14.6.12

Jane Smiley.

Indudablemente, leíamos por todas las razones erróneas: evasión, placer, evitación de responsabilidades y contacto humano. Leíamos porque era divertido y fácil y porque no estábamos supervisados. Leíamos para encontrar las compañías que congeniaran con nosotros más que las de nuestro entorno. Queríamos llenar nuestras cabezas con sinsentidos y desconectar de consideraciones prácticas. No éramos, muy probablemente, niños atléticos o útiles. Rechazábamos ayudar en casa o salir fuera a jugar. No teníamos muy buenas maneras, pues de numerosas formas leer libros va dejando aparte las buenas maneras. No teníamos buenos hábitos de sueño, pues si los hubiésemos tenido no hubiéramos leído bajo los edredones con una linterna ni hubiéramos levantado el libro hacia la luna que brillaba a través de la ventana arruinándonos los ojos. Leíamos porque teníamos dos vidas, una vida interior y una vida exterior, y ambas eran igualmente importantes y vividas para nosotros.
(13 maneras de mirar a la novela. Jane Smiley. )


Busqué refugio, me acurruqué sobre la paja seca, cantaban las lechuzas, palpitaba la tierra. Cuando se acercó aquel animal imaginario, sentí sus jadeos, toqué su lomo tibio, me miró con ojos de niebla, se perdían en el lodo sus pisadas. Traté de seguir sus huellas transparentes, desapareció entre los abetos, supe que era una premonición. Desperté y sólo estaba el dolor.



1 comentarios :

Maria dijo...

La música amansa las fieras, o eso dicen...

Un beso.

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