Glup 2.0


 photo tumblr_ojfw7teKmt1rx0l7qo1_540_zpsxymni51m.png


30.4.09

Sentado en la mitad del jueves.


Estoy sentado en la mitad del jueves, busco lo que no es, las cajas están ordenadas, numeradas, los calendarios se apilan sin eclipses y extiendo los brazos como un profeta para que los días caminen así, paso a paso, sin correr, sin pararse, sin cansancio.

Miro alrededor, fuera, los planetas giran en sus órbitas, sin sobresaltos, tal y como debe ser, no hay noticias del solsticio, ni de la lechuza, el mundo está donde estaba, soy Otro, soy ajeno a lo otro, a la fragilidad, soy lo que me queda por vivir.

Me levanto, me quiero mirar dentro y las murallas rechazan a Josué y a las trompetas, los ejércitos del pudor no me dejan ver (me), hay mil insectos enamorados entre la hierba y el jardinero es un dios malhumorado. Ay, atrevimiento de entrar en el jardín donde cada flor está llena de color, olor, una función estética o aroma de abejas zumbando, girando, sin atreverse a posar el vuelo no vaya a ser qué, no vaya a ser, vuelo constante, círculos en la nada.

Oh, viento rizando la superficie del arroyo de la duda, el hocico de la bestia asoma en el mármol, acaricio la garra del animal que ruge en lo oscuro, pesan los sueños detenidos, pesa el desprecio, el óxido de la promesa no cumplida.



Los poemas de antes eran así

(pulsa arriba, si quieres leerlo)

Ahora los pintores ignoran lo clásico y llenan el Guggeheim de impolutos lienzos inundados de blanco. También los poetas, atrevidos, ignoran la realidad y, en vez de escribir certezas, llenan de absurdos enigmas las paredes donde no hay lugar para la duda, para la cal, donde las escaleras sirven para bajar, para subir, para detenerse, para tapiar los puentes, para saber que al pan, pan y al vino, vino.

Estoy sentado en la mitad de un día que curiosamente es jueves, el aburrimiento se acumula en el marco de la ventana, escucho el fluir de mi alma. A ratos sospecho que soy sordo. Dos jóvenes pelean ensimismados, tenazmente. El deseo dormita sobre la seda negra, el deseo, tan distante como… No se hable más, hoy es jueves y estoy (razonablemente) feliz.

(Ilustraciones: Edgar Mendoza)


29.4.09

El silencio es.

Somos ruido de rosas
(J.M.R.)

Huye el tiempo,
censuro mi voz,
cancelo la caricia,
marchito el gesto.

El silencio es.
No aumenta,
no disminuye,
no lo negocio.

Un centauro galopa,
con cascos negros,
por la insólita pradera
de un sueño de nieve.

Ella monta a su grupa.

El silencio es.


28.4.09

Por no decirlo claro.


Las obediencias del cuerpo:
los muertos –nuestros muertos-
siempre insistiendo, aferrándose a la vida.


(Salvador Oliva)



En la habitación flotaba un olor de fresas germinadas.
De la cocina llegaba la sombra fría del jabalí muerto.
La mariposa se posó sobre el durmiente.

No sin ternura, el verdugo apartó un mechón de cabellos que cubría su frente, afiló las palabras y, erguido, habló durante mucho tiempo en un lenguaje incomprensible.

La tristeza se aposentó sobre los muebles y las flores en el centro de la mesa.

La falta de serenidad asomó su zarpa y estableció un código nuevo, implacable, comenzaba la era del desconcierto.

El idioma como pretexto de la opresión, la voz antigua como arma, la burda comunicación con cien palabras, el ruin engaño.

Y entonces llegó la oscuridad.




27.4.09

Confusión.

Había nacido con zapatos. Rojos, finos, de taco alto,
que fueron la desesperación de todos los que vivimos juntos
en aquel tiempo.
Y en la cara tenía varias dentaduras, y lentes celestes como
el fuego.
Al pasar, por la tarde, parecía el ángel de la devoración con
pie punzó.
Más, en realidad, amó la luz solar. Comía guindas, llevándose
una a cada boca.
Y sentía temor y amor hacia el Maestro Tigre que llegaba
en la noche a buscar doncellas.
Y nunca la eligió.

Marosa di Giorgio (Uruguay, 1932-2004).




(Tú sabes)


Estaba cambiada, el pelo blanco, algo encogida, un caminar más lento.
Pero la reconocí, era Silvia, estaba seguro.
La seguí.
También yo había cambiado, la cojera me impedía alcanzarla, estuve a punto de perderla de vista.
Entró en un edificio de oficinas del centro.
Recordé que ahí tenía Mark el despacho.
Había pasado mucho tiempo pero hay cosas que siguen igual. Paradojas. Somos así.

Ni sé el tiempo que estuve esperando frente al portal.
Por fin salió Silvia.
Del brazo de Mark.
Tantos años dando vueltas a este asunto y mis negros pensamientos se confirmaban.
Seguí a los dos. Reían.
Ahora el corazón me latía fuerte, mi cólera aumentaba.
Estaba decidido a abordarles, a escupirles mi rabia, mi decepción, a insultarles.
Pasó un taxi negro, hicieron una seña, subieron a él y desaparecieron en el tráfico de Trafalgar Square.
Ahí me quedé rumiando mi estupidez, mi orgullo por los suelos.
Así qué ¿esa fue la causa? Ese.

Permítanme que no me extienda.
Lo sé, desde fuera es una historieta demasiado leve.
Pero ustedes me entienden.


26.4.09

Tokonoma



“Cuando la nube al formarse cambia de aspecto, ¿cesa de ser nube? Esta vida no es más que una constante mutación; unidad en la pluralidad; duración en la metamorfosis. Tú, ellas, todas vosotras no sois más que una en mi amor y en mi falta. ¿Has sido, pues, para convencerte para lo que has emprendido tu viaje?” (Goethe)


Linda, esto no lo sabes -¿a qué no?-. Los japoneses son expertos en el arte de la invisibilidad. Tienen una costumbre que consiste en marcar la presencia simbólica del vacío en la casa mediante un minúsculo hueco abierto en la pared. Ese hueco es el tokonoma y puede hacerse con una uña. Basta con raspar un poco la pintura de la pared, el borde de una copa de cristal, y reducirse hasta caber en él. Inténtalo.

El pasillo de mi casa está lleno de tokonomas donde he guardado tu vacío, tu ausencia. Me reduzco y salto de uno a otro, esperando tu regreso.

Oh, junio lejano en mi calendario.


25.4.09

Amistades peligrosas



Tuve un galán que en vez de sonrisas a la mañana sólo dedicaba gruñidos. Despertarse lo ponía de tan mal humor que cruzar palabra era imposible. Había que desayunar en silencio, mirarse poco y rogar que llegara cuando antes el mediodía, para que su reloj biológico lo reconciliara con el mundo. Su tiempo era la noche: después del trabajo se sentía liberado y se volvía encantador, romántico, servicial... otro. Para entonces yo estaba tan cansada (anochecida) que su fervor rendía menos de lo deseable. Lo nuestro era imposible por incompatibilidad lumínica. A mí el día me reciclaba: me levantaba con felicidad de girasol y vocación de campana; para él, en cambio, era un mazazo. La noche traía nuevos desajustes: en mí, las sombras eran la antesala del sueño, un espacio denso, empetrolado, que cargaba con el desgaste de toda la jornada; él, en cambio, pateaba sus ojeras hasta que salía la luna y, sólo entonces, era feliz como un vampiro. Compartíamos, eso sí, algunas tardes muy buenas. (Raquel Garzón)



Resulta que estaba ahí, en alguna parte, apareció por sorpresa.

El resto es esta historia donde están metidos, que les sube y baja, les lleva y apenas pueden dejar de mirarla, tanto les atrae, les atrapa, les ata, les libera, les emociona, les une.

Dice esto y sabe que no es lo que quiere decir porque no tiene palabras para definir el milagro que se ha producido entre ellos, esta mutua atracción que les enfrenta como en un espejo donde se miran y se beben, atónitos que sea así, de toparse con que la vida tuviera este recodo para saber más, para encontrar un misterio que brilla, una verdad, un acertijo, porque… ¿por qué ahora?, ¿por qué a ellos?

Tiene una incertidumbre, ¿hasta cuándo?

Pero mientras se apoyan en las columnas clandestinas, se abren el corazón, se cuentan la vida a chorros, lo más íntimo, lo que nunca antes han contado y se comprenden, se quieren más, se saben, se miran confiados y gozosos, nuevos, otros, amigos, hermanos, agotados de tanto amarse. Se viven.

Aunque en el fondo de su alma tiene miedo de defraudarla, de no llegar, de no saber, de no culminar la faena, como un mal torero al que se le escapa el toro y lo devuelven a los corrales.

Pase lo que pase, no quiere pensar en ello, no ahora, quiere seguir así, sin saber el truco, el engaño del prestidigitador, por qué salen tantos objetos de la chistera, por qué aparece un piano colgado en mitad del escenario, por qué están los dos tan absortos en ellos mismos.

Y sigue la fuga silenciosa.


24.4.09

Desbaratados.




¿Cuál fue la hora que esperamos tanto,

que vino al fin y no reconocimos

y se nos dio para soñar el sueño

que nunca nos había visitado?

(Valente)





Justo ahí, en ese equilibrio sobre una cuerda colgada desde la conciencia de lo que tiene entre los dedos hasta la percepción de poder dejar de percibirlo, baila su ansiedad.

Le encanta que le desbarate, que le agite, que le sacuda, que no le deje dormido, que le sorprenda.
Le encanta incluso que le amenace.
Algún día ella se lo ha escrito y lo ha leído como una broma.
Pero no, le encantaría sentir –también- miedo.

¿Cómo han podido vivir sin conocerse antes?

(Dibujos : Sonia Pulido)


23.4.09

Experimentos divulgativos.

Al salir del espacio me encuentro

En el jardín abandonado de las cantidades,

Y rompo la constancia aparente

Y la conciencia de sí mismas de las causas.

Y tu libro de texto, infinito,

Leo solo, prescindiendo de los hombres;

Libro sin hojas, de salvaje curandero,

Compendio de problemas de enormes raíces.

Osip Mandelshtam


En un ordenador nuevo he intentado la siguiente prueba.
Se introducen dos euros en la ranura destinada a tal efecto.
La máquina realiza una serie de preguntas.
Las contestas una a una, mentalmente, mientras pulsas Ctrl+alt+supr
El PC las contesta, adivinándote.
Veamos unos ejemplos.


El cuadro que hubieras querido pintar:
Autumn Rhythm (1950).-. Pollock


Un libro que te hubiera gustado escribir:

Por supuesto, Rayuela


La música que hubieras compuesto:
La Pasión según San Mateo – J. S. Bach


El nombre de una mujer a la que hayas amado:
¡¡¡Brrrr, zhhhutch, broooommm, plaxxs.!!!



Y la máquina humea, zumba, vibra, chirría, se descompone, se descacharra.
Por eso no me gustan las máquinas.
Y sí, mucho, las señoras.


22.4.09

Una historia de Amor. (3)


Su amiga Sonia se había quedado comprando el pan para los bocadillos. Ella, distraída, apenas prestó atención al anciano que subía a su lado por la escalera. En el primer piso tropezaron. Al viejo se le metió el bastón entre las piernas. Cayeron. El hombre rodó con la cabeza rebotando, una y otra vez, en cada escalón. Ni un grito, solo el sonido seco de la cabeza rompiéndose al golpear la madera. Luego la sangre saliendo debajo de una boina sucia. La sirena de la ambulancia. y hablar con la policía .“No, señor agente, no le conocía, no le había visto en la vida. Ahí, en el suelo, me recordaba a mi abuelo cuando venía del pueblo y se tumbaba para la siesta. Parecía un hombre enfermo. Sí, claro, pasaré por comisaría a prestar declaración”



“¿Qué le ocurriría a este viejo. Seguro que iba borracho. Sí, tu padre, que siempre ha sido un golfo, como tú. No se te ocurra tocarme, tío mierda. ¿Ahora quién paga el entierro?. No, si siempre fastidiando, hasta para morirse. Que no me levantes la mano, ni se te ocurra. Seguro que se tiró, para jodernos más. Quieto ya o te rajo.”



Ay, Sonia, me matas, así, suavecito (seguro que ya no vive aquí).

Ahora yo a ti (seguro que se ha mudado).


FIN.



Había una web llamada “La fábrica de la basura”, dedicada a la literatura sucia (si es que hay algo así). Ni recuerdo la calidad de lo publicado pero sí que había muchas cosas sucias, (aunque para gustos se han hecho los colores).

Nunca había escrito en ese tono, estilo, realismo sucio, como se llame. Intenté para esa página esta “Historia de amor” y me sorprendí a mí mismo. En principio era más cruda, con un lenguaje soez, situaciones... y llena de palabras malsonantes, adecuadas al ambiente que intentaba reflejar. No sé si, a pesar de todo eso, era demasiado light y no me lo publicaron allí, (aunque sí en otra página que prefiero olvidar).

La tenía guardada, ahora la he rescatado, la he dejado más asequible para otros ojos.

Una vez lo leyó una amiga de una amiga (las amigas de mis amigas no son siempre mis amigas) y le llamó horrorizada diciendo que yo era un degenerado, un enfermo, un ser despreciable y que tuviera cuidado conmigo. Un problema y un gran disgusto (o viceversa). Para colmo me costó que borraran mi historia de la dichosa página. Cosas.


21.4.09

Una historia de Amor. (2)



“Me sentaré delante de su portal con unas gafas negras y mi bastón. Tarde o temprano volverá a su casa. Le diré que voy al quinto piso, que me ayude a encontrar la barandilla. No sospechará, ¿quién puede temer a un viejo? Al llegar a su rellano le diré que me he mareado, que me dé un vaso de vino. Me invitará a pasar, ¿quién puede sospechar de un ciego?

Le daré en la cabeza con el bastón. No demasiado fuerte. Pero quiero que sangre. Que se le moje el pelo con la sangre. Que pierda fuerzas para que pueda empujarla hasta la cama. Quiero atarla con mi alambre favorito para que allí pueda, por fin, tocarla y tocarla, gritando solo para mí.
Este frío me destroza las piernas. Y la soledad de esta casa. Las hijas de puta de mis nueras.”



Le parecía extraño, aquella noche no adivinó su sombra. ¿Estaba perdiendo atractivo para él? Frente a la ventana se quitó la ropa despacio, se demoró en el sujetador, sentada en una silla levantó las piernas en un movimiento gimnástico para bajarse y subirse las bragas con lentitud. Miró al patio. Algo no funcionaba. ¿Dónde estaba su vecino? Seguro que era el oficinista, tan atractivo ¿Ya no le gustaba? Le echaba en falta.


"La regaré con vinagre, con aceite, como una ensalada de mujer palpitante. Chuparé todo su cuerpo. Comeré cada esquina, cada herida que regalaré a esa piel que ahora es de otros. Lameré sus lágrimas. Le pondré en la boca una mordaza, ya ha gritado demasiado. Tengo hambre. Y frío”


Asida con fuerza a la cabecera de la cama sentía las manos torpes de Iván estrujándole los pechos, su aliento de cerveza en la nuca.

-“¡Tía, ¿qué miras en la ventana?, estate atenta, coño!” –

Estaba ausente ¿dónde había ido aquel hombre misterioso?



”Decidido, la abordaré. Mi pellejo arderá como antes. No me importa lo que ocurra después. Me importa lo que ocurra cuando empuje su cuerpo, cuando la golpee, cuando la tenga debajo de mis huesos reumáticos. Duele.”



Escuchaba a su jefe, muy lejos -“Señorita, termine de una vez, tenemos que entregar el pedido mañana. ¿Y Vd. quiere que le renovemos el contrato? !Está dormida¡”.

Solo podía pensar en su misterioso vecino.



”Mis hijos vendrán a verme este fin de semana. Debo hacerlo hoy”

(Sigue)



20.4.09

Una historia de Amor. (1)

Los del pueblo le colgaron igual, porque era negro. Su pantalón seguía formando en la entrepierna un bulto ridículo.- (Escupiré sobre vuestra tumba./ Boris Vian)


“Está muy buena. Muchas veces la llamo por teléfono, Sin hablar, jadeando, escuchando sus insultos, esperando una erección.

Desde mi ventana casi puedo tocarla. Cada noche la veo desnudarse, o tocarse, copular con esos greñudos musculosos. Oigo sus jadeos, sus gritos histéricos. Qué provocativa está con esos tangas minúsculos, con esos pechos enormes. En mis erráticos paseos por el barrio, nervioso, nunca logro encontrarla. Paseo por el mercado frente a las estanterías de congelados, por la frutería ¿dónde comprará esta mujer? Si trabaja en el centro es probable que solo vuelva a casa a dormir, a encamarse con los melenudos.

Con mi carné de jubilado recorro la línea de metro una y otra vez. Quiero encontrarla, acercarme a ella aprovechando la aglomeración de las horas punta, restregarme contra sus muslos duros. Quiero sentir que mi sexo está vivo – cosa que dudo -. Quiero invitarla a mi casa y allí recorrer su cuerpo, tocarla con los dedos mojados en miel, en vino, buscar su boca. Quiero que alguien me redima de la decrepitud de mis muchos años, de mi abandono, de mi sexo muerto.”


Podía sentirlo al otro lado del patio, las ventanas interiores están muy cerca y percibía con claridad su silueta inmóvil detrás de las cortinas.

Se sentía observada desde hacía tiempo y esto la excitaba.

¿Quién podría ser? Quizás el mecánico moreno del taller de la esquina (ay, sus grandes manos manchadas de grasa corriendo por su espalda). O aquel otro oficinista trajeado que bajaba la mirada cuando se cruzaban en la cuesta (ay, poseyéndola con decisión y entusiasmo). Podía ser la peluquera de la calle de al lado (ay, pasándole el secador de pelo por el pubis rítmico).

Fuese quien fuese le dedicaba sus mejores coitos, le debía los orgasmos más intensos gracias a su presencia – ausencia.

Estaba segura que algún día lograría saber de quién se trataba.

(Sigue)


19.4.09

Vittorio Gassman.

Desde que te conozco tengo en cuenta la muerte.
Pero lo que presiento no se parece en nada
a la común tristeza. Más bien es certidumbre
de la totalidad de mis días en este
mundo donde he podido encontrarme contigo.

(Juan Antonio González Iglesias)



En el extremo del campo donde no llega el arado brota lo que dije, en el otro extremo germina lo que diré, en la mitad ondean las flores sus banderas de primavera, se entrelazan historias entre los pliegues de otras historias, se confunden en un círculo de hadas los desconsolados de alma y cuerpo, los maestros de aguas y bosques, un recolector ocasional de lirios, Vittorio Gassman hace de sí mismo y un aroma de libertad y cilantro confunde nuestro olfato en mi ciudad abrazada a una ría perezosa, sucia, con peces ciegos y arquitecturas asomadas a su bajamar de barro y sombras de chimeneas.

Una vez más acumulo palabras para decir lo que no me atrevo a decir, no por falta de valor, no, por prudencia. Que a estas alturas me haya convertido en un hombre prudente dice mucho de a qué puerto he arribado en esta larga travesía.

En mi defensa –si es que la necesito- debo decir y digo que glup (2.0) me protegía, esta era una página literaria, tenía esa pretensión, mezclaba lo que sí y lo que no, lo adornaba con una presunta poesía y disfrutaba.

¿Ya no disfrutas con ella?

Imagino que te refieres a la página. Sí disfruto, pero ahora, ay ahora, hay muchos visitantes que me leen la mirada, que entran hasta el fondo de mis ojos, que saben distinguir la fantasía, que hacen equilibrios entre mi realidad y mis fabulaciones, que me ven desnudo y abril es traicionero, todavía no hace tanto calor como para ir con el culo al aire, no es cosa de pillar una pulmonía.

Además este es un ejercicio desmesurado en el que ya he dicho casi todo, o mucho, la maquinaria se repite como un loro, camino por el largo pasillo del pasado, debo imaginar y contar el mañana pero hay una barrera demasiado alta y mis riñones no pueden saltarla.

Aún así rozo con un dedo las paredes de vidrio de este blog, dejo un leve reguero de recuerdos y sangre, de mentiras hermosas y el tiempo se va por las grietas de los días, agosto está ahí mismo y las vacaciones cantan como sirenas en celo.

Vamos para allá.




18.4.09

Kreativ Blogger.


Miroslav B. Dušanić ha tenido la gentileza de incluirme entre sus elegidos para el premio (¿?) llamado Kreativ Blogger

Nunca sé muy bien cuáles son las causas de estas distinciones, ni los presuntos méritos contraídos.

Agradezco el detalle de Miroslav B. Dušanić y reconozco que me gusta el diseño de este Kreativ Blogger.

Pues eso.


17.4.09

El día que murió la música.





Iridiscente en lo más alto de su canto
entre dos luces libre celebra, labra
un elíseo de música en un árbol,
el pájaro burlón, el sinsonte de marzo.

(Vitale)



Me gusta la música, siempre me ha gustado.
No quiero entrar ahora en exponer mi catálogo de preferencias, de gustos. Dejémoslo ahí. Soy coleccionista de música en diferentes soportes. Que recuerde ahora: rollos mecánicos, discos de pizarra, vinilos, diskettes de 5 ¼ y 3 ½, casetes, CD, DVD, MP3, etc.
Los diskettes los tiré a la basura.
De los rollos y los discos de pizarra ni hablo. Me ocupan sitio, se empolvan.
Se estropeó mi reproductor de casetes y no he encontrado piezas en ningún taller. Ahí están las cintas, olvidadas; no las tiro pero no me sirven ya para nada.
Un día dejó de funcionar el sistema de tracción del giradiscos y la tienda donde lo compré había desaparecido hace años, la marca también y nadie me dio ni una pista de dónde repararlo. Mis discos, una pared del salón entera, por orden alfabético, se llenan de olvido, muchos siguen con el plástico, sin abrir, sin escuchar.
El mes pasado entró un virus a mi ordenador y no he sido capaz –ni Nod- de quitarlo, de arrancarlo, adiós, finito, no funciona, toda mi colección de archivos en MP3 perdida, seis años de recopilación. Quiero comprarme otro PC, pero no tengo dinero para eso, ahora.
Por eso me he centrado en mi colección de CD´s. Tengo cientos, miles, perfectamente organizados; me pides un cantante, un grupo, una orquesta y ya, lo encuentro al momento.
Mi equipo de música es un Linn con pantallas Nexus, pre-amplificador de estado sólido Kairn, un reproductor Karik, una amplificador de potencia Klout y un plato Thorens (sí, el estropeado).
Dedico mucho tiempo a escuchar jazz, ópera, grupos de los 60, de los 70, de los 80, sinfonías, sin orden, cambiando, me agradan todos los géneros, folk, canciones brasileñas, italianas, francesas, ritmos suaves, fuertes, solistas, pandereteros, virtuosos de la flauta dulce, del violín, piano, castañuelas, cantaores, los que silban, joteros, rockeros, pop, indie, etc, etc. Mientras escribo, me acompaño con melodías, pianos, baterías y voces, maravilla de la música. No la escucho nunca cuando hago el amor (eufemismo) ya que tarareo las canciones y no me concentro.
Esta mañana me apetecía escuchar a Cecilia Bartoli; coloco el CD y nada, silencio. Se habrá roto- pienso. Cambio a Paolo Conte y tampoco suena. Pruebo con Celentano, nada. Frenético, lo intento con toda mi colección y después de varias horas compruebo que ninguno funciona. Me asomo a la ventana y no se escucha música, solo coches, ruido, gritos, truenos a lo lejos. Llamo a Javi y me llegan sus lamentos. No puedo escuchar mis Cd´s –gime-. Algo ha ocurrido. Veo un bulto pasar por la ventana, me asomo y en el suelo yace el cuerpo del melómano del cuarto, se ha suicidado. De la casa de enfrente se lanza otro aficionado al bel canto, con los brazos en cruz, plaff, se estrella contra los adoquines de la calle. Enciendo la televisión, un programa de cotilleo que se interrumpe para informar de suicidios masivos por ausencia de música, de inexplicable lavado de soportes, de que se han borrado todos los Cd´s del mundo.
Además me he quedado mudo.
Entonces me despierto y ya no llueve.

La idea es buena, pero no tengo tiempo (ni ganas) para desarrollarlo a mi gusto.
Sentado en la cama pienso en cuantas tonterías debo colgar aquí para mantener mi absurdo reto personal del post diario.
Y que paciencia tenéis conmigo.
Gracias, guapas, guapos.

El Cd, soporte para la grabación de datos, fue desarrollado en 1979 por un holandés, Joop Sinjou. Están fabricados con plástico de policarbonato y recubiertos por una delgada capa de aluminio reflectante, donde se graba la información digital. Se complementan además con una película de laca protectora para evitar que la capa de aluminio sufra daños. Los peligros para este soporte de información son: la luz ultravioleta, que altera las propiedades ópticas del policarbonato, el frío, la humedad, y la oxidación que puede afectar a las capas protectoras. El mayor peligro para la duración de los CD son -claro- que surja una tecnología que los mejore y reemplace. Que vendrá. Y pronto.



16.4.09

Canción de la mujer que no canta.


No estoy down, no, no creas a la mano aletargada sobre el candil, ni a la luz que ilumina los mechones del silencio. Escucha al extranjero que maldice entre dientes de plata y ventanas cerradas a la flor del tiempo. Chirrían las bisagras y ella no canta, nunca canta, ni cuando mi aliento toca el musgo de su nuca, ni cuando la soledad se le cuela entre las piernas.

Rumores de poetas transeúntes en el quicio de la catedral, voces habitadas por mentiras y geranios, por perros ciegos, por nostalgias detenidas en la esquina del camino dónde da la vuelta el viento. Ella abre la boca, canta y no me llega su canto, película muda detrás de sus gestos de actriz de un género pasado de moda.

Cierto, no debo suponer sentimientos amorosos allí donde solo hay educación, cortesía y un cuchillo al final de la mano que llevaba el candil, que iluminaba el silencio, que aún palpa los intersticios de la distancia y solo me queda ya rebuscar en la estela del recuerdo y pegar en la pared todas las cosas que de ella me hicieron feliz.

(No todas las mentiras son verdad y por eso me inventé a otro, enamorado. Y estos versos.)


15.4.09

Carta para saber si estás viva.


Esta carta no la guardes, sé egoísta, bórrala, no se la dejes leer a nadie, fugaz, para nosotros, una llamarada, tesoro y fuente, sorpresa, goteo del deseo sin verte, deseo sin tocarte, tocándote, que dices ah y te escucho, que piensas y te huelo, que ves y veo, que te inclinas sobre una mesa (¿ves cómo ves?) y te abrazo desde atrás diciendo, diciendo, acariciándote los muslos sobre la falda, bajo la falda, besándote el cuello, ciñéndome a ti hasta que me dices ven, y vamos, y bajamos las persianas y se hace el día, y nos bebemos hasta la ebriedad de bebernos, de gustarnos, de cabalgarnos, de acariciarnos la espalda, de tenerte entre mis brazos y llegar hasta el cielo, más arriba, donde el aire nos falta y nos besamos, nos llenamos de besos, tanto rato, ven, abre las piernas, que no puedo aguantar más esa mirada, ese temblor, nadie llama, no despertemos, no hay nadie, ven, calla, que me pierdo en tu cuello, en las sienes, en tu pelo rubio, entre la línea que separa, que ya no separa, que nos une y nos duele, que nos hace gozar, que nos invade, que nos lleva a otros mares, que naufragamos, juntos, braceando, sacando la cabeza para respirar, un poco, ahogándonos de dulzura, de rabia, de mordiscos, ay, ven, ponte así, déjame verte, no me toques, espera, ven ¿y dices que no estamos locos? un poco sí ¿no? Y ahora bórralo.



14.4.09

Eslam Drudak.


Motho manque, Rrom! ea, kaja amari phuv,
amare plaja, amare lená, amare umála
Thaj amare vesa?
Kaj amaro the? Kaj amare vesa?
Kaj amaro them? Kaj amaro limóra?
And-e lava tane, amare chibareque

(Eslam Drudak)


Dejar esparcidos en lo blanco excesos verbales que llenen las miradas, vana empresa de tapiar el olvido, ir, volver, envolver, revolver, leer, ver, saber, entender, creer, tener, ser, romper, resolver, retener, creer, hacer, entretener, haber, aparecer, desaparecer, mantener, permanecer, encender, ascender, descender, meter, querer, resolver, poder, que nos vamos pero volvemos, por suerte, que sigue la rutina de no querer ser rutinarios, de permanecer en el verso, menor pero verso, estrofa a estrofa, aún con sonido de trompetas y tambores, el himno nacional, músicas entre lo militar y lo religioso, curiosa mezcla de ejércitos mundanos y divinos, generales y obispos, mezclados, monaguillos y sargentos de gesto altivo, uniformes y capirotes, la guardia civil desfilando, pobres ateos míos de otros tiempos, acurrucados en sus temores a ser descubiertos por los que acusan con dedos implacables, costaleros exhibiendo el sudor de su fe, saetas en la madrugá, vírgenes que lloran puñales, vírgenes que ríen después de la resurrección, respeto a las creencias ajenas, vírgenes que están aburridas de serlo, un demonio colorado pinta los púlpitos con el color del miedo, otro demonio los eleva por encima de las espadañas, los necios aplauden, “al cielo con ella” grita el mayordomo y el paso se eleva, majestuoso, a un cielo con luna llena, qué momento, qué algarabía, qué cantidad de hombres comiendo pipas de girasol con gesto ausente -¡ayyyyy!- grito para no estar callado, para agradecer tanto cariño, por encima de lo obvio, aunque las palabras se nieguen a decir lo que dicen, aunque se acumulen en tropel de emociones difíciles de transmitir, aunque mi acento siga un discurso mimético, no soporto a los poderosos, a los que ensucian el límpido rumor de un arroyo, infracciones como auroras que disfruté solo, reptiles rozándome los muslos, cansancio de no saber ver más allá de mis narices (me han dicho que detrás del azogue hay un mundo por descubrir), puentes sobre el Guadalquivir, cofrades turbios, procesiones en la noche de los tiempos, inquisidores detrás de la celosía, la muerte hecha vida, la palabra en rebeldía, diciendo algo, no sé, una bandera de socorro, una señal, una petición de ayuda, un estremecimiento a veces por esa caricia en la herida, herida de muchos, soledad, ese momento en el que uno se enfrenta a sí mismo, ¿dónde voy?, ¿quién soy?, que hemos vuelto y nada ha cambiado, o todo, calles de Córdoba, el designio clavado en un pared, cicatrices de cuando el mundo era redondo, no sé si recuerdo lo que ocurrió o lo que recuerdo, aquella noche que el deseo fue el preámbulo del veneno, ¿dónde estará aquella amante sumisa a quién tanto amé?, ángeles ciegos señalando aquí y allá con una espada de fuego, disfrutar de las hogueras de la nostalgia, energía de un beso en el callejón del pañuelo, soy un pecador obstinado en pecar, una y otra vez, coches de caballos con turistas impasibles, ingleses con la cara roja, japoneses fotografiando el agua, mujeres tan bellas que los minutos se entretienen en las rejas de los balcones, aromas de azahar, ¿cómo no enamorarse con ese aroma?, la suerte cercándonos, si sale pares te quiero, si sale nones me corto los dedos de la mano izquierda, naranjos en flor, Cristo de los Faroles, cuesta del Bailio, taberna Juramento, barrio San Basilio, ¿a quién le importa?, el AVE te lleva a Sevilla en 40 minutos y, si quieres, te trae de vuelta, ir, volver, ya te digo, semana santa, celebración religiosa, ya te dije, no se lo creen ni ellos, ellos no son nosotros, por fortuna, nosotros es un concepto, no sé quién soy yo como para saber quiénes somos nosotros, pero sé que después de un viaje de contrastes he vuelto y digo que os he añorado, cosa curiosa porque ni siquiera sé quiénes sois vosotros, pero ya me entendéis, espero que hayáis disfrutado estos días, un abrazo.


Cuéntame, gitano, ¿dónde está nuestra tierra,
dónde nuestras montañas, nuestros ríos, nuestros campos
y nuestros bosques?
¿Dónde está nuestra patria? ¿Dónde nuestros sepulcros?
Están en las palabras, dentro de nuestra lengua.

(Traducción del romanó)



9.4.09

Carta del amante crucificado cabeza abajo.

Semana Santa, casi comienza el verano y tú ¿dónde estás?, recuerdo tu cara entre mis manos y se me llenan los dedos del polen de tu sonrisa, apenas quiero hablar para no esparcir mi emoción, la que me produces, esa maravillosa sensación de estar en las nubes, flotando, encantado, suspendido de un cordel anudado en el cielo, con las piernas colgando, moviendo los brazos como un muñeco italiano, pinocho que no dice mentiras, chato, mudo para no cambiar nada, con autorización para ir a las viñas, bailarín sobre el río helado de tus ausencias parisinas, romanas, limeñas, de tu particular sentido de esta pasión, de tus encantos que me atraen como si fueran salmos de ancianos sacerdotes con barba blanca, druidas en la noche tan negra, la madurez de las uvas, la lactancia de las vacas, tu colección de estudiantes en fila, a veces me los imagino formando largas hileras, en un paisaje en gris, como en una vieja película de Murnau, con faroles combados que deforman la luz, con sombras alargadas, hombres con bombín, mujeres con mantillas lúgubres, niños serios que se meten el dedo en la nariz, hembra hermosa, debo escribir a tantas personas que me honran con sus cartas pero no puedo, no quiero, solo te escribo a ti, solo me salen palabras para girar a tu alrededor, como giran los ángeles, solo cabeza y alas, en esa hornacina de Santiago, para envolverte como copos de nieve, Rosebud, esfera con paisaje lunar detenido, pisapapeles con flores secas, cabezas de toros cárdenos colgadas de la pared, cuernos rasgando el pecho azul y femenino de los toreros, puñales que se clavan en la cortina roja de terciopelo, arriba el telón, empieza la función y los actores están dormidos, abajo el telón y una yegua marrón corre por la playa con las crines al viento de levante, sobre él una mujer, que no eres tú, me mira y ríe, me deja ver sus piernas desnudas, me lanza guiños, insinuantes miradas de andaluza, sonidos de sus dedos deslizándose por los belfos del animal, sus pies golpeando las ancas, olé las niñas bonitas, dice el barquero, olé las niñas que no pagan dinero, al barquero, Caronte herido, tapándose un ojo con la mano derecha, la izquierda empuña el remo, de esta tempestad no salimos, olas que salpican a mil peces enterrados, con sus aletas dorsales sobresaliendo en la arena, esperando nuestros pies incautos, preciosa mía, tú y yo sorteando el veneno, saltando como atletas etíopes, como antílopes suicidas sobre las fauces de los leones de la duda, quiéreme amor, quiéreme como si tu brazo pidiera ayuda, el resto de tu cuerpo sumergido en un lago de Escocia, el brazo que empuña la espada de la epopeya, la que deberás extraer de la piedra, la que cortará de un solo tajo el aburrimiento de esperar en un mirador de madera y cristales que reflejan el sol de abril, no, no sabrías esperar, dama inquieta, que estabas ahí, fumando sin parar, abrazada a Miller, viajando a Madrid, a Madrid, volviendo, que habías olvidado la voz ronca de un desconocido atropellando tus oídos, sus manos ásperas recorriéndote, su olor de otro, tu garganta emitiendo suspiros, tu pecho temblando de impaciencia por el que llegará a las once y cuarto, ni un minuto después, esa sensación en la boca del estómago, ese hombre tumbado sobre ti, ochenta kilos inmovilizándote, liberándote, haciéndote ascender a los cielos vestida con una túnica nívea, alrededor música de laúdes, un diablo escondido detrás de la biblioteca, se le ve el rabo, se le ve el tridente, huele a azufre, y esas nubes rojas, como el humo que salía de las chimeneas de la acería cuando soplaban oxígeno en los hornos con el caldo burbujeante, escandalosas nubes venenosas de las que nadie protestaba, como tú que no protestas de mi mirada que te ve como si fueras de cristal, te veo las tripas, te oigo el corazón, te puedo decir cuántas costillas tienes, puedo dibujar tu sexo de memoria, con la mano izquierda, con lápices que no dejen sombras, que iluminen, que rayen el cielo, que dividan, en ese cuarto el paraíso, el limbo el resto, tú y yo un universo a escala, modelo C para armar, lámina recortable como la casa Gaudí, para nuestras tijeras de dulzura, para el pegamento de amarnos como papagayos ensimismados, sin saber siquiera si volamos o ha llegado el crepúsculo y este es otro plano y esas voces es que vienen a prendernos y las antorchas hieren el rostro ingenuo de esas monjas que miran sin saber, sin ver y esos cinco ciegos en fila amarrados con cuerdas de necesidad, tomados del hombro, cae uno caen todos, caen en el pozo donde se entierran los presagios, tiré una piedra y no la escuché llegar al fondo, me tiré yo y me rompí los dos brazos, no puedo abarcarte, no puedo obligarte al beso, tú martillando mi cabeza como un obrero de la construcción haciendo zanjas y laberintos en mi cerebro, estoy así, abierto y expuesto, apuntalando el viernes, temiendo el vacío sin ti hasta el miércoles próximo, oh puente que apenas cruza la distancia, oh puente que no llega hasta allí, bombas sobre mi ciudad vacía, todavía está muy lejos la paz, todavía está el frente de batalla desde el no hasta el quién sabe, kilómetros de alambradas, aviones sobrevolando la Ciudad Jardín, sirenas dando música a las miradas perdidas y recoger los enseres y ponerse a salvo, esto no era pero derivó hacia los cuentos de mi infancia y ¿qué quieres? no se puede detener el rumor de los recuerdos, las tardes junto a mi madre, mirando por la ventana, reviviendo carreras por la calle Aragón, el olor en los refugios, esa flecha se ha clavado cerca de mi corazón y la sangre gotea, plof, plof, dama en la almena, me gustas cuando te vistes de señora, me gustas cuando te desnudas de niña, me gustas cuando me enseñas la diferencia entre un melancólico y un hombre triste, cuando me tiras de la oreja porque olvido un acento, cuando me corriges un porqué, cuando esparces tu pelo por mi espalda, cuando me das aceite entre los dedos de los pies, cuando me afeas que pasee ante ti con la evidencia erecta de mi pasión, mujer salada como el océano en el cuenco de tus manos, mujer palmera llena de pájaros, mujer imán para mis dedos de alfileres, para mi corazón de hierro, para mi cuerpo que se derrite en tu agosto constante, que estaría horas y horas trepando a tus balcones, bajando a tus sótanos, construyendo ladrillo a ladrillo el edificio de pasión y amor que nos cobija, peregrinos de otras vírgenes, romeros a galope entre el polvo del camino que lleva a dónde, refugio de golondrinas perdidas, de escritores franceses a los que ya nadie lee, de filósofos centroeuropeos perdidos en los anaqueles de librerías cerradas al terminar la guerra, no tienes imaginación, o mejor, la usas parcialmente, solo para lo que quieres, para lo que la tienes programada, por eso no quieres fantasear que entras con tu corto vestido de flores en bares llenos de humo y hombres que te rozan al pasar murmurándote vagas obscenidades al oído, yo a tu lado, defendiéndote, por eso no quieres imaginarte en la penumbra, en una cama de sábanas amarillas, con dulces olores de sándalo, con esa mujer que también te acaricia y te besa, se disputa conmigo tu cuerpo trémulo y lleno de ansiedad, ni siquiera sabes que te amaré en todas las posturas y maneras y te aprisionaré, te sujetaré, te haré mía con la rudeza del hombre del camión, y mucho menos consientes en sentirte con los ojos tapados por un pañuelo de seda mientras te despojo de la ropa lentamente y así, tendida, abierta al quizás, notas sobre ti manos que no conoces, olores que no distingues, voces y susurros que se superponen a la mía y quisieras gritar y marcharte si no fuera por esa dulce inquietud que te invade, por ese intensísimo placer que te aprisiona y te anula, y me llamas y te respondo y escuchas otras respiraciones y atrapas mi mano y no puedes hacer otra cosa que sentirte y contener el grito y ya, que llega la fiesta, que calle esa orquesta que quiero soñar, que se abran a la realidad, ahora sí, las puertas del hotel donde llegamos de noche y del que marchamos de madrugada, recepcionista somnoliento, cuarto a oscuras, amor de luz, sábanas mojadas, revueltas, sin mancha, solo la huella de un milagro, palomas saliendo por la ventana, conejos debajo de la cama, ojos detrás de los cuadros, ruidos en el pasillo, gemidos en la habitación de al lado, sonidos sucios en la de arriba, campanas en la iglesia al final de la calle, y volver, de puntillas, entrar en casa antes de que amanezca, shisssst, todos están dormidos, tu olor en mis dedos, tu aroma en mi alma, tu recuerdo fluorescente sentado en el sofá, tu imagen invisible recostada bajo las cortinas y saber que esta noche tampoco podré dormir, insomne, crucificado cabeza abajo por tu recuerdo.





8.4.09

Llueven pájaros y no puedo dejarlo

Nunca sabré de ti,
y eso lo supe
desde el primer encuentro.
Esta certeza tiene tanta fuerza
que es
como si tuviera noticias tuyas
a cada momento.

(Clara Janés)


Llueven pájaros y no puedo dejarlo, mi cabeza se llena de gritos blancos, con el desafío de hablar desde la lógica, la cordura se ha perdido en una carretera a Paterna, los vencejos chillan sobre el coche de línea y los pastores silban a lo lejos. Hay una mujer sentada junto a la gasolinera y desde los camiones, conductores rudos le gritan palabras soeces, ella les sonríe devolviéndoles gestos obscenos. Unos niños pedalean sobres sus bicicletas de sueños. El vendedor de melones tiene un rictus de fastidio. El cielo está lleno de nubes alargadas, quizás llueva, quizás no y entonces podremos perdernos detrás de la pared del cementerio a buscar caracoles o grietas en nuestros cerebros o colores nuevos en la raya donde se juntan los dos mares. No creas que lo viejo no sirve, sirve, sirve cada mirada atemorizada detrás de la valla, cada mirada de miedo, de rabia porque esta no es la tierra de promisión que esperaban. Detrás de cada mirada hay un hombre como yo y aunque lo intento no sé qué puedo hacer para ayudarle y escribo incoherencias y su mirada me persigue en esta ciudad de opulencia donde los pobres están numerados y la vergüenza se ha perdido hace demasiado tiempo. También la decencia siempre que cada muerto solo ha traído lágrimas, palabras de pésame a la viuda, a los huérfanos. Hasta cuándo vamos a vivir sordos, ciegos, sin saber que nos están matando también a nosotros. Ya no sabemos muy bien quienes son ellos, quienes nosotros y cuándo acabará esta sangría sin sentido que nos llena de dolor, de horror, de pánico ante el futuro de esa niña a la que todavía no he bañado -¡¡Voy!! -¿Ves? A ti tampoco te importan mis sueños y, sin embargo, aunque todavía no ha amanecido, llueven pájaros sin descanso.

7.4.09

Llueven pájaros sin descanso



«A fe que debe ser razonable poeta, o yo sé poco de arte».

(Don Quijote)



Llueven pájaros sin descanso y a nadie le importan mis sueños.

Todavía no amanece. S, que me conoc(ía)e, sabe que hablo de estas cosas para no entrar en los bosques de la realidad, para no transitar por este día que me muerde con la crudeza de lo cierto.

A veces escribo cuentos, poemas, mentiras, pero esto es otra cosa, esto es constatar que la felicidad se ha terminado y ya, ella no, ella nunca más, ella adiós. Ya no mañanas plácidas de juegos en el diván, no paseos por el acantilado al atardecer, escondiéndonos, cuando el sol nos regalaba toda una gama de colores que la retina urbana apenas distingue, acostumbrada al humo de los automóviles, a las aglomeraciones, a las manifestaciones con pancartas bordadas a punto de cruz, con consignas crudas, con fotografías de los presos.

Deberé acostumbrarme a sonreír a pesar de estar triste, a fingir que los días son hermosos aunque cada hora sea una losa de aburrimiento, de tensión porque las cifras no salen, los números se rebelan y saltan a los ojos como gallos furiosos, como piedras rodando por las laderas de lo imposible y esto era, esto es vivir, el bostezo, la ansiedad, la angustia de no saber y, para colmo, Carmen también se ha ido y no más tardes de sábanas de luz sobre nuestros cuerpos aún morenos, no más suspiros, jadeos, besos, no más inventar excusas para llegar tarde a casa, no más alegría en este invierno que pasa tan lento, tan frío, tan lluvioso, con tardes muy cortas, rutina de las mismas calles, las mismas conversaciones, huecas. - Si, cielo, ahora voy a bañar a la niña -.


6.4.09

Llueven pájaros en esta orilla.

No quiero contemplar el mundo racionalmente

para que me devuelva la mirada racional;

no quiero ningún equilibrio.

(Imre Kértesz)


Llueven pájaros en esta orilla al otro lado del río de los sueños.
De madrugada salgo dispuesto a cazar un ángel.
Asusto a las diez palomas posadas sobre una cerca.
Rastreo entre los puntos cardinales de las calles vacías en la bruma.
Quiero atrapar esa luz escarpada que rodea a los serafines.
Meto mi pie en el agua fría del río turbio, del río que arrastra el cadáver de los delirios de ahora.
Me envuelve un silencio vegetal pleno de recuerdos, perdedor de batallas entre sábanas, noches, nombres olvidados, anfibios, niñas que nunca serán mujeres a mi lado, silencio y un ramillete de romero.
Insectos con largas patas de hielo me recorren los tobillos.
Las carpas nadan a contracorriente y la soledad corta suspiros con su cuchillo húmedo.
Camino por galerías de musgo, como un explorador que clava banderas negras en la geografía de un cuerpo desnudo.
Camino y miro.


5.4.09

Sunset Drive Suite.



Sunset Drive Suite.

De las pocas mujeres que amé, ninguna tuvo
tatuado el nombre al aire, o el brillo de una alhaja
pendiente del ombligo ni de un labio. Eran tiempos
lacónicos entonces. No había rosas rojas
al sur de alguna espalda, ni brazos con espinas
y cóccix estampados con negros ideogramas,
ni ángeles ocultos y terribles dragones
en un pubis de trigo dorado por el sol.
Las mujeres tenían cierto aire de tragedia
romántica del siglo de los yuppies. Estaban
al acecho de todo posible candidato
a ser El buen partido, un hombre de negocios
con éxito y futuro, e ilustres apellidos
para dar a tres hijos pesados y a una hija
que tuviera el encanto y la gracia de su madre.
No llevaban tatuajes visibles, ni lucieron
un piercing de orgulloso y pulsante desafío.
Sus marcas eran otras, más hondos los estigmas
grabados en sus médulas con agujas violentas
y tintas
minerales que no fueron capaces
de quitar con la pócima amarga de la vida.
Era tiempo bruñido en azúcares de plomo
el que lastraron. Ellas buscaban imposibles
amores cristalinos en barras de caoba,
en salones del tedio o abajo de las sábanas
en tránsito hacia el día, igual que las muchachas
que muestran sus diseños al viento que destrozan
sus pasos de pantera, y miran con el ímpetu
tribal de su artificio los ojos inyectados
de príncipes efímeros. Las mujeres que amé
se aherrojaron con otros, inscribieron alianzas
en sus dedos nupciales, y tatuaron sus almas
detrás de unos postigos con lentas hipotecas
de un sueño que agoniza en alcázares en vela.
En su piel hay dibujos de la máscara Revlon
antiarrugas, de pobres resultados y ricas
fragancias de algo tenue y etéreo, humo de orquídeas,
vapores de borgoña, gotas de girasol
que dejan al salir del cautiverio.

Jorge Valdés Díaz-Vélez (Torreón, México, 1955)



Hoy no escribo y me quedo contigo leyendo este poema.
Se acercan unos días de silencio.
Córdoba me espera.
Tú ¿dónde vas?




Traductor

Se quedaron

Lo que hay.

Algunas ilustraciones, fotografías, dibujos, etc, que acompañan a los textos han sido
tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

Creative Commons License Page copy protected against web site content infringement by Copyscape ecoestadistica.com

counter to blogger