo y otra de madera ("iguales") sobre un plano, sucesivamente más inclinado, y nadie le ententendía... hasta que un día fue a la torre de Pisa y se puso a tirar distintas cosas con distintos pesos que tocaban suelo casi, pero no a la par. Todo el mundo entendió la verdad con una mentira.
Einstein demostró la curvatura del espacio con un eclipse de Sol, en un día/lugar completamente nublado.

Pedro dijo...

Muy bien bixen, un comentario de ciencia ficción que me encanta. Muchas gracias.

Magnolio dijo...


"Hablamos porque algo nos apremia...Se escribe para conquistar la derrota sufrida siempre que hemos hablado largamente...Salvar las palabras de su momentaneidad, de su ser transitorio y conducirlas en nuestra reconciliación hacia lo perdurable, es el oficio del que escribe. El escritor quiere decir el secreto; lo que no puede decirse con la voz por ser demasiado verdad; y las grandes verdades no sueles decirse hablando"

Son palabras de Maria Zambrano que me han recordado a las tuyas o las tuyas a las de ella.

Es lo que tiene la transversalidad de la escritura. O de la comunicación. O

Feliz domingo.

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