14.2.09

Escrita a mano en días aletargados


Escrita a mano en días aletargados, la historia esta del ser o no ser, ya puestos mejor somos ¿no?, agradecido a quién lee, maravillado en este baile de ideas y pensamientos, de emociones, comunicación, reflejo humano de los otros, todos diferentes, todos iguales, piedras, trigo, sauces, nubes con formas diversas, alegoría, cae el día en cenizas, dijeron que llovería pero no, hay un vago olor a nada, nunca he tenido nariz, ni olfato, pasan mujeres embutidas en vestidos de no vestidas, como delfines en una bañera, me comunico con gritos y guiños, subido en el andamio con una bandera enlutada, si pongo los brazos así es la A, si los pongo así es socorro, ayuda, que vengas, que no puedo, tan solo, el agua se detiene en los cristales pero no me fío, se me están llenado las esquinas de saudade, la tengo hasta en las uñas, ahora hago el pino -ya sabes, ponerse cabeza abajo- y el pesimismo me sale por las orejas, negro, denso se desliza por el pasillo, se estanca en las cañerías del fin de fiesta, para fiestas estoy que me levanté ayer y las piernas no me respondían, me mareé, é, que ahora me río pero me asusté, é, que estuve tumbado sobre un sofá en glorioso pijama, con mi velludo pecho abierto a la brisa mañanera, dudando entre ir a trabajar o quedarme acuclillado en mi hipocondría, recordando enfermedades pretéritas, el obligado insomnio en la UVI que no me atrevía a cerrar los ojos para no dormirme, que el miedo a no despertar es libre y crece como hongos blancos y alargados, que mudo de piel y salgo en alpargatas a dar volatines junto a la casa de la doña, aquella de la que me despachó con gesto de ángel vengador, el índice señalando el camino que bajaba desde el faro, en otro dedo relucía un enigmático anillo de oro, aunque de tenerlo nunca estaba, a un marido me refiero, así como sí tenía una falda de lunares de la que se desprendía con gesto decidido, un teléfono que guardaba bajo la cama cuando nosotros estábamos sobre ella (nosotros éramos ella y yo tumbados sobre la cama; otra posibilidad era que la cama y yo estuviéramos tumbados sobre ella, la doña, pero no, era muy clásica, además de tener un humor de perros malhumorados, no quería innovaciones, etc) que el amor acecha en los momentos mas oportunos, sin derecho a huelga se acerca con un zumbido por los sótanos del deseo, mientras uno pasea con las manos en los bolsillos de tantas miradas baboseando una cadera aquí, otra allá, que si esos brazos con la marca de la vacuna de la viruela, esos muslos que se mueven y mueven y tú ahí, caminando con la cabeza baja, ja, que el verano de acá coincide con algún invierno, mis calores con sus fríos y viceversa, que íbamos a comer y nos comíamos con la mirada, nos cortábamos con los cuchillos del deseo insoportable, que nos pinchábamos con los tenedores de tenernos, a pesar de todo(s), que la acostaba entre sábanas, como un lirio, quitaba su ropa con dedos de cirujano, apenas rozando su piel, prenda a prenda, date prisa –decía- que no me lo invento, que para según qué cosas no tengo imaginación, que la amaba de izquierda a derecha, como una lectura en japonés, de fuera a dentro, de arriba abajo, que la amaba con todo mi ser, con todo mi alma, con toda la inspiración que da el amor intempestivo, o sorpresivo, o quizás la amaba porque la quería, su cuerpo tan delgado que tenía miedo de romper sus huesos cuando me rogaba posturas concretas, que dejara mi peso sobre el de ella, que subiera a su frente, que besara sus pies, que se colgaba de mis caderas como un jinete desenfadado, descarado, entraba en ella, vivía en ella como un eterno condenado a lo sublime, ella era lo sublime que nos sentábamos en un banco del parque, sin mirarnos, hablando en susurros, alrededor perros, niños, palomas, árboles que nos daban sombra y pretexto para buscar lugares secretos, que la abrazaba contra la pared del canal, que pasaban los barcos y hacían sonar las sirenas, se acodaban los marinos en cubierta y silbaban, nosotros indiferentes, mimetizados en el paisaje industrial, enlazados por la risa, por el placer que nos dejaba la nuca vibrando, esa sensación de gusto en el trayecto de los pulmones al cielo, respirándonos, ale, vamos que nos vamos y así fue como me uní a los peregrinos que caminaban por senderos al borde de la memoria, con teas encendidas por caminos oscuros para ahuyentar el miedo a llegar por pura inercia, por seguir la huella de los bueyes, cantando para no olvidar el sonido de lo viejo, grabando letras en los árboles sin corteza, esquivando los pueblos y sus luces, ortigas en las piernas desnudas, el maldito recuerdo que aún no se deshuesa y se me clava dentro, me erosiona, camino, camino, pero ella, se me ha quedado el futuro tras las rejas, lorigado en el apodo trazo signos en el escenario, blanco, mímica, señas fragmentadas para que alguien sepa, ingenuo sueño sin ombligo, atónita lectura de los otros, disciplinada palabra cotidiana, perdido el paraíso, sobre la pretensión de metonimia vana dejo este apólogo, leve fábula escrita en un país de sordos –lo cuenta Oliver Sacks- o quizás en un reino de ciegos –lo cuenta H.G. Wells- sumergido bajo la superficie de nuestra diversidad aunque en tanto coincidimos, diferentes pero iguales, ni más ni menos, otros, atentos, este mundo se ha vuelto muy pequeño, me asombra la placidez poética de tantas páginas sin grietas, con lenguaje pausado, con limites educados, sosegadas, simples a veces, sin extremos, sin delirios, diálogos familiares, hadas que no se escandalizan, niñas disfrazadas de hadas, teoría de las hadas, cicatrices en la piel de las hadas, heridas, tantos Lewis Carroll mirando como esclavos desde la cornisa, territorio de lenguas húmedas, poemas herméticos ahora que las flores amarillas crecen en la conciencia, estamos inventando alfabetos, ahora que no hay infierno esta grabación se destruirá en cinco segundos, cuatro, tres, dos, uno. 0.

FIN

(Fotografías de toda la serie: Max Sauco.)

(los insectos, no)


14 comentarios :

gaia07 dijo...

Para que luego digan que no se puede amar a todo el mundo. Tantas ellas distintas y enervantes por igual.
Dichoso aquel que las conozca a todas, o a muchas, o a algunas. Y dichosa aquella que les permita conocer.

Y lo del séptimo descansó, olvídalo, aunque estemos sordos y ciegos.

Te beso en la frente (con ese dolor cualquiera te estruja).

Pedro dijo...

gaia07, te lo confieso, a ti, mi amiga, a veces me entran ataques de inmodestia y me subo a un escalón que no.
Desde ahí respiro y a la cuarta inspiración me ahogo, me embriaga ese aire, tan diferente.
Y bajo donde solía.
A veces bajo más y el paisaje me atrapa con ramas sin sombra, con susurros detrás de los zarzales.
El jueves, cenando en un restaurante indio, con tan agradable compañía que apenas recuerdo qué comí, me sorprendí hablando de C sin saber si había pasado por a. Menos mal que las risas no descorrieron las cortinas y todo fluyó como en telefilm americano. Luego nos tomamos un cubalibre en una farmacia y cuando volvíamos a casa envolví esos momentos entre papeles amarillos de regalo. Ahí están, sobre la repisa, los miro y sonrío, agradecido.
Reina del Reino de Valencia, el dolor (menor, pero dolor) sigue. Y eso me hará valorar más la fortuna de cuando no lo tenga.
Aunque me duela, ven, nos sanaremos.
Muáááááááá

Moony-A media luz dijo...

Menos mal que he conseguido llegar antes del último segundo.
Y he podido sumergirme en tu alud de sentimientos, sensaciones, pensamientos... dolores, delirios, rabietas, alquimias y más allás.
De él no salgo indemne, me llevo conmigo las ortigas, el paisaje fabril, la lluvia, un millón de ayeres y cierto grado de melancolía.
El gris, lo traía puesto ya. Ese, viene y va conmigo.
Ayer salí a la calle, hacía casi un mes que no podía (me rompí unas costillitas) Y te encontré sentado en las esquinas, abrazado a los bancos de mi plaza, esa blanca con leones níveos, y escarbando en las jardineras de la gran vía.
Los tilos, te miraban.
Curioso... pensaba que eran ciegos.

Buen sábado y mejor domingo. Al menos, aún no llueve.

Arantza G. dijo...

No se destruirá, me lo he llevado para poder recrearme en su lectura en los días amargos, cuando las hadas abandonan el bosque.
Besos, muchos, los que quieras.

Tempero dijo...

Alguien atacado de insectos en su movimiento perpetuo -como perpetuo es tu movimiento diario como entrador de amores, y no me digas que no- dijo acerca de la fecundidad:

Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea.

Cosas de la condición humana.
Abrazos, Pedro.

sk8 dijo...

Que el eterno sol te ilumine, el amor te rodee y la luz pura interior guíe tu camino. ¡Sat Nam!

cristal00k dijo...

Me puede tu expresión barroca, sin pausas, sin tregua. No puedo dejar de leer.
Besos crack!

Pedro dijo...

Moony-A media luz, somos (casi) vecinos.
¿Es cierto lo de las costillas? Pobrecita.
Deseo que estés bien y que disfrutes del domingo

Pedro dijo...

Uno Arantza G., muy largo.

Pedro dijo...

Es lo que tiene Tempero, unos días mucho y otros poco.
Abrazos

Pedro dijo...

sk8 que así sea.
Te deseo lo mismo.
Y más

Pedro dijo...

cristal00k, hay actividades peores.
Muchas gracias,
Besos.

Shandy dijo...

Debería llevar este texto para explicar lo que es una atafiinda. "Me asombra la placidez poética de tantas "palabras" sin grietas".
Mi lectura fue sin prisa pero sin pausa.
Un beso de atafiinda. A ver como lo recoges y distribuyes, porque es largo.

Pedro dijo...

Shandy

Atafiinda: Freqüente na poesia trovadoresca, esse processo consistia em encadear versos. O final de um adentra no início do outro, à semelhança do enjambement.

Mira qué bonito.
Voy con el beso a la altura de un codo.
Va el mío

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