(Dibujo: Frans Masereel)
Para Isabel emergiendo del sube y baja de las mareas del ayer
Día de Reyes. Sorprendente que en el 2009 todavía tengamos Reyes. Tantos. Que tantos alimentemos a esos Reyes, con corona o sin ella. ¿Tienen culo los Reyes? Y más aún, si lo tienen ¿lo utilizan? Estas groseras preguntas – y otras mas soft - me hago en esta mañana fría a punto de nieve. Pero no, no crean que soy antimonárquico, de niño era el Rey de mi casa, de (+) joven fui el Príncipe (azul oscuro) de Elisa, de Elena y de Esperanza (por utilizar solo la E). Ahora estoy en el exilio, pero mi Realidad es soberana aunque los súbditos de mi imaginación quieren guillotinarla constantemente.
En este día de regalos me preocupa el Horror de Gaza, me preocupa la indiferencia hacia el Horror. Y eso que tenemos mil canales de televisión de salsas rosas y fútbol. Me preocupa que cada 1% que sube el índice de paro no tenga nombres, sus fotografías, situaciones, miedo, necesidad, Soluciones. No me preocupa saber en qué país vivo. En todos, unos pocos, más listos, más hábiles, quizás más desvergonzados (¿tendrá censura este pobre blog?), con menos escrúpulos o manejándolos mejor con ideas, lenguas, banderas, mentiras vestidas de verdades, limosnas, pintan fronteras, arman ejércitos, se buscan la vida para sí y los suyos. Si no tienes el carné adecuado, los apellidos justos, la chaqueta de ese tono, vas listo.
No, que no, no estoy de vuelta, voy, sonrío mientras recuerdo la leche derramada sobre el fuego, los que no sabían leer, el canto del ruiseñor en Ibarrekolanda, la espalda inclinada sobre el surco, los cencerros de las vacas que llevábamos a la fuente en Larrazabal, mi madre esperándome en el balcón, los bailes abrazados bajo la lluvia, el primer beso a Carmen, un adagio de Albinoni, el dolor por la muerte de los míos, el dolor posándose en la nuca, en los párpados, en la impotencia de no saber rezar, de no saber a quién, a qué idea, creencia, atavismo, no saber mentirme y la vida era morirse, eso era (es) todo.
Un día desperté y las cicatrices del alma habían desaparecido. En mi ignorancia no puedo precisar si eran del alma o del corazón. Sé que la(s) amaba, tanto que no podía respirar, que me faltaba la sangre, que me mordía la lengua para no gritar. Pero ese día, ayer, hace un siglo, desperté y los días eran un cuadro de un hombre que volaba sin alas, que estaba suspendido sobre un horizonte con varios soles. Creo que era en Marte, o Finisterre, por esa zona, coño, que bonito es volar.
Día de Reyes, mis pacientes y respetados/as lectores/as, mis queridos/as amigos/as, que marcamos las fechas como si el resto de los días fueran diferentes. Ilusión de los niños, de los padres, de los que tienen hernia discal, de los que se tiñen las canas, de los que exprimen el dolor como naranjas, de los que imitan el trino de los pájaros, de los que tienen un volcán en el centro de su cuerpo, de las que acarician sus pechos bajo la luna, de los que a pesar de todo mastican una esperanza, más allá de números en rojo, de banderas blancas, de la voz ronca de Paolo Conte, del oso de la vejez abrazándonos con el aro en su nariz a milímetros de nuestros ojos cansados, de las vírgenes que presumen de serlo y en su epiglotis se enredan nostalgias de lo desconocido, de hombres que gritan como energúmenos y energúmenos que gritan como si su cerebro fuese un rescoldo de un animal prehistórico, una especie extinguida, un vestigio de una civilización hundida en mitad del océano, donde no hay gallinas ni bueyes ni centeno, donde la soledad es esta anemia de no saber, esta inquietud Jesús Mosterín, este color de mujeres lavando en la ribera del río de la vida, allí donde tantas mueren en manos de aquellos a quienes aman o temen o sufren, maldito abuso de fuerza bruta, de brutos sin entrañas, me corto en dos con una guadaña y sé que me dejo tanto, me dejo todo, me dejo en estas líneas que a veces ni me entiendo pero aquí, ay señor/a, (¿será Dios mujer?) también hoy, para ti que has tenido la gentileza de venir. Te beso en los labios.

El Vaticano asegura que la píldora anticonceptiva "contamina y causa infertilidad masculina"
El médico español José María Simón Castellví afirma que este método anticonceptivo daña el medio ambiente porque "a través de la orina se liberan toneladas de hormonas"
EFE - Madrid - 04/01/2009
El Vaticano ha vuelto a arremeter contra con los métodos anticonceptivos y asegura que la píldora "tiene consecuencias devastadoras para el medio ambiente" y es una de las causas de la infertilidad masculina, según publica el periódico del Vaticano, L'Osservatore Romano.
En un artículo publicado este sábado, el español José María Simón Castellví, presidente de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC), asegura que los anticonceptivos orales, que comúnmente se conocen como "la píldora", pueden tener efectos abortivos y son devastadores para el medioambiente, ya que a través de la orina se liberan toneladas de hormonas. Además, la liberación de estas hormonas es, según Castellví, "una de las principales causas de la infertilidad masculina en Occidente".
El artículo se titula Humanae vitae, una profecía científica, en relación al nombre de la encíclica (1968) de Pablo VI en la que se calificaba de "inmoral" el uso de todos los anticonceptivos, incluidos los orales, para evitar tener hijos. "La píldora anticonceptiva, la más usada en el mundo industrialzado, aquella con una baja dosis de estrógenos y progestínicos, funciona en muchos casos con un efecto abortivo, ya que puede ayudar a expulsar un pequeño embrión humano", indica el médico.
"Viola derechos humanos"
Por otra parte, Castellvi agrega que tiene "datos suficientes" para afirmar que la "contaminación ambiental", que provoca la liberación de hormonas a través de la orina de las mujeres que usan la píldora, "es uno de los motivos por los que el hombre en Occidente produce cada vez menos espermatozoides".
Para el médico, el uso de la píldora, considerado el método anticonceptivo más eficaz para evitar embarazos no deseados, y calificado por millones de mujeres como una de las grandes revoluciones femeninas, viola además "al menos cinco importantes derechos humanos". Los métodos anticonceptivos como la píldora "violan" el derecho a la vida, a la salud, a la educación, a la información, y a la paridad de sexo, añade el artículo.
