10.3.11

There Ain’t No Such Thing As A Free Lunch!

 
Parker no sabe si lo dijo Robert A. Heinlein, o si Arthur C. Clarke dijo aquello del silencio es oro y otras frases así que dicen lo que dicen, ni una palabra más ni una menos. 

Marie vive alejada del mundo, en otro mundo, en su mundo. Nadie ha dicho qué mundo es el único mundo, cada uno tiene el suyo. 

Así cuando su mundo y el de Parker se cruzan puede suceder una explosión galáctica o una lenta deriva de astros en un universo infinito. 

Sucede que Marie es una señora y Parker casi un señor, no son planetas, son personas, con sus características, sus cosas, sus órbitas, sus propias derivas. 

Sin necesidad de catalejos o centros astronómicos de exploración, Parker ve a Marie, se recrea en sus movimientos lentos, elegantes, sinuosos, en su voz contándole galaxias o que ha subido el precio del pan. 

Tendríamos que remontarnos a “Los propios dioses” de Asimov para encontrar asteroides, satélites, especiales naves espaciales que den más vueltas que Parker alrededor de esa mujer. 

Sí, es cierto, ella sabe que antes que Parker nadie le había escrito historias circulares de magos y poetas, de colibrís y alegres danzarines pero también sabe que tampoco nadie le había proporcionado a él dulzuras como las suyas. Cultura versus dulzura, intercambio de intangibles.

Y aquí están, amigos, Marie jugando al criquet con posturas y ademanes, Parker buscando acólitos por los inhóspitos polígonos, hablando que si sí, que si no, lejos, cerca, ay, qué saben ellos, pobres, las comidas gratis no existen.


Después de cientos de miles de millones de años, pensó de súbito en sí mismo como Ames. No la combinación de longitudes de ondas que a través de todo el universo era ahora el equivalente de Ames, sino el sonido en sí. Una clara memoria trajo las ondas sonoras que él no escuchó ni podía escuchar.

Su nuevo proyecto le aguzaba sus recuerdos más allá de lo usualmente recordable. Registró el vórtice energético que constituía la suma de su individualidad y las líneas de fuerza se extendieron más allá de las estrellas.

La señal de respuesta de Brock llegó.

Con seguridad, pensó Ames, él podía decírselo a Brock. Sin duda, podría hablar con cualquiera.

Los modelos fluctuantes de energía enviados por Brock, comunicaron:

—¿Vienes, Ames?
—Naturalmente.
—¿Tomarás parte en el torneo?
—¡Sí! —Las líneas de fuerza de Ames fluctuaron irregularmente—. Pensé en una forma artística completamente nueva. Algo realmente insólito.
—¡Qué despilfarro de esfuerzo! ¿Cómo puedes creer que una nueva variante pueda ser concebida tras doscientos mil millones de años? Nada puede haber que sea nuevo.

Isaac Asimov

6 comentarios :

Anónimo dijo...

Muy bello...

Eli dijo...

Tu mirada es luz viceversada. Un abrazo a tus dos patrias, nudos del alma.

Joselu dijo...

De los intangibles me quedo con la dulzura. Los robots de Asimov nacieron cultos pero... ¿alguno dulce?. (No me valen los de chocolate)
A mi me parece que en ese intercambio, Parker sale ganando.
A algunos la edad los amarga. A mi me esta haciendo dulce.
Que cosas, Señor.

Anónimo dijo...

:) me encanta
Hechi

gaia07 dijo...

Y sin embargo la luna sigue siendo una cruel amante, Marie y Parker lo saben tan bien como tú.

Un beso

mirada dijo...

Una gozada.
Muuuaaaacks

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