26.9.11

Paseo por la memoria de un desmemoriado tartamudo.




En el coto de la mente.

En las vedadas aguas cristalinas
del exclusivo coto de la mente,
un buen día nadar como un delfín,
guardando tras un alto promontorio
la ropa protectora pieza a pieza,
en tanto entre las ondas transparentes,
sumergido por vez primera a fondo
sin pensar nunca que al retorno en fin
al borde de la firme superficie,
el invisible dueño del paraje
la ropa alce furiosos para siempre
y cuán desguarnecido quede allí,
aquel que los arneses despojóse,
para con premeditación nadar,
entre sedosas aguas, pero ajenas,
sin pez siquiera ser, ni pastor menos.

Carlos Germán Belli


Qué revuelo, parece ser que los neutrinos viajan más deprisa que los fotones aunque Einstein no está de acuerdo y proclame que todo es relativo, lo que es relativo a uno mismo puede confundirse con egoísmo aunque seas desprendido y audaz, por eso quiero recordar con intermitencias ese momento, esa frase, nos quitamos la ropa, ahora que siento alacranes paseando por la columna vertebral de la nostalgia, salen de la sentina del alma y no me dejan dormir en un descanso de la fiesta, uno más uno nunca es uno, lo digan los físicos del experimento Ópera o el porquero, dejémonos de fatalidades y amarguras, hagan crack los mercados o los mercaderes, con regocijo acabo de enterrar la trascendencia, sí, el espejo y yo sabemos que queda poco del atleta y nada del filósofo, pero ella decía esa frase y me hacía pensar en la vida, olvidar la muerte, resignarme a no tener parecido con Orestes, ser el poeta que canta mientras arden las ciudades y sabemos que el paraíso terrenal está aquí al lado, al otro lado de la valla con grafitis y yonquis acostados, también está el infierno, el cielo es un invento de monjas alucinadas y sumos sacerdotes con espadas y torturas, papel de plata para los chinitos y niños negros con una ranura en la frente, que no, que no, que el firmamento está tan lejos, con liebres, osas y carros, constelaciones para las noches de agosto, lejos de la luminosidad que deja ver lo que deja ver, nada entre tanto todo, que nos quitábamos la ropa, ay amor, y el abrazo hacía arder las cortinas, temblaban las persianas y nosotros, ella y el zahorí, ahogándose en suspiros y dulzura, esforzándose en contradecir al Laboratorio Nacional del Gran Sasso, bajo los Apeninos, por muy rápido que viajen los neutrinos ellos, nosotros, el zahorí y ella, llegaban antes que nadie al éxtasis. 



Al menos es lo que he recordado en este momento de lucidez.       

4 comentarios :

Magnolio dijo...

Tampoco, creo, es tan importante lo del orden de llegada.

Mientras el zahorí, los neutrinos (qué bonitos nombres) nosotros y ella, recuerden el éxtasis... ni tan mal ¿no?

Pedro dijo...

Magnolio, los neutrinos van tan a la carrera que apenas tienen memoria, los zahorís tienden a la desmemoria, ella nunca es Ella, el orden de los factores sí altera el producto (y de qué manera), llegar es un privilegio (que se lo pregunten a), un lujo a veces, salir es lo de todos, salimos a mogollón, como Woodys alterados, alelándonos según pasan los días, años, ¿quién soy?, ¿dónde voy? vengo desde tus brazos… etc.

Mayte dijo...

Desde la ilusión vengo...desde la perdida de memoria me voy, pero siempre disfruto de cada palabra unidas, en ella que no es ella, en neutrinos y zahorís...encontrados y perdidos.

Besos, Pedro.

Pedro dijo...

Mayte, sirva la presente para agradecerte de todo corazón tus comentarios, siempre originales, atentos y, sobre todo, llenos de cariño.
Los aprecio profundamente. Un beso, guapa (y doy fe que lo eres)

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