12.12.12

Tuesday.


La gente es amable en NY.

En un parque de Chinatown varios ancianos juegan al xiang qi, hay música, mucha vida y color.
La cristalera del Cipriani´s del Soho relucía al sol de la mañana de diciembre, me apetecía una foto ahí. Salió el sonriente maître y no sólo me fotografió delante del establecimiento sino que me invito a entrar y casi hace un reportaje para Hola. A esas horas el local estaba aún sin público y los camareros me saludaron en una mezcla de italiano, inglés y un sonoro adiós al salir. Que majos.



El árbol de Navidad de Rokefeller Center, una tradición, brillaba en la dulce e insólita cálida noche de diciembre. Abajo, en la pista helada chocaban un número indeterminado de torpes pero entusiastas patinadores. Las familias de turistas, las parejas, los tríos, los seres humanos se fotografiaban sin cesar. Con mis cortos brazos y el iPhone quise sacarme a mí mismo y la pantalla de devolvía una inmensa nariz, una broma. Entre el gentío apareció un fornido y sonriente joven que tendió su mano, tomo el teléfono, enfoco y me regalo  la mejor fotografía que llevo de NY. Le di las thank you mientras despejaba de mi cabeza la visión del joven corriendo entre la gente y yo despidiéndome para siempre de mi  teléfono, que mal pensado soy y que simpático ese chaval.

Son amables.


  
Estaba dudando dentro de los interminable pasillos del subway, ya no sabía si tenía que ir uptown o downtown cuando apareció el ángel, era joven, era rubia, era bella y casi hablaba mi idioma. Me refiero a la poesía, a la música, a lo hermoso que es vivir y lo sé porque hablamos durante el trayecto, tomamos un  abundante brunch cerca de Bryant Park, entramos al museo Guggenheim y me enseñó su  Rothko preferido y su Kandinsky para después, a pesar de la notable diferencia de edad, cuando paseábamos por Central Park me beso, llorando sobre el Imagine frente al edifico Dakota, un cielo. Tomamos un taxi amarillo como mi deseo, atravesamos la ciudad y entramos con premura a mi hotel, nos amamos con lentitud, con urgencia, con dulzura, con rudeza, nos acariciamos, nos empujamos, nos acoplamos, un milagro. Se fue sonriente, muy. Son amables en NY, por todo incluido solo me cobró 175 dólares y me hizo la correspondiente factura. A qué son increíbles? 

La gente es muy amable en NY.



3 comentarios :

bixen dijo...

Jejé, recuerda que lo barato sale más caro. Cuando oigo esta frase me sale siempre una sonrisa, porque mire por donde la mire, siempre es verdad; o viceversa!
Como dicen los 'arrantzales' en Hondarribia: "Esto sólo pasa aquí y en Nueva York!". (Imagino que en otros lugares dicen lo mismo).

Pedro dijo...

bixen ¿ya te has fijado en la tercera foto de hoy?, está tomada después del Sandy, un submarinista revisando el metro, qué cosas.

bixen dijo...

La próxima vez te aconsejo lo contrario; ya te joderé, Cocodrilo Dundee!

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