6.10.12

Me ha leído el pensamiento

05.10.12 - 18:51 - 
Apretaba la carpeta con tanta fuerza que cuando quiso dejarla sobre la mesa costó que se desprendiera de la mano. "Me han echado". 27 años en la empresa y le enseñaban la puerta. Una escena cada vez más habitual. Pero en este caso mi amigo venía con una rabia añadida. No haberle dado con la carpeta en toda la jeta al jefe que le había mandado al paro. No por el hecho, o no solo, sino por el añadido. La frase. La maldita frase. "Deberías escribir sobre eso", me dijo mientras meditaba cómo contarlo en casa. Sé que lo soltó sin pensar. Que da igual que lo escriba. Porque él seguirá en el paro. Pero tenía razón. Por eso tecleo estas líneas. En la lista de las frases odiosas, hay una que debería figurar en los primeros puestos. Quizá solo superada por la patética "no eres tú soy yo" o la temida por todo corazón enamorado que dice "te quiero, pero como un hermano". Claro que las mencionadas, a diferencia de la que nos ocupa, son propias de los tiempos de acné. Mientras que ésta no tiene fecha de caducidad. Es esa que dice "no es nada personal".
Seguro que todos tenemos una lista de frases odiosas. Pero no me negarán que ésta, es la suma de todas. Quien se justifica es por algo. La sinceridad no necesita ondear en mástiles tan vulgares. Pero ante todo es un insulto a la inteligencia. Solo faltaba que, además de darte una patada en la entrepierna laboral, te digan que es por tu cara de panoli. Quienes la han escuchado alguna vez me entenderán. Y me temo que en estos tiempos el grupo debe de ser más grande que la lista de chanchullos de Urdangarin y compañía. Es como si, además de darte la estocada en lo profesional te perdonaran la puntilla. "Venga, para que no se diga que no te aprecio te indulto. Y vete a ver si te curan las heridas antes de que la casques". Y tú te dices, a cascarla se podría ir él. O ella. Que en esto de dar y recibir palmadas, entre sopapo y sopapo, lo del género da igual. Puede que piensen que exagero. Que es una mera formalidad fruto de estos tiempos de buen rollete. Pero no me vale. Esa frase resume cómo estamos y por qué. Inmersos en una crisis económica y lo que es peor, de sistema. Hemos permitido que a base de buenas palabras nos entren en casa, vacíen la despensa y se larguen llevándose hasta las sobras. Gente sin escrúpulos que ha especulado con algo peor que el dinero. Han sacudido un sistema que ahora se descubre frágil e incierto. Y el resultado es un futuro que se presenta tan lejano como el vencimiento de una hipoteca. Eterno. Y en este fango, que cubre hasta los bolsillos pero aprieta en el cuello, aparecen los adalides de la cordialidad y el amor al prójimo y te sueltan, de sopetón y sin anestesia, que te den pero, ojo, no es nada personal. "Son solo negocios". Por suerte, algunos recogemos la expresión y la aparcamos. Otros, por obra y gracia de los visionarios del monopoly mundial, la reciben como si de la extremaunción se tratara. Por eso me cabrea. Porque especulan con personas.
En ese mundo vivimos. Una especie de Barrio Sésamo en el que no te puedes fiar ni del erizo rosa. Porque, entre abrazo y abrazo te birla la cartera y te echa del barrio con una púa en el culo. Uno preferiría que, puestos a anular un acuerdo, desestimar una oferta o recibir el finiquito, se utilizaran las palabras justas. Un sincero "no nos interesa", un esperanzador "otra vez será" o el correcto "gracias por todo" bastarían. Si realmente no es nada personal, sobra recordar que hablamos de negocios. Porque, si no fuera por las alubias y el techo familiar, al del buen rollete, según abría la boca le iban a entrar, uno a uno, los currículum de todos y cada uno de los parados que arrastra el G-20 y alrededores. Y de postre, la lista de frases odiosas escritas a dos tintas y en papel de lija. La culpa la tenemos nosotros por permitir que estos tipos medraran. Listos sin escrúpulos y sin puñetera idea, de lo que tienen entre manos. Charlatanes de medio pelo con diplomas en inglés y tarjetas con cargos más largos que el Quijote. Gente que aprovecha la crisis para aniquilar empresas mientras juguetea con el iPhone. Tras ese "nada personal" se esconde una nueva forma de dirigir empresas. Esa que desprecia el viejo estilo consistente en crear y se dedica a objetivos cortoplacistas que salven sus carteras y culos. Y si vienen mal dadas y no hay sopa para todos, para qué buscar soluciones si es más fácil largarlos con un "son negocios". Y en ese largar, últimamente, van incluidos quienes levantaron la empresa y, ¡oh error!, ficharon a esos lumbreras. Hace tiempo que el lobo ha entrado en casa y sopla desde dentro. Si alguna vez leen en esta columna o escuchan de mi boca una frase similar, tienen permiso para echarme del pueblo, de por vida y sin derecho a perdón. Hasta ahí podríamos llegar.

2 comentarios :

cristal00k dijo...

Pues sí, nos lo ha leído y literalmente...

Pedro dijo...

cristal00k a mi ex consejero delegado, representante aquí de la multinacional del mundo mundial a la que he pertenecido durante 27 añitos le he escrito hoy una carta que no leerá, que no pasará el filtro de sus secretarias, pero me he quedado a gusto diciendo lo justo. Qué gentuza.
Lástima que he entrado en un paz y amor de ommmm que quiero que me dure para decirles esas cuatro cosas más fuertes, aunque sus madres no tengan la culpa.

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