31/10/09

Punto.


Punto 


1. m. Señal de dimensiones pequeñas que por contraste de color o de relieve es perceptible en una superficie.
2. Signo ortográfico (.) con que se indica el fin del sentido gramatical y lógico de un periodo o de una sola oración:
después de punto siempre se escribe mayúscula.
3. Signo ortográfico que se pone sobre la i y la j, y con el que se forma la diéresis (ü).
4. geom. Lugar de una recta, superficie o espacio al que se puede asignar una posición pero que no posee dimensiones:
una secante corta a la circunferencia en dos puntos.
5. Cada una de las puntadas que en las obras de costura se van dando para hacer una labor sobre la tela.
6. Cada una de las diversas maneras de trabar y enlazar entre sí los hilos que forman ciertas telas y tejidos:
punto de cruz.
7. Tipo de tejido que se hace al enlazar con un tipo especial de agujas o por otros sistemas, hilos de lana o algodón:
bufanda de punto.
8. Rotura que se produce en un tejido al soltarse los nudos o lazadas que lo forman:
se te ha hecho un punto en la media al engancharte con la silla.
9. Puntada con que se unen los bordes de un corte o herida:
le dieron cuatro puntos de sutura.
10. mat. Signo que se utiliza para indicar la multiplicación.
11. Unidad con que se computan los tantos obtenidos en un juego o competición, o con que se mide el valor de algo:
ha obtenido siete puntos sobre diez en el examen.
12. Valor que tiene una carta de la baraja o cada una de las caras de un dado:
el as vale diez puntos.
13. Parte por la que sale la tinta en una pluma de escribir.
14. Dolor agudo y de corta duración.
15. Grado de intensidad en una escala:
la tensión ha alcanzado un punto en el que cualquier incidente puede desencadenar una guerra.
16. Sitio, lugar:
recorrieron distintos puntos de la costa.
17. Cosa muy corta, parte mínima de una cosa:
punto de sal.
18. Instante, porción pequeña de tiempo:
llegados a este punto, damos por concluida la sesión.
19. Cada uno de los asuntos o aspectos de que trata algo:
pasemos al siguiente punto del orden del día.
20. Estado perfecto que llega a tomar algo que se elabora al fuego, y p. ext., cualquier otra cosa:
el pan ya está a punto.
21. Temperatura necesaria para que se produzcan determinados fenómenos físicos:
punto de ebullición.
22. Medida longitudinal, duodécima parte de la línea.
23. Hecho o dicho que resulta acertado o favorable:
fue un punto tu idea de invitar a tu hermano a la fiesta.
24. col. Borrachera leve.
25. dos puntos Signo ortográfico (:) que introduce una explicación o enumeración.
26. mat. Signo que se utiliza para indicar la división.
27. punto cardinal Cada uno de los cuatro que dividen el horizonte en otras tantas partes iguales.
28. punto crítico Momento muy difícil:
la marcha de la empresa atraviesa un punto crítico.
29. punto de vista Forma de enfocar cualquier tema:
hay tantos puntos de vista como personas en esta habitación.
30. punto final El que acaba un escrito o una división importante del texto.
31. punto muerto Posición de la caja de cambios de un vehículo en la que no está engranada ninguna marcha.
32. Situación en la que por cualquier motivo no se puede seguir adelante:
las negociaciones han llegado a un punto muerto.
33. punto negro Lugar especialmente peligroso o conflictivo, generalmente referido al tráfico.
34. punto neurálgico Aspecto delicado o de gran importancia:
el punto neurálgico de la negociación son las subidas salariales.
35. puntos suspensivos Signo ortográfico (...) que denota que se ha dejado incompleto el sentido de una oración o cláusula.
36. punto y aparte El que se pone cuando termina el párrafo y el texto continúa en otro renglón.
37. punto y coma Signo ortográfico (;) con que se indica pausa mayor que en la coma y menor que con el punto y seguido.
38. punto y seguido El que se pone cuando termina un periodo y el texto continúa inmediatamente después del punto en el mismo renglón.
39. a punto loc. adj. y adv. Listo, preparado:
el coche ya está a punto para comenzar el viaje. También, en momento oportuno.
40. a punto de loc. prep. Se utiliza para expresar que queda poco para realizar una acción:
estaba a punto de salir de casa cuando sonó el teléfono.
41. a punto de caramelo loc. adj. Preparado o dispuesto para algún fin:
tengo el proyecto a punto de caramelo, solo queda darle los últimos retoques.
42. al punto loc. adv. Rápidamente:
salieron al punto en cuanto se enteraron de la noticia.
43. en punto loc. adv. De forma exacta:
el tren llegó en punto.
44. en su punto loc. adv. [Cosa] en su mayor grado de perfección:
la salsa está en su punto.
45. ganar o perder puntos loc. Ganar o perder prestigio:
con este trabajo he ganado puntos ante los jefes.
46. hasta cierto punto loc. adv. En alguna medida, no del todo:
hasta cierto punto, tiene parte de razón.
47. poner los puntos sobre las íes loc. col. Poner en claro una situación o la forma de hacer algo.
48. punto por punto loc. adv. Con detalle:
repasó la lista de la compra punto por punto.



Punto


El punto es tensión en sí mismo. Es la unidad mínima de la forma. Es abstracto y a la vez es expresado materialmente con una figura circular, pequeña (estereotipo) o con cualquier otra forma que simule su situación.
Puede significar silencio.
Interactúa con otros semejantes y también con la línea y con el plano.


Punto


Objeto geométrico que no tiene dimensión y que se utiliza para indicar una ubicación.


30/10/09

Trujamán.

Aquí descansa el cuerpo,
su alma no:
transeúnte del aire
sigue en vilo.

(José Mª Parreño)




Sé que tú que lees comprendes estas cosas que escribo.
Soy un trujamán que te interpreto.

También tú, un día, caminaste hacia donde empieza el arco iris, te vestiste de ti mismo y la vida empezó, sin tú saberlo, entonces, cuando creías que volvías, ya, cuando no esperabas sino sol, silencio, agua tibia y soledades.

Traduzco emociones que nos duelen.

Lo malo de subir es que la caída – siempre te caes, siempre- retoma al que dejaste, al que no eras, te rompe las piernas, te destroza, te deja inválido, inútil, arrastrándote en tu propio desierto, desamparado...

Me faltan palabras –y tiempo- para seguir llorando.
Sé que lo (te, me) entiendes.














29/10/09

Yodo.



Se acabó la tinta y la incertidumbre, retuerzo el cuello a los alacranes, rompo los cántaros en la ribera de nadie, los mastines lamen mi mano y mis huesos, el futuro es ese albañil que no sonríe, que construye un tiempo diferente debajo de las tejas donde sestea mi inocencia perdida, la constancia, la recompensa del orujo mientras Bilbao navega ahí abajo y el sauce se demora en poetas ensartados en susurros de garzas del Kilimanjaro.

Nada es nada y sólo sé que ella ya no está.





28/10/09

Bromo.



Recibo mensajes en clave, descifro –estoy bien, te quiero- y sé que antes lo ha pintado en las blancas paredes de su alma, que sus dedos hurgaron en mi boca y encontró un país, que nadie antes descerrajó su cuerpo a la inundación de la ternura, que cortó su pelo y su esperanza, que la historia la escriben los que ganan y quedamos enterrados en cenizas hasta el estómago.

Con sal en la lengua recuerdo su infantil aversión a la sangre y a las bicicletas amargas de la plaza.

Los dioses se han empantanado, se ha dormido el viento.




27/10/09

Cloro.



Recordé los consejos, las enseñanzas como tatuajes en la ceguera, las banderas temblando con heridas emboscadas en deberes y fortunas, deshojadas en contar hasta tres.

Quise volver a la victoria de cadáveres, peces boqueando sobre los mapas y números temblando en lo oscuro. Tenía una estrella bordada en la bocamanga. Tenía también un abismo y hambre, un nombre y un sol dolorido.

Luego se fue la luz y no tuve nada.






26/10/09

Flúor.



El índice apuntaba al futuro y el cielo se llenó de ángeles embozados justo cuando aliviaba las cicatrices de las olas.

Tanteo el idioma, los abrazos resignados, un poema que no lo es y los días se cierran como un párpado amarillo sobre las migajas de aquello, del pájaro clavado en el abedul, del zorro que vi con Elena, de los secretos que guardé en el puente, del cementerio de grúas, de la fotografía del salto acrobático en Laga.

Y no aparece el augur.






25/10/09

La mirada del gladiador.

A LA DERIVA

El conflicto es mi única verdad, la memoria una sombra que me guía.

Más allá de este bípedo ideal necesito desorden, carne asombrada, dulce adrenalina.

Aceptaré que nos encaminamos hacia ese sitio ajeno del que huimos para poder equivocarme mientras tanto.

Es mía esta palabra a la deriva.

Erika Martinez



Al momento de verme sentenció “eres neurótico obsesivo”. Como quién dice eres rubio, o alegre, como yo digo terminal server o SQL. Y era cierto. Con todo, tras escalar dos miradas, la simpatía fue mutua. Después llegaron las confidencias en bares que ya no, en territorios de remeros, hombres de mar ajenos a mujeres terrenales. Era el tiempo de la aceptación, los escritos como una alfombra donde nos sentábamos para buscar el encaje entre Lima y el Estambul que vendría mucho después. Um, um, eoé.


Un día me enseñó tres fotografías, escogí la D. Con ingenuidad colaboré en el ascenso al territorio de la nada. En la caída –ay- di una opinión, improcedente, desafortunada quizás. Hube de pagar por ello con un muro de doce metros de altura. El resto ya no tiene importancia, muevo las manos y oculto cartas, nada por aquí, nada por allá, no cuento esto, aquello, disimulo que me parece injustificado, el dolor. Me miento, sí tiene importancia -por eso lo escribo ahora-, me parece injusto, desproporcionado, absurdo, impropio de una persona como ella –quizás me está leyendo-, sí que me duele. Craskk, aum.


Rescato esta historia de un cuaderno con tapas color naranja que encuentro debajo de la carpeta de los recortes. Es algo antiguo, muerto. Es lo que dejo hoy, en esta lluviosa mañana de domingo, antes que empiece el invierno. Y tantas otras cosas.

Flotando en los versos cumple un año.




24/10/09

Pérdida.

La sorpresa es un afecto y por ello un efecto. Podemos pensar que la sorpresa es la emergencia de algo cuando nada se esperaba, pero la sorpresa verdadera, la sorpresa en sentido analítico, se produce sobre el fondo de lo esperado, de lo esperado a nivel del inconsciente. Si consideramos al inconsciente como una escritura, originando con ello los cuatro modos lógicos que conocemos, si calificamos algo como posible, estamos diciendo que su acontecer no nos sorprenderá. En efecto, lo posible no sorprende: sorprende lo que adviene, como contingencia, sobre el fondo de lo imposible. O sea, que sólo hay contingencia porque hay imposible y al revés, teniendo claro que la contingencia queda del lado del acontecimiento, mientras que la sorpresa es del sujeto. ( J. Antonio Naranjo)


Uno, un día, quizás, se pierde en un recodo y descubre otro universo.
Allí hay más vida, diferente, nueva, con colores del verde al añil, con tanta dicha que respirar es un ejercicio divertido, con un placer tan intenso que lo eterno es corto, el cielo, pequeño, el ahora, un siempre desmedido.
Quién se perdió lo sabe.


Quién se perdió sabe que el regreso a la realidad es duro.

23/10/09

Meta.

La identidad proporciona, entre otras cosas, una fuente más de valor, una que nos ayuda a encontrar un camino entre esas opciones. Adoptar una identidad, hacerla mía, es verla como el factor que estructura mi camino en la vida. (La ética de la identidad - Kwame Anthony Appiah )

A uno le nacen.
Más o menos.
Le educan.
Vive.
Crece.
Si sabe, se deseduca.
Si no, sigue por la senda, sin sorpresa, sin mirar tras los setos del camino, ajeno a zarzas y canto de ruiseñores y mirlos.
Uno es como debe ser y camina hacia ser quién es.
Conseguirlo está sujeto a azares y veleidades, a tormentas del destino y a la brisa de otras playas.
El camino está ahí.
Y el caminante.
Queda seguir, sin detenerse apenas, sin mirar atrás, por las nostalgias que pesan, por los lobos que aúllan tras los cerros.
Llegar es la meta, pero ¿dónde?



22/10/09

Zanzíbar.

Dulce soñar y dulce congojarme,
cuando estaba soñando que soñaba;
dulce gozar con lo que me engañaba,
si un poco más durara el engañarme;

dulce no estar en mí, que figurarme
podía cuanto bien yo deseaba;
dulce placer, aunque me importunaba
que alguna vez llegaba a despertarme:

¡oh sueño, cuánto más leve y sabroso
me fueras si vinieras tan pesado
que asentaras en mí con más reposo!

Durmiendo, en fin, fui bienaventurado,
y es justo en la mentira ser dichoso
quien siempre en la verdad fue desdichado

( Juan Boscan -1490-1 542-)


Me he pasado el día junto al faro tratando de terminar el capítulo de hoy.
He escrito y escrito.
No me gustaba, nada.
Al volver a la habitación, sobre la cama, con una tijera de las uñas he cortado en finas tiras, uno tras otro, los papeles de los apuntes y los he dejado volar con el viento de poniente.

Ahora, sentado en la puerta de la pensión me bebo el crepúsculo que ha llegado tan pronto.
No quiero pensar en la vuelta, la tortuosa carretera de Nungwi a Zanzíbar.
Eso será mañana.
Esta es la noche con Liz, la hija del doctor Emerson.



21/10/09

Mar erótico.


En aquel paraje el río formaba un amplio remanso entre rocas, un plácido estanque donde de niños, con 13 o 14 años, nadábamos en agosto. Un atardecer les vi. Un bello espectáculo. El hombre y la mujer nadaban con brazadas sincronizadas, tan lentamente que apenas salpicaban, sus brazos saliendo y entrando en el agua formaban una suave espuma que parecía bailar, el sol declinaba y llenaba la superficie del Ebro de sombras mágicas. Creo que ahí comencé a interesarme de veras por la natación. En septiembre volví con mayor entusiasmo a la piscina, a los entrenamientos.





Pasaron los años, no demasiados, en una película, no recuerdo el título, el hombre y la mujer se abrazaban en una playa inmensa, desierta. Era de noche, la luna iluminaba levemente la arena, se escuchaba el mar. Los dos se juntaban, corrían entre risas, desnudos se lanzaban al agua. En el claroscuro se mezclaban los cuerpos, burbujas, las olas y en un plano fijo sus rostros reflejaban una intensa pasión mientas se amaban.



No contaré las impactantes escenas de Polanski, puro cine de arte y ensayo,.

Tampoco lo de mi novia Elisa que tenía aversión al agua y que el día que quise besarle en un plácido lago casi se desmaya de la impresión. Era especial aquella chica

Bien, seguro que mezclé estos recuerdos en algún lugar de mi cabeza y de ahí me quedó la fantasía de querer hacer el amor en alta mar. Soñaba con ello, me excitaba pensarlo, me demoraba en los preparativos. Tal vez el haber sido tantos años nadador de competición me marcó, el recuerdo de aquellas deportistas con sus trajes de baños ceñidos, con aquellas espaldas en uve, los labios brillantes, me predisponía a ello.




La cuestión es que no he practicado sexo en el mar hasta este verano.
Ya he contado donde estuve de vacaciones y no insistiré en ello.
No he contado con quién estuve pero tampoco importa demasiado.
El caso es que una noche especialmente apasionada, después, le conté mi fantasía a G, lo adorné, lo susurré a su oído.
G nada lo justo pero le pareció bien.






Al día siguiente alquilamos un pequeño bote a motor, no era el Queen Mary pero serviría.
La mar estaba en calma, un farol en proa navegábamos alejándonos de la costa. La temperatura era deliciosa. La luna alumbraba tan cerca que parecía que podíamos llegar a ella de un salto. A los lejos veíamos los pueblos iluminados.
Paramos el bote, nos miramos un poco nerviosos, -aquí- dijimos al unísono.
Nos quitamos la ropa y nos deslizamos al agua.
No era tal y como había imaginado pero nuestros cuerpos desnudos nos hicieron reaccionar. Era una mezcla de deseo, miedo, mantenernos a flote, respirar, besarnos, tocarnos.
Poco a poco fuimos acoplándonos y el abrazo comenzó a funcionar.
Hasta que oímos un chapoteo cercano.
-¿Qué ha sido eso?- preguntó G.
Ahí terminó la magia.
-Habrá sido un pez saltando, no te preocupes-dije.
-Tengo miedo, volvamos- dijo ella.
El bote se había apartado unos metros, nadé en su dirección. Unas nubes ocultaron la luna. Con la oscuridad calculé mal, ya que estaba un poco más lejos que lo que pensaba. G me llamaba -¿Dónde estás?-. Seguí nadando.
Al cabo de varios minutos comprendí que me había perdido y empecé a preocuparme por G ya que no nadaba demasiado bien.
Unos minutos después me preocupé por mí mismo ya que el cansancio y el frío me agarrotaban los brazos...




Obviamente no me ahogué –ya que lo estoy contando- pero he decidido no dar un final a la historia.
Prefiero que tú que lees la imagines. Y, si quieres, me lo cuentes.
Aquel que más se acerque a lo que ocurrió le invito a cenar ¿vale?



20/10/09

Zoom


Quizás el sentimiento es un invento. Ohhh. Igual que el amor. Zasss ¿Se puede inventar el amor? Booom ¿Dónde empieza la frontera del amor con el sexo? Plasss. ¿Queremos disfrazar el deseo de emociones? Chissst ¿Nos engañamos? Cataplum Amor-sexo Clinc ¿se puede suplir el sexo por sentimiento? Hippp ¿Y viceversa? Guauuu ¿La escritura es amargura? Snifff ¿Es terapia? Laralá ¿se inventa? Fuuú ¿se cuenta? tic-tac-tic-tac Yo qué sé. Ayyy


19/10/09

You've lost that lovin' feeling.

Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.

Tiempo de habitaciones separadas.

Luís García Montero

Que no hay otras normas que las que aquí incumplamos.
Que el silencio es una opción tan válida como el exceso, la palabrería.
La imaginación es subjetiva.
El nivel fluctúa, lo mismo te ahogas que el río te llega a los tobillos.
Para nadar se necesita agua, algo más que la que cabe en un balde.
Por eso no.
Quizás no hay que entender, quizás sentir el calor de una mano en el vientre sea suficiente.
La buena voluntad es un lujo individual, como llevar un broche en la pechera, una pluma en el sombrero, un tatuaje en el culo.
Las comparaciones son odiosas.
Y la violencia.
La envidia.
El miedo.
La huida.
Mirar por un agujero y verlo todo negro.
Black is black.
Sobre sexo no hay nada escrito.
Me refiero a gustos.
A mí me gusta y lo escribo.
Aunque prefiero practicarlo.
Prácticamente.
Y aquí me atoro.
Doy vueltas alrededor de la piedra.
Balbuceo.
Silbo.
Disimulo.
Miro al techo.
No los hay.
No hay límites.
Ni esas normas que sirven fuera.
Este es el blog glup 2.0 y los censores están emparedados, como en un cuento de Poe.
Hay tanto por leer, ver, aprender, sentir, que no sé qué rayos hago aquí sentado mientras el mundo, ahí fuera, me llama. Ante la insistencia, abro los brazos y me tiro de cabeza al río de la vida.
Voy.



18/10/09

El mono y mis pulgares.

A veces huyo
por intrincados caminos
construidos de palabras,
que me llevan
a los páramos de nadie.
Durante breves momentos
siendo este precario puente
hacia los otros,
con las palabras
que me crecen como ramas
en la boca,
y me sacan
de mi silueta
de animal desnudo.
Desde esta orilla solitaria
agito mis palabras mínimas
como banderas blancas
entregadas a un sueño,
y por algún tiempo
logro fugarme
en las palabras,
hermosas.

Carmen Matute 


El mono de mi casa toca el piano. Muy bien, como Oscar Peterson más o menos. Me mira con gesto autosuficiente. Estoy aburrido de él, le tengo manía. No sabe que en otras artes, aficiones o actividades, somos muy parecidos. Quizás tiene más pelo que yo. Y es más atractivo. Concedo que un poco más listo. Pero no tiene pulgares. Tampoco se sabe aquello de Lea, Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín. Hay cosas que se aprenden así de bien. Como lo de serafines, querubines, tronos, dominaciones, virtudes, potestades, principados, arcángeles, ángeles. O lo de odio, olvido, infidelidad, herejía, apostasía, desesperación y presunción. Es posible que me deje algo. Pero escucho su interpretación del Concierto para Piano n°3 de Beethoven y me como los hígados. Además Concepción le sirve las mejores raciones de polenta y de postre le guarda nueces con higos.

Hoy no llueve sobre Bilbao. Bajo mi balcón pasan los corredores de la Milla. Siempre había participado. Siempre es mucho tiempo. El mono de mi casa se ríe. Es malicioso, sabe lo que significa para mí no haber podido correr. Camino por la casa con gesto compungido. Estudio mapas de Alemania, en unos días vuelvo a Berlín. Antes mataré al mono.








17/10/09

Suspicacia en sábado.

No digas que no es posible.
Que ya no tiene solución,
que todo está acabado.
No.
Empieza mañana de nuevo
Y otra vez
Y otra vez

(F. Mayor Zaragoza)




Los sábados nadie lee, vienen menos lectores, se ve que muchos entran solo desde su trabajo y hoy no. Pues no escribo, aunque hace frío me voy a la Rioja a buscar mercados medievales. También huellas de dinosaurios, catedrales góticas, árboles entre la niebla y gallinas descabezadas. De paso quizás me encuentre una sonrisa, que he tenido mejores días.

No viene a cuento, pero hablando esta semana de fidelidad insisto en agradecer a quienes cada día, fielmente, dejan sus amables comentarios en este rincón. Gracias a todos y a todas.*

Digan lo que digan esos comentarios intento contestar con mi mejor ánimo y buen humor. Como cada uno somos de una manera (por suerte), a veces alguno me disturba y dejo palabras doloridas o con un punto amargo o con intentos de ironía.

Pues no, miren ustedes, uno intenta hacerlo lo mejor posible, a veces me vuelvo suspicaz, que este es un blog sin aspiraciones, solo deseo que lean y se diviertan (si alguien piensa, o siente, pues mejor). También que uno está sensible y lo pasa mal con los malentendidos. Además suelo poner unas fotos muy bonitas y música variada. ¿A que sí? Besos a todas y doy la mano a los señores. Majos, más que majos. Ay.



*(Entre nosotros, me encanta que haya más todas que todos.)



16/10/09

Isla de Yeu.

Ahora que ya no soy nada más que obviedad
una anciana que parece no haber conocido
estructura teórica
ahora que he logrado convencer al mundo
de que mi vida no supo
del vacío ni del golpe despiadado
y he construido una historia limpia de intensidad
vuelvo a sonreír ante los ingenuos
como lo hacía aquella muchacha que ya no conozco
segura de la noche y de su poesía.

Juana Bignozzi (Buenos Aires 1937)





El tiempo y la distancia me hurtaron un Bilbao que ya no existe.
En vano lo busco por sus calles transparentes.

Desde aquí, tan lejos, dejo vagar un dedo por el plano que me traje.
Imagino que camino por la alameda Mazarredo con árboles amarillos y Roberto sentado en el borde adolescente de saber que era diferente –nadie recuerda su exilio en Yeu-.
La Gran Vía que recorríamos arriba y abajo, Goyo a mi lado –su viuda era orgullosa y distante-.
Señalo con el índice el Arenal, Iñaki era alto y sonreía bobaliconamente a las chicas que en agosto escuchaban la música de la Banda Municipal –nunca tuvo novia-.
Detengo la mirada sobre el Casco Viejo, la mujer de Jesús se rompió por dentro, tan joven, él nos lo contó entre sollozos en un bar –llevaban dos meses casados-.

Territorio oscuro con tanta muerte y dolor, los que se fueron.

Escribo sin atreverme a abrir la puerta de la habitación de los recuerdos.
Que callen los que no estuvieron, los que no sintieron.

Emborrono paredes con el nombre de los ausente.
Son tantos que me están faltando paredes vacías.
Y me sobran lágrimas.





15/10/09

Al compás del columpio.


Cuando la palabra se convierta en cuerpo
y el cuerpo abra la boca
y diga la palabra que en ella se haya
creado,
abrazaré ese cuerpo
y lo acostaré a mi lado.


Hazi Leskiy.



Amiga mía, un poeta es una mentira, ni siquiera una verdad tendida al viento de la nada. Golpean las ramas del sauce en tu ventana.

No puedes dormir y yo tampoco.

Un poeta no sirve para comérselo, ni para vestirlo en una fiesta, ni para correr demasiado. Nunca dormirá a tu lado cada noche.

Un poeta es un aroma en un plato sin sopa. Él quiere gustarte, meter su cuchara en la humeante olla de tu mente, probarte, saber de tus delirios.

¿A qué saben tus miedos?

Un poeta es una apuesta, la certeza de la pérdida, la distancia entre el temblor y el desamparo, una caricia sobre la sábana del aire.

Estamos tan lejos que no hay medio de locomoción que nos acerque mejor que la palabra. Por eso nos hablamos, rimamos, decimos y seguimos tan separados como entonces, como siempre.

Amiga mía, un poeta es una pérdida de tiempo, un disturbio, un infractor de lo que tú quieres que sea.


Vale, déjalo, tres con las que saques, sigamos meciéndonos en el columpio y la próxima ronda es mía.

(Sabes que lo he escrito para tí)



14/10/09

Postsdam



En Berlín es muy sencillo y rápido desplazarse de un lugar a otro.
Para contrastar con tantas visitas a museos y monumentos, aquel día viajamos en tren hasta Postsdam.
Fue allí pero pudo haber ocurrido en cualquier lugar.

La conferencia de Potsdam fue una reunión llevada a cabo en Potsdam, Alemania (cerca de Berlín) entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945. Los participantes tuvieron lugar en el Palacio Cecilienhof y fueron la Unión Soviética, el Reino Unido y Estados Unidos, los más poderosos de los aliados que derrotaron a las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Los jefes de gobierno de estas tres naciones eran el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Iósif Stalin, el primer ministro Winston Churchill) y el presidente Harry S. Truman, respectivamente.
Stalin, Churchill y Truman (así como Clement Attlee, que sucedió a Churchill tras ganar las elecciones de 1945) habían acordado decidir cómo administrarían Alemania, que se había rendido incondicionalmente nueve semanas antes, el 8 de mayo. Los objetivos de la conferencia también incluían el establecimiento de un orden de posguerra, asuntos relacionados con tratados de paz y el estudio de los efectos de la guerra. (De Wikipedia)



Pasamos la mañana de acá para allá, en tranvía, caminando. Vimos sus palacios, las espléndidas villas, los jardines, los rincones llenos de historia.
Algunas calles estaban llenas de compradores compulsivos, otras calles estaban desiertas, en muchas de sus aceras había ancianas en sillas de ruedas que empujaban jóvenes morenas. Nos sorprendió la cantidad de locales dedicados a las antigüedades. Entramos en lujosas librerías con tentadoras ediciones de libros en incomprensible alemán. Visitamos tiendas de diseño con bellas dependientas. Tomamos cerveza entre ruidosos y altos alemanes. Hacía bastante calor, bebimos muchas cervezas.

A la hora de comer encontramos un hotelito algo apartado del centro. Nos sentamos en la terraza a la sombra de unos tilos y escogimos grillteller altstadt y schweinemedaillons nit pfifferlingen, un delicioso menú, con más cerveza.

Estábamos muy a gusto. Nuestra conversación se volvió fluida y confidencial, teníamos ganas de hablar, de contarnos. Nos descubrimos secretos mutuamente.

Antes de los postres citó un pasaje del libro que estaba leyendo, un párrafo que le había sorprendido.

¿Por qué? ¿Por qué lo que fue hermoso, cuando miramos atrás se nos vuelve quebradizo al saber que ocultaba verdades amargas? ¿Por qué se oscurece el recuerdo de unos años felices de matrimonio cuando nos enteramos de que el otro tuvo un amante durante todo ese tiempo? ¿Acaso porque en semejante situación no se puede ser feliz? Y, sin embargo, ¡éramos felices! A veces un final doloroso hace que el recuerdo traicione la felicidad pasada. A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre. Porque sólo puede tener un final doloroso lo que ya era doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos. Pero un dolor inconsciente e ignorado ¿es dolor? (El lector. Bernhard Schlink)

-¿Qué te parece?-me preguntó, risueña.

-Tiene razón ese Schlink –contesté- la felicidad de un tiempo no está reñida con lo que podamos conocer después. Un tiempo luminoso lo será aunque después todo se oscurezca.

Me miró a los ojos y, sin vacilar, dijo -En estos diez años ¿me has sido infiel alguna vez?

Fue la bebida, estábamos tan a gusto, la comida estaba siendo deliciosa. -¿Y tú a mí?- repliqué confundido.

-He preguntado primero, di, anda –dijo, con gesto mimoso, sonriente

Lo tenía dentro desde hace tiempo. Me dolía. No sabía cómo sacarlo. Acaricié su mano y respondí –Solo dos veces, no fue nada, casi lo había olvidado.

– ¿Os acostasteis dos veces? – se borró su sonrisa, retiró la mano, utilizó su apellido, ni siquiera su nombre -¿Con Aguirre?

No sé cómo pudo saberlo, no fueron dos, fueron más veces. Terminó pronto, cuatro meses, ni siquiera nos hemos vuelto a ver. No dije nada de esto, solo pude añadir –No, no fue lo que te has imaginado…-

Sin dejarme terminar se levantó y se fue con pasos apresurados. Volvimos a Berlín en trenes diferentes. Aquella misma noche se cambió de hotel. Después de tantos años no sé cómo pudo sospecharlo. ¿Qué importancia tiene ya?

Sigo solo, estamos en trámites de separación. Maldita cerveza.




13/10/09

Leyendo el capítulo cuarenta.




En esta hora del crepúsculo cuarenta, rodeado de máscaras, busco tu paraíso vestido de blanco y soledad y la calle se llena de relojes desbocados. Desde que te conocí mi vida es otra. Si no fuera porque tengo tus suspiros colgados de mi oreja diría que lo nuestro está inventado. Añorándote, me he convertido en un caníbal que se come sus propios días mientras preparo bebedizos con corteza de laserpicio para librarme de otros recuerdos. Solo conozco los enigmas, del resto nada sé, estoy atrapado por el cruel manipulador que impaciente mueve las fronteras, tú eres la piedra de Rosetta que descifra mis jeroglíficos de siempre. No me olvides, no me borres, no me dejes sentado en un estante de tu biblioteca. Luchemos, estamos aquí así, para enriquecernos, para ver los días con los ojos nuevos de siempre. Escribirnos ahora es recordar que estamos vivos, anhelar el momento de encontrarnos, disfrutar de este musgo en la garganta, humedad de saber que nos pensamos. Y ahora me doy cuenta que no quiero escribirte sino hablarte, borrar esa sombra triste de tu voz, demostrarte que estoy aquí, que existimos. La historia real camina, respetuosa, por la acera. Las historias que me invento invaden el centro de la calle, esquivando a los carruajes, burlándose de los pasajeros, indiferente a los gestos del guardia de la circulación, con su casco risible, y es inútil que levante los brazos, estas líneas van a parar donde yo quiera y me como la manzana, tu corazón ya me lo he comido, con gusano y todo. Quiero saber de qué oculto pozo de tristeza salieron tus sollozos, de qué negrura brotó tu llanto mientras nos amábamos anoche. Soy culpable por no haber llorado contigo. Quiero yacer en un surco de tu cerebro, ver pasar tus pensamientos, espectador preferente de esos rayos diminutos que te circulan, que te llenan de emociones contrapuestas, ahora ríes, ahora lloras, ahora me dejas en la puerta de un bar, bajo la lluvia, ahora me presentas a tus íntimos enemigos, ahora brincas a mis brazos mientras en el cielo se mueren cincuenta estrellas y un tren descarrila en el jardín desde donde quiero sentirte en cada pálpito, cuando la luna pinte los tejados, cuando sueñe que te sueño y sueño que somos demasiado mayores para morir, otra vez, de amor. Y sin embargo no puedo parar de pensarte, amor, amante, veneno dulce que me corre sin descanso por las venas de las horas.


(dibujo: Luis F. Sanz)

12/10/09

Cerrado el plazo de admisión.(2ª toma)



No sé si estoy harto de mi otro yo, de mi ser intrínseco, de mi cognos volutivo, de mi yo dominante o de mi subconsciente intuitivo, (Forges)

En blanco, sin argumentos, sin un principio, desarmado, cautivo, desalmado. Con tantas colaboraciones he perdido el pulso, el hábito de escribir.
Agradezco, admiro, aplaudo, añoro la magnífica ayuda de:

• Tesa.
• Arantza G.
• Shandy.
• Eva
• Emma Selene Ixchel Iturriaga Sauco.
• Ybris.
• estnoM
• Cris Cabrera.
• Carmen Pascual.
• Mirada de agua.
• Sofía Columela.
• Tempero.
• Gaia 07.
• Esther.
• Magnolio.
• Virgi.
• Joan Mateu.
• Narrador de cuentos.

Hoy, cerrado el plazo de admisión, no tengo palabras para agradecer su aportación.
La verdad es que casi no tengo palabras para nada.
Alguna sí, gracias.



Ha sido un bello proyecto de colaboración, terminó, hay que volver al oficio.
Empiezo varios intentos de cuentos, no sé cómo continuarlos, los rompo. No los rompo. Junto líneas para un poema, deslavazadas, inconexas, las borro. No las borro.
Pero no me callo, no retrocedo, sigo, delante está la sombra del desafío. Me enfrento a ella, al escrito para hoy. Y recuerdo que

1. En Palomares, un recién casado me comentaba que temía quedar impotente por el plutonio. Se tranquilizó al decirle que solo provocaba cáncer de pulmón.




2. Dos pasos atrás de Vasco Núñez de Balboa, contemplo por primera vez las aguas sin mácula del Pacífico.


3. Vi la vacilación en la mano desesperada de Händel a punto de arrojar al fuego el manuscrito tembloroso que inspirará el Mesías.





Alguna de estas historias pude leerlas en los Momentos estelares de la humanidad de Stefan Zweig.
Las cito, ni siquiera sé copiarlas.
Hoy es el día después.




Y así, con estas líneas está pasando el lunes.
Mañana volveré a intentarlo

(Mártires del Compás)
(
Por el interné de la porteadora)



11/10/09

Narrador de cuentos.



Mariona era conocida en un pequeño pueblo de Navarra por su esmero en el arte de la costura, sus vecinos le llevaban a su humilde casa, sábanas, toallas, cortinas y manteles para que les bordara increíbles filigranas.

Tenía dos hijos y enviudó al poco tiempo de nacer Lucas, a su marido Teodoro, lo mató un relámpago una tarde que regresaba de sus tareas del campo.

Mariona, tenía tan sólo una única ilusión, la de que en cada aniversario de sus hijos pudiera ofrecerles un regalo después de que se comieran un delicioso pastel amasado con sus propias manos. Marcaba en el calendario las fechas de sus aniversarios para que los niños contaran los días que faltaban y ansiosos y nerviosos se reían y cuchicheaban sobre el regalo que tanto anhelaban.

Durante todo el año Mariona, guardaba los hilos, botones, tejidos de telas de infinitos colores, cremalleras y retales que le sobraban de cada uno de sus trabajos de costura,
ya que el escaso dinero que ganaba era para poder alimentar a su familia y comprar la leña para los largos y fríos inviernos.

Confeccionaba la ropa de sus hijos y como nunca disponía de cantidades de tejido suficiente para que Sofía o Lucas tuvieran un abriguito de un solo color se las apañaba cosiendo bolsillos de cuadros y mangas de rayas que los niños lucían orgullosos ya que su mamá les cosía el color que ellos elegían.

Sofía cumplía los años en Marzo y Lucas en el mes de Abril, en cada uno de sus aniversarios Mariona consiguió coser un osito, una muñeca, un delantal, una pelota, hasta un disfraz de sapo hizo un año, hasta que a pocos días del aniversario de Sofía se quedó sin poder coser por culpa de un accidente casero que le hirió su mano izquierda con la que bordaba esos maravillosos trabajos.

Mariona se pasaba las noches pensando en el regalo de sus hijos y en sueños cosía hermosos caballos de trapo rellenos de serrín, enormes flores de pétalos multicolores y largos tallos que al despertar se convertían en un agudo dolor en su mano. Era tal su desesperación que llegó a pasar algunas noches en vela intentado imaginar que regalarles y sin conseguirlo se ahogaba en un mudo llanto.

Hasta que la noche anterior al aniversario de Sofía a Mariona se le ocurrió llenar un cántaro con todos los botones de mil formas y colores, que fue guardando durante unos cuántos años para poder ofrecerle un nuevo y emocionante juego a su hija.

“El juego de la piñata”

Tan sólo nos quedará esperar a que la imaginación de Mariona de nuevo se desborde y nos sorprenda con un nuevo regalo para Lucas ya que su mano debe estar en reposo durante más de un mes tras el primer aniversario.



Narrador de cuentos.






10/10/09

Joan Mateu





Me gustaría saber
cómo sonríe tu boca,
como tiemblas al pensar
que alguien te va a besar
y el corazón se desboca.

Quisiera que me contaras
que sientes al coger mi mano
y pasear junto a mi lado
muy pegada a mi costado
una noche de verano

Quiero saber de tus besos,
de tus ilusiones nuevas,
como es tu abrazo y tu risa
cuando te envuelve la brisa...
Como eres cuando te entregas.



Joan Mateu

 




09/10/09

Virgi



Estatua de sal

Llegué hasta la estatua de sal.
Con mi lengua, pertinaz y consecuente, fui desgranando los cubos salados que cubrían su piel.
Así, logré arribar primero hasta un lóbulo. Pudo oírme.
Continué por la nariz. Entre el puente y las cejas abrió los párpados y me miró. No tenía aún ningún reflejo en el iris, pero los ojos brillaban al sol y sentía el ritmo levísimo de su respiración.
También sacó la lengua, rozándola con la mía. Le adiviné unos dientes de roca y ámbar.
Seguí, lenta y parsimoniosamente, por los brazos y las piernas. Saboreaba la sal de su cuerpo, que lo cubría desde siempre. La sal de siglos, que se evaporaba lentamente entre mis labios.
Sentí el bombeo de la sangre que colmaba las arterias. La piel era tersa y húmeda, resplandeciendo en el ocaso.
Me sonrió agradecido.

Cuando hube acabado, quise abrazarlo.
No pude, ahora era yo otra estatua de sal.


Virgi 

(Blog: phoeticblog)




08/10/09

Magnolio.


TE QUIERO



No pongas esa cara de sorpresa, ya sé que lo de la semántica te mosquea, que te cansa mi empeño en tanta precisión cuando te pregunto cómo entendernos si las mismas palabras significan diferente.

Tú lo tienes muy claro. Llevamos juntos veinte años y somos la envidia de los otros, de los que no tienen ganas, de los que no pueden, de los que pueden fuera, pero no dentro de casa. A ti no te ocurre: siempre quieres, siempre puedes. Conmigo.

No, no pienses cosas raras: no te voy a decir que finjo (no soy tan buena actriz), o que voy a dejarte por otro, sólo pensarlo me entran escalofríos, no se me ocurre mejor compañero que tú y hace tiempo comprendí que eso, una buena compañía, es una bendición de los dioses.

Lo que me gustaría es que entendieras esa distancia que tengo que recorrer entre la nada y el seísmo, desde lo que sueño a lo hago. Y el esfuerzo, ese al que mi cuerpo a veces se rebela.

Ahora tu cara es de extrañeza. No tienes ni idea de lo que hablo. Es una de las cosas que me gustan de ti, que no hay fingimiento. Cuando digo esfuerzo hablo de un acto de voluntad y para mí el deseo es ajeno a ella, a cualquier anticipación, a cualquier reflexión previa. Surge. La forma puede variar, pero cuando lo hace tiene un distintivo inconfundible, la conmoción es inmediata. Te sientes sacudida en alguna parte, a veces empieza en el dedo gordo del pie derecho, en los párpados que no se están quietos, en el temblor de los labios que dejas de controlar, que campean por sus fueros, que les dices ¡ya está bien! y ellos ni caso.

Ni caso. Esa es la expresión que no encontraba. ¿Lo ves? Cuando usas las palabras, ellas te ayudan. Son muy agradecidas, las palabras.

¿Te ha quedada clara la diferencia? Venga, no te enfades, ya te he dicho que te quiero.

Magnolio.









07/10/09

Esther


JUGANDO

Cada día,
Congo,
me susurra al oído:

"Voy a decirte una cosa
que nunca antes te he dicho"

Y yo,
cada día,
juego a que es verdad.

Y me asombro,
como si fuese la primera vez.

Esther



06/10/09

Gaia 07



El sol sale al atardecer

Trataba cada día de superar los errores que había cometido, repasando minuciosamente su agenda de suave piel verde y anotando cada detalle. Su marido descansaba a su lado, los niños dormían en sus habitaciones. No se oía ningún ruido.

En los últimos días le obsesionaba que nadie reparara en ella. Vestía con todo el rigor que requería su puesto, traje oscuro de corte masculino femenina pero severa. Su intención era ser y participar como uno más. Intervenía de forma directa y segura. Y convencía. Estaba satisfecha.
Pero cuando volvía a su despacho, algo indefinible, algo que no sabía identificar la hacía notar esa falta de reconocimiento en sus miradas y actitudes, como si tan solo la alimentaran con la posibilidad de ser.

Retornaba a la rutina diaria sin conseguir apartar de la mente tamaña aberración contra su persona a la que no encontraba explicación lógica. Lo que más la molestaba era cómo se tomaba ella misma todo el asunto. Podían ser imaginaciones suyas, y quizás incluso fueran tonterías de mujer, por más que había intentado no dejar que esa parte suya maternal se manifestara, en su interior, allá en el fondo, tenía tanta fuerza que conseguía desestabilizarla emocionalmente. Empezó a considerar la posibilidad de acudir a un profesional.

Todas las noches se rendía al sueño con el objetivo de dejar de traicionarse a si misma, e impedir que esa parte ególatra reapareciera cada vez. Por la mañana, tras la ducha y la puesta en marcha de toda la cocina, iba de habitación en habitación, levantándolos a todos con serenidad, después con ansiedad creciente porque no quería volver a llegar con la hora pegada al culo a la oficina, y a la tercera a voz en grito metiendo prisa y derrochando energía y dialéctica culpabilizadora.

Salía de casa a toda prisa empujando a los niños dentro del coche, con el corazón a mil y discutiendo con ellos. Los dejaba a la puerta del colegio con mil recomendaciones y el “llego tarde” para terminar en cada frase.

Sentada delante de su mesa, jadeando, con el café en la mano y la mirada perdida, dejaba por unos momentos que el silencio la llenara, pero cuando atisbaba la necesidad repentina de huir de allí enseguida ¡ya estamos! rápidamente tomaba el café y se obligaba a sumergirse en la vorágine diaria de llamadas, informes y propuestas.

Sonaba un tintineo dulce y melódico. Su pelo blanco enmarañado por la brisa le acariciaba la cara. La taza de té humeante calentaba su nariz. Miraba arrobada la extensa llanura verde y allá a lo lejos, ya apenas distinguía su contorno, el pico más hermoso del mundo. Su atuendo, demasiados colores para su edad le habían dicho sus nietos, la hacía sentir cómoda y caliente, y también alegre.

Cuando aquél lejano día salió del despacho con el teléfono sonando y la puerta abierta, y dejó en la mesa de su superior un escrito con una sonrisa, le soltó un par de besos y con el bolso al hombro abandonó para siempre aquella jaula dorada que ella se había construido, dejó a alguien cuya historia nunca fue.

Se acabo la parodia de la perfección y el objetivo masculino, se acabó la igualdad de nada.
Su animus descansaba en paz, y solo era activo cuando su feminidad le requería, pero ya nunca más volvería a llevar las riendas de su vida.

Ahora era, receptiva, silenciosa, tranquila, surcando la vida en espiral o por caminos sinuosos, pero jamás en línea recta, parándose en cada detalle, perdiendo tiempo en admirar cada gesto, cada recodo, cada día, solucionando problemas cuando se producían y jamás antes ni después.
Era, y era inmensamente feliz


No soy más… ¡que lo que soy ahora!
Luché… ¡para aprender a no luchar!
Puesto que combatí, ¡podía perder!
Puesto que viví, ¡podía morir!
¡Lloro en el gozo!
Soy feliz en el sufrimiento.
Puesto que muero, puedo vivir.
Me muevo para quedarme quieta.

El Lamento. Maggie
Adición a la perfección. Marion Woodman

PS. Dicen que todo lo femenino tiene el animus interior masculino, y todo lo masculino tiene un ánima interior femenina. El ying y el yang del equilibrio.




05/10/09

Tempero





Voy por la senda del morir más clara
y de toda esperanza me retiro;
que sólo atiendo y miro
adonde todo para,
pues nunca he visto que después viviese
quien no murió primero que muriese.

Lope de Vega

(Égogla a Claudio-EL DESENGAÑO)





La pintura se iba a desconchar

No, no llamen si creen que es la puerta del cielo.
San Pedro no os atendería. Pedro existió, fue mi amo.
Murió hace muchos años. Yo también, pero aún hice por mi cuenta cinco años.
Yo soy Bernardo. Me llevaron a un herrero en mi edad madura, a los diez años. Pedro le dijo a Paco, el herrador, mírale la cara, mírasela bien y hazme un llamador con su rostro.
Yo venía de las piernas de Ella, cuando aún era plumón.
La casa donde vivíamos ya está cerrada. El desconche de la pintura es el gesto más inoportuno de lo que se barrunta. Allí hubo vida, generosidad y estímulo. En la casa, en su patio, alrededor de sus kentias luminosas.
Yo ladraba maduro. Viene el juez, decía Pedro. Ladraba redondo, viene Ella. Ladraba descolocado, y pasaban chicos por la calle. Ladraba y quedaba quieto, llegaba Mauricio y metía las cartas por la ranura de la puerta.
Mauricio me toco cuando era plumón porque era vecino de Ella. Mauricio me sentía quieto y decía desde la calle, hay una de Ella.
Le daba las gracias como quien ladra.
Pedro la creía muerta hasta que llegaba una carta.
Vino Ella conmigo a la casa. Unos meses y se fue. Entonces Pedro me llevó al herrero. Y Ella, ... no sé. No sé adónde se fue.
Ella me rascaba, siempre.
Pedro metía sus cartas entre maderas olorosas. Mis ojos eran tristes.
Bernardo, vendrá, me dijo un día con la convicción de un ladrido. Pero Él no era perro y yo olía de largo las cartas.
No vino. Murió mi amo, Pedro. Y yo supe que la pintura se iba a desconchar.








04/10/09

Sofía Columela.



Ella

Sé de Ella el principio,
su indudable pretensión de atravesarme
con sus manos.

Si me lo permites, el logro fue
sentir esa escasez propia
de quien derrama su sed.

Ella y su tímida orografía.

No nos sirve el final, claro que no.
Duelen los finales por la certidumbre del olvido.

Sé de Ella por su registro, altura,
o avance, todo principio.
Señalo como principio la extensión de todo,
por eso sé qué principio no es.
Alterna Ella distancia y tierra.

Sé que elevas la intersección,
sé que el sustento atravesó el principio.
La cómoda resolución no llega, no existe.

Te llego, impropio nos es el descanso:
sería el final, y de eso no quiero saber.

Sofía Columela

(Blog: Estar al acecho.)







03/10/09

Del otoño y la fidelidad.

Ana María Matute considera que escribir es “siempre una forma de protesta”, no necesariamente política o social, a veces “contra uno mismo”, y también una manera “de decir las cosas que todos sabemos y, si no sabemos, intuimos”




Por si no lo recordaban, ya ha entrado el otoño. Aquí.
Es curioso, en algunos ahí, en cambio, ha entrado la primavera.
A veces, gracias a la técnica aeronáutica, he pasado de estación a estación en unas pocas horas. Débil límite entre ahí y aquí. ¿Será lo mismo? ¿Estaremos en un solo aquí con diferentes estaciones, sensibilidades, lenguas, colores, sabores, razas, etc?

Quise contarlo antes, pero con eso de las colaboraciones lo he ido posponiendo. El sábado pasado estuve invitado en una boda, magnífica, por cierto. Deseo mucha felicidad a los contrayentes.
Todo salió perfecto y fue una reunión hermosa, llena de concordia y momentos agradables. Como curiosidad, durante la ceremonia el oficiante repitió muchas veces la palabra fidelidad. Quizás sea normal -no me invitan a demasiadas bodas, ni siquiera me invitaron a la mía- pero me llamó la atención.

Fidelidad. Eso dio lugar a que durante la cena, antes, después, en algunos grupos se hablase de ello, ser fiel, qué es, como lo entiende cada uno, etc. Felicidad. Fidelidad. Falsedad. Lealtad. Mentiras. Verdades. Esas cosas.
La mayoría asociaba fidelidad con lealtad. Es decir, entre otras cosas, que si tu pareja se acuesta con otra persona debe contártelo al llegar a casa o a la mañana siguiente como muy tarde. (El asesinato de tu pareja, o no, depende ya de cómo te pille en ese momento).

Otros asociaban fidelidad con honradez, confianza, amistad, compañerismo y otras virtudes que adornan a los seres humanos. Es decir que la infidelidad era más cosa de dentro que corporal (aquí me enternecí). Algunos, osados, llegaron a decir que la fidelidad es algo profundo, íntimo, que tiene más que ver con el compromiso adquirido, con lo moral y que no (sólo) tiene que ver con que tu pareja se acueste con otra persona, que también, que, hombre, que sí, pero no solo, vaya, que si es un calentón, un aquí te pillo aquí te mato, que quizás. (En las bodas, con el cava, se miente mucho, incluso se dicen tonterías. Con el cava y con el disimulo).

Muchos no decían ni pío, asentían, movían la cabeza en círculos, guiñaban un ojo, sonreían, se ponían serios, negaban con gestos, estaban ahí, herméticos, sin mojarse. En algunos temas muchos no se mojan nunca. Conozco personas vírgenes de mojadura, nunca han dado una opinión en público, nunca se han significado (conozco a muchos hipócritas). Luego, con la música, nos pusimos a bailar y dejamos el tema, fuimos todos fieles y felices. A las señoras y señoritas les dolían los pies por los tacones y a los señores y señoritos nos apretaba el nudo de la corbata. Alguno quiso saltarse las normas y –que yo sepa- no hubo manera, con lo que seguimos siendo fieles y nos fuimos a la cama, solos o con nuestra lealtad. Ejemplar.


Ah, conclusión: que la única infidelidad -digan lo que digan, con cava o sin ella- es que tu pareja folle (etc) con otro/a y que tú te enteres (aunque seas el último/a en enterarte). Admito opiniones.



(pinturas de PetrusVan Schendel)


02/10/09

Escrito el miércoles.

No digáis de mí que, débil, decliné
los trabajos de mis mayores, y que huí del mar
de las torres que erigimos y las luces que encendimos,
para jugar en casa, como un niño, con papel.

(Stevenson)





Hay días en los que los dedos se me cruzan y no acierto a escribir o resulta que el silencio se aposenta en mis sienes y debo hacerme agujeros en la nuca para que circulen las ideas, para que salgan los sentimientos, para que entre lo que veo con mis ojos y lo que veo no se produzca un violento choque que termine con este simulacro de arte solo para que los días se ajardinen y un operario de pecho inflado alimente con una pequeña regadera las macetas alineadas sobre la repisa de los lunes, el cobijo del alfeizar de los jueves, la fiesta puntual de la mediodía de los viernes, enanos de gorros rojos con gesto malhumorado y tijeras de podar, canciones bajo el manzano, hierba que crece acariciada por insectos melancólicos, la fiera enjaulada junto a la verja rugiendo y lanzando zarpazos al aire de la mañana, una dama bordando en la almena, los agoreros que dicen que lloverá los próximos meses, claro, viene el invierno, así cualquiera acierta, también es fácil acertar que si el BBVA ha reservado 52,5 millones de euros para que sean recibidos a modo de pensión vitalicia por su ya ex consejero delegado José Ignacio Goirigolzarri, jubilado de ese puesto con 56 años, alguien los pagará, alguien dejará de pagar algo básico para su vida, perderá su piso, su empleo, el futuro de sus hijos, sin el más mínimo principio moral, con su norma, su normalidad, sin hacer demagogia aquí, sin sentido, sin que nadie salga a la calle y queme todos los bancos del mundo con esos innombrables dentro, tanta miseria para unos y ese insultante cantidad de dinero para uno, para tantos, tantos chupando, hundiéndonos la vida, políticos blandos, protegiendo su chiringuito, su parcelita, ¿su ideario?, venga ya, ¿qué hago aquí escribiendo estas insensateces?, siguen llegando los diferentes, pasan a nuestro lado, hablan y no les entendemos, ni siquiera les miramos, excepto que estén muy junto a nosotros y nos apartamos, no vayan a tocarnos, no vayan a hacernos algo, algo es nada y nada es pasar los días sin ilusiones, sin aceptarnos ni siquiera en el espejo, sin querernos, no lo entiendo, a cada uno nos toca lo que nos toca y es inútil pedir cambios milagrosos, no hay ventanilla de reclamaciones, no me gusta mi cara, no me gustan mis caderas, no me gusta mi vida, pero ¿qué dices? si no te escuchas ni a ti mismo cómo quieres que te escuche alguien que no existe, no es conformismo es que no hay más, se cambian vidas, cambio mi cuerpo por tu alma, cambio tu juventud por mis músculos, no te cambio mis ganas de vivir aunque me lo pidas de rodillas, me gusta este palíndromo yo soy, desde el fondo de la casa Mayte me dice que si no tengo nada más que decir mejor es que me calle ya, pero hay instantes en los que no me puedo callar y recuerdo que en abril de 1917, Lenin viajaba hacia san Petersburgo en un tren precintado que revolucionaría el siglo XX ¿sabes algo de esto?, ¿no?, pues entra aquí, o entra aquí si quieres saber porqué la indecisión del mariscal Grouchy, en un solo minuto de catástrofe, terminó para siempre con el imperio de Napoleón en el campo de Waterloo, lo que tampoco sabes y te lo digo ahora, es que quedan varias colaboraciones por salir aquí y que saldrán, seguro, excepto que este ordenador o su usuario exploten con todo su contenido y mañana sea una fecha indefinida en la que sigan llegando vuestros poemas y cuentos y amables palabras y todavía espero alguna colaboración más ¿la tuya?, anda, rápido que bajo la persiana, como ahora. Mañana más.





01/10/09

Mirada de agua.


El cántaro de agua.

"El agua de un oasis rodeado de desiertos es más apreciada".


Subir hasta allí era muy costoso, una escalera tras otra, subía o bajaba, ya no sabía en que escalón se encontraba. Abrió una pesada puerta, empujándola con sus dos manos. Ante sus ojos se presentaba una habitación de piedra, en cuyo centro había una mujer postrada sobre un altar de granito. A los pies del altar, un cántaro con agua viva. La luz se reflejaba en el cuerpo vestido de seda blanca, se mezclaba entre sus cabellos negros que reposaban sobre la piedra, no dormía, miraba al horizonte de sus sueños. El hombre se quedó mirando para esa belleza que radiaba toda la habitación, sin atreverse a dar un paso más.

“Entra cubriendo el vacío, estoy descubierta para ti” - una voz invadía sus sentidos. Un miedo envolvía el agujero que sentía dentro de él, su propia oscuridad reinaba dentro.

“Recoge el agua que llevas y lléname de ti” - seguía la voz retumbando dentro de su mente.

Se acercó al cántaro de agua, lo cogió con sus manos y lo entornó sobre el pecho de la mujer, a medida que derramaba el agua, una luz lo llenaba por dentro.

“Suave, mi bien, poco a poco, lléname, no derrames ni una sola gota fuera, toda debe de ser para mí”– eran sus ojos los que hablaban para él.

Por un instante, este hombre sintió caricias que apartaban el miedo que lo envolvía. A medida que llenaba el vacío en el pecho de ella con el agua del cántaro, él se cubría de luz, luz que despertaba las sombras. Sintió ternura y libertad. Sintió crecer dentro un calor que lo empapaba. Deseaba lamer el pecho frío y helado de aquella mujer que le devolvía a la vida. 











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