Glup 2.0

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30.9.08

Principio del placer en martes.

(Lucien Freud)
¡Cómo el olvido ha ido destruyendo
el mundo aquel que edificamos juntos!

¡Las abejas sonoras, los pastos, el estruendo
del río bramador acorralado, los difuntos
ecos del viento que partió gimiendo
con tu enorme cadáver, y ardió los juncos
con llama tan veloz que aún está ardiendo,
con ceniza tan cruel que aún están truncos!

Donde hubo razón de frescos vinos,
de panes floreciendo en la alborada,
de reluciente fruto mantenido

en remotos estrados cristalinos,
hoy sólo queda una sombra desgarrada
y tus restos luchando con mi olvido.

Gaston Baquero.

Mujer que tiene mi cabeza sobre un plato, la sangre coagulada con mi otoño, canto de serpientes que amenazan, galeón de plata en las riberas, tesoros enterrados de recuerdos, descaro de ademanes, tu cuerpo delgado, desnudo sobre el mío, que me lamías los dedos inquietos, que tu lengua me encontraba la inocencia, que cegabas mis ojos con pañuelos de seda, me cegabas, me hacías tuyo, juguete entre tus muslos, me arrollaba tu sed, tu grupa airada, el hambre que dejaron en tu espalda los amantes inexpertos, nombres que odiaba, escribo para inventarme los fantasmas, para que coma el mío, que no se vaya, principio del placer que nos cegaba.



29.9.08

Principio del placer en lunes.




Hay que huir,
huir por las esquinas y encerrarse en los últimos pisos,
porque el tuétano del bosque penetrará por las rendijas
para dejar en vuestra carne una leve huella de eclipse
y una falsa tristeza de guante desteñido y rosa química.

(F.G. Lorca)



Mujer a la que canta el poeta con voces de mercurio y cadmio, abrigados sus ojos con luceros, nocturna soledad, sin aspavientos, sin gestos de oropel, sin más mentiras que el silencio, alterada de emociones, melancólica, fiel a las cadenas, resguardada de la lluvia en aleros de palabras, edificios de voz, no escuches la injuria del cantor, no sus embustes, no la lanza de sol de sus miradas, quiere amueblar tu mundo con ternura, sin salmodia de brujas a lo lejos, crece el cielo, los continentes se alejan, se pierden, en océanos rotos, helados, torrentes de estrellas, el aire poblado de alacranes, batalla de papagayos heridos de colores, un buhonero con negra faja de ausencia quiere venderte el nunca, te ha comprado la sonrisa y los monos se ríen en las nubes, no escuches más su canto, principio del placer que nos llenaba.



"No se pueden dar 700.000 millones a los bancos y olvidarse del hambre"
Hans-Gert Poettering (Presidente del Parlamento Europeo)


28.9.08

Nam June Paik.

La palabra ha de llevar el lenguaje al punto cero, al punto de la indeterminación infinita, de la infinita libertad. (De un diario anónimo. Recogido por Cortázar)



Nam June Paik manipula haces de láser, los entremezcla en una superficie cónica, una idea le atraviesa la cabeza, tintinean las monedas en su alcancía.

M. se está bañando en la playa de la Victoria en Cádiz.

Charlotte Moorman toca el violonchelo vestida con unas gafas TV, nada más.

P. camina desde los esteros de la Isla hasta la loma del Puerco dejando atrás los hoteles de lujo, acompañado por el ruido del mar, el susurro del viento y el tercero de sus hijos.

Nam June Paik pinta un boceto de modulación en síncrono (¿). Modulation in Sync.

M. y P. están tumbados bajo el Laser Cone y se embriagan con la articulación gráfica de luz.

¿Dónde estará Charlotte?

M. y P. hacen el amor (*) bajo el Laser Cone. Varias horas después son detenidos por la ertzaina mientras una multitud de espectadores les envidia y aplaude.

Nam June Paik es coreano. ¡Qué cosas!, quién nos lo iba a decir, nosotros, tan nuestros, tan de siempre, tan de aquí.

- Pues mira, una multa no se la quita nadie.
- ¿A M y P?
- No, mujer, a Charlotte.

Fundido en negro, la salida está a la izquierda y los servicios al fondo a la derecha.

The end.



(*) En realidad es un eufemismo para decir que están follando como si en ello les fuera la vida, pero –ya sabes- la censura, la mía, o la tuya, o la suya. Y es que están los guardianes de la moral, que se preocupan mucho de estas cosas. De otras cosas se preocupan menos los guardianes de la moral. Pero esa es otra historia.

Felicidades a Єѕтησм


27.9.08

No sabíamos




Canción del amante que regresa.

Has venido sin nombre ni camisa esta noche
y hemos puesto en el humo la tabla del misterio,
las batallas perdidas, los espectros del sueño,
los rastros amarillos, un mechón de silencio,
la blancura con eco de las cartas fechadas.
Hemos hecho el amor como un trabajo nuevo.
Nos hemos bendecido esta mañana
con una puerta abierta
y ese candil de oro de tu sonrisa entera.
Hoy nos ha bendecido tu pequeña esperanza
como una mano limpia
que apartara la niebla del umbral de la casa.

Javier Egea


No sabíamos qué había después.
Cuando lo descubrimos fue demasiado tarde.

Y no hubo ya regreso.


Ha fallecido Paul Newman


26.9.08

Cumpleaños de Sara.


Sara cumple años y está feliz.
También lo está porque es viernes, las cajas están ordenadas, los calendarios se apilan sin eclipses y extiende los brazos para que los días caminen así, pasito a pasito, sin correr y sin pararse.
Sara, sentada, mira alrededor, fuera, los planetas giran sin sobresaltos en sus órbitas. Como debe ser.
Sara, de pie, mira dentro y las murallas rechazan a Josué y a las trompetas.
Ay, atrevimiento de entrar en el jardín donde cada flor está llena de color, olor, una función estética o aroma de abejas zumbando, girando, sin atreverse a posar el vuelo no vaya a ser que.
Viento o, por ejemplo, llover, nunca llueve a gusto de todos.
Los poemas de antes eran así

De trenes y viajeros.

En el tren de la noche transparente llegan mujeres
con blusas perfumadas, con violetas en el pelo,
con los brazos tendidos hacia la aurora.

Las miro desde el andén, junto a un perro de ceniza,
sonámbulo, las pestañas incendiadas de madrugada,
los pies descalzos bajo una luna de mármol.

Uso palabras ciegas, como palomas acurrucadas.
La súbita fragancia del azahar embriaga al viajero
desprevenido que llega en busca del destino.

Siento el zumbido de otra vida en los oídos,
en la esquina, letanía de gacelas sobresaltadas,
el rocío amansa y enreda perfumes en la piedra.

Las ventanas de la noche están cerradas,
una salamanquesa se esconde en la blanca alcoba,
el viento de levante deja un ahora de dudas.

Subo los peldaños del recuerdo, la ciudad respira y
duerme a espaldas del pájaro asustado en la rama,
de la lengua del tigre que lame el insomnio.

Nadie ve al fauno bajo el farol, sentado a la orilla
del tiempo, sus pezuñas rompen la espuma
de olas embarrancadas en luz futura.

Ese saurio triste sobre la vía sabe que no regresará.
Temo al súcubo que me observa, agazapado, presto.
Encadenado a la columna, Sansón descubre el horizonte.


Ahora los pintores ignoran lo clásico y llenan el Guggeheim de impolutos lienzos inundados de blanco. También los poetas, atrevidos, ignoran la realidad y, en vez de escribir certezas, llenan de absurdos enigmas las paredes donde no hay lugar para la duda, donde las escaleras sirven para bajar, para subir, para detenerse, para tapiar los puentes, para saber que al pan, pan y al vino, vino.

Y no se hable más, que hoy Sara cumple años y está feliz.
La vida camina y ahora sus amigos le felicitan, le demuestran su sincero cariño y hacen votos para que siga así: amable, sabiendo, sonriente, ingeniosa, cercana, generosa, tan amiga.
Y le llenan de besos (con la rabia que le da)
Incluyo el mío


25.9.08

Cuento de la niña sin brazos.

Un signo, o representamen, es algo que, para alguien, representa o se refiere a algo que en algún aspecto o carácter se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esas personas un signo equivalente, o tal vez, un signo aún más desarrollado. Este signo creado es lo que yo llamo el interpretante del primer signo. El signo está en lugar de algo, su objeto. Está en lugar de ese objeto, no en todos los aspectos, sino solo con referencia a una suerte de idea, que a veces he llamado el fundamento del representamen. (228. The collected Papers. Charles Sanders Peirce)

Por inspiración de Isabel, a la que deseo toda la felicidad.


Me asomé a la ventana y sentada en un alfeizar vi a una niña sin brazos. Sonreía, ella. No recuerdo cuando fue, si ayer o en otro tiempo. Pensé: “pobre niña, no podrá abrazar a quién ama”.

Los días pasaron mientras ondulaba mis manos al paso de los trenes -los que jamás paraban- mientras de los árboles del jardín caían hojas amarillas y ella, otra, aquella, no volvía. Pensé: “pobre de mí, no puedo abrazar a quién amo”.

En este ir y venir de pensamientos volví a mirar por la ventana, la niña me sonreía y agitaba sus brazos. Me sorprendí al ver sus delicados dedos. Hablamos de balcón a balcón. Se llamaba Isabel y había venido volando desde una tierra verde de manzanas y peces, de montañas y genios escondidos entre las rocas.

Quiero lamer tus uñas –dije- y el nácar de tus dientes
Ella contestó: “ven, salta, sáltate”.

Medí la distancia, el muro del tiempo, el grosor de los cristales, la longitud de su risa, la lluvia de nostalgias que caía haciendo peligroso cualquier intento de asomar la cabeza al vacío sobre la calle que no cesaba de acumular bocas que gritaban, que llamaban, que decían cosas inconexas –cuchara, frío, oh, amarillo, crepitar, amabilidad, interferencia -. Me decidí por la cuerda, atada de ventana a ventana -¿dónde he leído esto?- con doble nudo marinero. Miré al cielo, me santigüé con la zurda y comencé el tanteo de equilibrista con los pies desnudos, la frente marchita y los ojos haciendo balancín sobre el hueco de las aceras que aplaudían el valor del miedo, el riesgo del volatinero, la audacia del inconsciente. Sudaba, sentía el salado sabor en la comisura de los labios, frío en los tobillos, advertía que a cada uno de mis pasos, Isabel y sus brazos estaba más lejos. Por eso salté, de cabeza, sin alas, girando en el aire en tirabuzones de trapecista herido, de pájaro escopeteado, de hombre lastrado por dolores de hombre.

Ahí quedé, sobre el asfalto, con los brazos en cruz, un hilo de sangre saliendo de la nariz torcida, una nube de espíritu Zweig, un hervor de meninges consumidas, la desilusión componiendo vendajes descompuestos. Caí, morí y a empezar de nuevo.



Ya es jueves, una semana buena, dura.
Soy un escritor con buen humor sentado al sol (aunque llueva).
¿Quién quiere desayunar conmigo?


24.9.08

Carta del amante premonitorio.

"Soy un caprichoso usador de palabras,
no un poeta. Ésa es la verdad."
(Dylan Thomas)


Cuando ya no me quieras, tango, vas a empezar a odiar esta manera mía de mirarte con ojos de lejos y musgo, esta manera de acariciarte entre horas, como si los días estuviesen compuestos de humo entre los árboles de este bosque donde ahora estamos gozosamente perdidos.

Cuando ese momento llegue preferiría estar dormido o de viaje, huido, con los párpados cubriendo la realidad de tu desdén, de tu mirada fría, de tus manos inmóviles, de tu labio inferior que ya no tiembla. Como un gnomo que anda de noche, mis brazos se hunden en la tierra de nadie de volver a estar solo y castillos heridos, ejércitos de melancolía y ya sé que no soportas mis analogías grises, mis esforzados intentos de metáfora, mi mezcolanza pueril de poetas y libros de bolsillo, extractos de artículos de prensa y citas decadentes. "Ya no se escribe así, que no te enteras", me dices, me dejas la camisa llena de reproches, me viertes cafeteras de desprecio sobre mis pantalones indefensos. Y sé que antes te gustaba. Es un lío esto del antes y ahora, no recuerdo cómo te llamas, tu rostro se confunde con otros rostros, bofetadas, dialécticas de momento, y desplantes.

Cuando ya no me quieras habrá un desierto con tres soles, un mar abierto con cangrejos bocabajo y peces que discuten, habrá un no saber qué hacer con tus regalos en paquetes -¿donde los envío?-, tus cartas atadas con una cinta amarilla, tus reproches numerados, tu mirada de tundra. Ay, amor de ahora, mujer viajera por mis territorios de ultramar, paseante de mis arrabales, filósofa buscando argumentos con el candil de tu lógica de lo posible, el resto no existe, solo lo que se puede tocar vale, y los dichos. Guardas mis dichos como una prueba irrefutable de mis pensamientos, de mis deseos, de mi pretendida distancia. Te mueves de un vértice a otro de este triángulo que no suma, ni resta, ni siquiera es un triángulo pero ya sabes que yo no sé.

Te cuento todo esto desnudo, tumbado a tu lado, con mi mano en tu muslo, con la sorpresa agazapada detrás de la puerta, con un dragón de deseo jadeando sobre nosotros. No sabes cómo adoro tu cuerpo, cómo disfruto de esa lenta manera de acariciarte, de buscarte en tus esquinas y rincones, rendido a esa respiración junto a mi oído. Hasta aquí hemos llegado pero no hace falta que me empujes, ya me voy, no necesitas ponerte tan seria, tan fría, tan llena de miradas congeladas.

Y deja el cuchillo.

(Fotografías: Bogdan Jarocki)


23.9.08

La lucha contra el demonio



…entre Demócrito y Heráclito prefiero echar una moneda al aire y esquivar el pico de los cuervos, el resuello de los zorros que corren con su roja y abultada cola por los campos helados de este mes de después, escribo para este día en el que no lee nadie, en el que el límite se acorta, la televisión aboba, estamos en familia, acércate más que hace frío, frío de cama solitaria, frío de literatura al borde del absurdo, como absurdo es tener a Quignard en la balda, ¿a qué esperas? léele, agrupémonos todos en la lucha final mientras ese hombre grita desde un atril de viento, estamos sordos, este es un mundo sonriente que pone un chiringuito en la playa, se va del trabajo antes del jefe con un vaso (de plástico) de coca-cola en la mano, que diver, es guay, ah, oh, mierda, no es pesimismo, no es querer cuestionar este optimismo de no pasa nada, no hay crisis, pero pasa, vaya si pasa, aunque este TFT nos proteja del mundo real, y el ombligo, también, hay un gigante melancólico, un grabado de Alberto Durero (búscalo en san Google), una isla donde enterraremos a los muertos, lástima de tener que morir también nosotros, soledad de la vejez, quién piensa en eso ahora que Cobra Killer está de moda con esa orquestina de púas inquietas, ya me callo, pero hablo. (RespirA. Tú ).

Resumen: todo esto trata de la melancolía pasajera y del erotismo permanente. Del cuerpo humano, desnudo. De la mente vegetal, vestida. De lo absurdo de un fin de semana asomados en el balcón de un blog mientras el río de la vida corre por las calles con pleamar de alcohol y navegantes solitarios con el barco encallado en el arenal de un nombre, en la escollera de un tiempo pasado, en todo lo que no sea ahora. No. De la vacuidad de lo terreno, de las riquezas, de la existencia de Dios, de la conciencia consciente, de la fragilidad del yo, de las contradicciones del arte literario, del mercadeo intelectual, de la sórdida oscuridad que aceptamos con la mano doblada sobre la mejilla izquierda, la mirada perdida, el problema 30.1 de Aristóteles, de la ruina del cuerpo anciano y, sobre todo, de la hechicera que me cuenta mientras me ahogo en sus ojos limpios, en su voz que enturbia mi arroyo de un solo pez, del descubrimiento de su lado oscuro, de dejar la música sonar y perdernos en un bosque lujurioso y hasta ahí podríamos llegar. Sí. Sal de este post que voy a cerrar. Ya.



Lo primero que salta a la vista en Hölderlin, Kleist y Nietzsche es su alejamiento de las cosas del mundo; y es que aquel a quien el demonio estrecha en su puño, se ve arrancado de la realidad. Ninguno de los tres tiene mujer ni hijos (como tampoco Beethoven ni Miguel Ángel), ninguno de los tres tiene hogar ni propiedades, ninguno tiene una profesión fija o un empleo duradero. Son nómadas por naturaleza, eternos vagabundos, externos a todo, extraños, menospreciados, y su existencia es completamente anónima. No poseen nada en el mundo: ni Kleist ni Hölderlín ni Nietzsche han tenido jamás una cama que les fuera propia; nada es suyo; alquilada es la silla en que se sientan, alquilada es la mesa en que escriben y alquiladas son las habitaciones en que van parando. No echan raíces en ninguna parte, ni aun el amor logra atarlos de modo duradero, pues así sucede con aquellos que han encontrado al demonio como compañero de vida. Sus amistades son frágiles; sus posiciones poco fijas; su trabajo no es remunerador; están como en el vacío, y el vacío los rodea por todas partes. Su vida tiene algo de meteoro, de estrella errante en eterna caída. (Stefan Zweig - La lucha contra el demonio)


22.9.08

Hölderlin, Kleist y Nietzsche.

Las tres épicas figuras de Hölderlin, Kleist y Nietzsche tienen extrañas afinidades en los destinos de su existencia. Los tres, arrancados de su propio ser por una fuerza poderosísima y en cierto modo ultramundana, son arrojados a un calamitoso torbellino de pasión. Los tres terminan prematuramente su vida, con el espíritu destrozado y un mortal envenenamiento en los sentidos. Los tres terminan en la locura o en el suicidio. Los tres parece que viven bajo el mismo signo del Horóscopo. Los tres pasan por el mundo cual rápido y luminoso meteoro, ajenos a su época, incomprendidos por su generación, para sumergirse después en la misteriosa noche de su misión. Ignoran adónde van; salen del Infinito para hundirse de nuevo en el Infinito y, al pasar, rozan apenas el mundo material. Domina en ellos un poder superior a su propia voluntad, un poder no humano en el que se sienten aprisionados. Su voluntad no rige (llenos de angustia, lo reconocen ellos mismos en momentos de clarividencia). Son esclavos. Son posesos (en todo el sentido de la palabra) del poder del demonio. (Stefan Zweig - La lucha contra el demonio)



Un hombre exhorta desde el atril, tenso, con las venas del cuello hinchadas, gritando con violencia por encima de la tempestad de los días, oteando la tragedia que llega, defendiendo la libertad intelectual por encima del aliento dulce y peligroso de lo fácil, de lo sabido, de lo cómodo. No entienden, no entienden -siente- y su voz se pierde en lo doméstico, en el calor de cocinas, en el rescoldo de tópicos y cantinelas. Quiere rasgar esas sonrisas bobas, golpearles los labios, en las encías, desbaratar el interés del no pasa nada, de todo debe ser como es y así entramos en la luminosa zona erótica mientras una bandada de sardinas transparentes ondula sobre la piel de damas afligidas, señoras poseídas por el mal de vivir -ay, tristeza de la melancolía-, la hechicera tuvo la culpa, hablándole del instinto, del sí pero no, de la voz debajo del caldero, de los dedos buscando en el panal de miel – a pesar de las picaduras de las abejas del remordimiento- , hurgando con insistencia en el mal de las mujeres etíopes, paraíso en la sombra, uno no puede hablar de según qué temas sin una intensa empatía personal, personalizada ¿y cómo? uno carece de, solo tiene, //los jesuitas del siglo XVI utilizaban las descargas del pez raya para expulsar demonios; los samuráis escuchaban los trinos melancólicos de los pájaros, de los lobos, de las rocas húmedas; Aldini aplicó la corriente galvánica en el cráneo pelado de un enfermo de bilis negra; no sé qué diría Freud de las prácticas de la TEC (Terapia Electro-Convulsiva)// sé que yo digo basta, hasta aquí hemos llegado…, (hoy, mañana ya veremos)


21.9.08

Tres visiones de Robert Desnos y un regalo.

Robert Desnos

Poeta francés nacido en Paris en 1900.
Después de dejar el colegio a los 16 años, trabajó como empleado de farmacia y empezó a mostrar interés en la literatura publicando escritos en una revista de corte socialista llamada La galería de los jóvenes. En 1919 publicó los primeros poemas en Le fard de argonautes y se reunió con André Breton, Péret, Tzara y Aragon, integrándose en 1920 al grupo surrealista. Mostró sus habilidades literarias jugando con el idioma, y convirtiéndose en un experto de la ''escritura automática" en sus poemas titulados "Oasis" y "Asilo amigo".
Para ganarse la vida ejerció luego como periodista, publicando crónicas sobre películas, música y teatro. Hacia 1929 se alejó del movimiento surrealista en la gran crisis que señaló el segundo manifiesto de André Breton.
Continuó escribiendo en el siguiente decenio publicando obras que incluyeron "Corps et biens" en 1930 y "Le sans cou" en 1934.
En la segunda guerra mundial se alistó en el ejército francés, regresó a París durante la ocupación alemana y bajo seudónimos como Lucien Gallois y Pierre Andier, publicó una serie de ensayos contra los nazis que le valieron su reclusión en varios campos de concentración. Falleció ocho días después de ser liberado por el ejército ruso en junio de 1945. ©


2. Wikipedia.

Robert Desnos (4 de julio de 1900 - 8 de junio de 1945) fue un poeta surrealista francés.
Nacido en París, los primeros poemas de Desnos se publicaron en 1917 en La Tribune des Jeunes. En 1919 conoció al poeta Benjamin Péret quien le introdujo en el grupo dadaista en París y le presentó a André Breton. Mientras trabajaba como columnista del periódico Paris-Soir, Desnos se convirtió en un miembro activo del grupo surrealista y desarrolló un talento especial para la Escritura automática. Aunque Breton le elogió en su Manifesto du Surréalisme (1924) diciendo que era el "profeta del movimiento", Desnos siguió con su trabajo como periodista. Su incredulidad por el surrealismo así como su relación con los políticos comunistas provocó discrepancias entre Desnos y Breton.
En 1926 escribió The Night of Loveless Nights, poema lírico sobre la soledad, escrito con un estilo clásico, más parecido al de Baudelaire que a Breton. Se enamoró de la cantante Yvonne George pero los seguidores de Yvonne hicieron que se convirtiera en un amor imposible. Escribió diversos poemas dedicados a su amante, entre ellos la colección La liberté ou l'amour! (1927).
En 1929, Breton condenó definitivamente a Desnos que se había unido a la revista Documents de Georges Bataille y que fue uno de los que firmaron Un Cadavre, escrito que atacaba al "buey Breton". Su carrera en la radio empezó en 1932 con un espectáculo dedicado a Fantomas. Durante esta época, se hizo amigo de Picasso, Hemingway, Artaud y John Dos Passos y publicó diversas críticas sobre jazz y cine a la par que se incrementaba su participación en asuntos políticos.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Desnos fue un miembro activo de la Resistencia francesa publicando a menudo bajo pseudónimo, y fue detenido por la Gestapo el 22 de febrero de 1944. Fue deportado a Auschwitz, Buchenwald, Flossenbürg y finalmente a Térézin en Checoslovaquia en 1945. Allí falleció de tifus semanas antes de que el campo fuera liberado. Está enterrado en el Cementerio de Montparnasse
Entre su infancia en el parisinísimo barrio Saint-Martin, ilustre desde los tiempos del buen rey Luis hasta los versos inolvidables de Apollinaire, y su muerte trágica en un campo de concentración, la vida breve de Robert Desnos (1900-1945) parece condensar una gran parte de la aventura intelectual de la primera mitad del siglo XX. Poeta dadaísta, joven médium surrealista, autor de producción feraz, polemista, detractor —ya desde de 1927— de la precaria alianza de Breton con el Partido Comunista, crítico de cine, periodista e innovador locutor de radio. En los años 30, Desnos fue un escritor sin partido, una especie, como se ha dicho, de francotirador radical-socialista, al tiempo que construía, pacientemente, una obra que hoy sosprende por sus dimensiones. A partir de 1942, formó parte de un grupo de resistencia al ocupante alemán. En febrero de 1944 fue arrestado por la Gestapo en su domicilio de la rue de Seine. Entonces comenzó para el poeta un atroz peregrinaje a través de prisiones y campos de trabajo forzado desde Francia hasta Checoslovaquia. Robert Desnos murió de enfermedad y agotamiento el 8 de junio de 1945 en el campo de concentración de Terezin que acababa de ser liberado por las fuerzas aliadas.


ÚLTIMO POEMA

Tanto soñé contigo,
Caminé tanto, hablé tanto,
Tanto amé tu sombra,
Que ya nada me queda de ti.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.


Domaine Public
Versión de Aldo Pellegrini





20.9.08

Tres anónimos.

Mas dejadme que escoja mi propia madurez; y en mi dúctil persona aflore lo que fui

(Raúl Losánez)

Sirva la presente para comunicar que, en general, los comentarios que recibo (públicos y privados) son de una amabilidad y buen rollo que me desbordan.
Los agradezco desde el fondo de mi corazón, desde mi epidermis, desde mi educación tan propensa a la gratitud.
Como todos no son así y no me gusta esconder nada, traslado estos correos, anónimos, que recibí durante el pasado agosto.


Uno.
“Ya decía yo, que no puede ser, lo he descubierto, este espacio está escrito por una vaca. Y esto no es un demérito, no, al contrario, es una alabanza. Para el pacífico animal. No digo que no seas tú el que cuelgue los textos, no me malinterpretes. Ni que seas quién escoge las fotografías –por cierto, tampoco son tuyas- , la música – a veces…-, el color de fondo –blanco-. No, tú eres el que arma y decora lo que escribe el rumiante, que tiene su mérito, no lo voy a negar. Ni me conoces ni me vas a conocer, tampoco sabes porque sé que quién escribe es una vaca y no un gato o un lémur, no sabes nada más que regodearte con los comentarios que recibes –pocos por cierto, al menos por comparación con los que tiene mi página-. No te dedicaré ni un segundo más. Por cierto ¿puedes darme el correo del bicho? Gracias.”
Y digo yo ¿cómo demonios habrá sabido este lo de la vaca?

Otro.
Constancia. Vale. Trabajo. Vale. Pero a mí no me gustas ¿vale?
Vale.
Y tres.
“Te comunico que he descubierto unas gafas especiales con las que puedo leer tu blog de forma mucho más ágil y práctica. Envío un ejemplo y me pongo a disposición de los lectores por si su comercialización es posible.
1º ponerse las gafas.
2º leer a glup (2.0) blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla sexo blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla amores perdidos blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla lloriqueos blablablabla blablablabla blablablabla quiero y no puedo blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla vacío blablablabla blablablabla blablablabla aburrimiento blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla.
3º quitarse las gafas.
4º dormir.
La verdad, me parece un descubrimiento ¿lo habrá patentado?

¿Veis? Ay, señor, lo que tiene uno que soportar.

 

19.9.08

Estado febril.


Termópilas.

Honor a aquellos que en sus vidas
custodian y defienden las Termópilas.
Sin apartarse nunca del deber;
justos y rectos en todas sus actos,
no exentos de piedad y compasión
generosos cuando son ricos, y también
si son pobres, modestamente generosos,
cada uno según su medios;
diciendo siempre la verdad,
mas sin guardar rencor a los que mienten.

Y mayor honor les es debido
a quienes preven (y muchos preven)
que Efialtes aparecerá finalmente,
y pasarán los Persas.

(Cavafis)

Cada día algo nuevo, original, diferente, que contraste, epatante, zass, manantiales de palabras bañando, acariciando el desnudo cuerpo de una virgen rubia mientras un dragón verde y negro observa etrás de los matorrales ¡maldito voyeur! Lo leerán los que lo leerán. Cada uno lo interpretará como le parezca. Responsabilidad de ser sujeto poético de uno, de dos, de tres, el resto que lean solos, con sus parejas, con sus tríos, a voluntad.

Distancia. Cercanía. Seleccionar fotografías según mi gusto. Un día pondré la mía para que todos vean quién es el de fuera de la página, desnudo, qué demonios, que se escandalicen los propensos al escándalo. La plenitud del vacío. Vida paralela, uno escribe, otro se libera, al final se ha convertido en una necesidad. El valor incalculable de la rutina. Tristeza de comunicación parcial, sujeta al capricho, a la disposición, al ánimo, al estado de las líneas torcidas o rectas trazándose en un papel blanco con los dedos manchados en miedo, en sueños, en la sencilla necesidad de contar lo de dentro. No tengo ni idea de a quién le interesa. Ni por qué. Ni nada, excepto mi propia necesidad.


Desasosiego. Resumen de lo cotidiano, mundo aparte, paralelo. Recuperación de lo mágico, del interrogante, del anzuelo brillando bajo el agua a la entrada del puerto, de la noche acuchillada por el sexo. No sabía que escribías, te imaginaba en el sector de volatineros, de los equilibristas, de los que dan saltos mortales. Y te dan ganas de darle una hostia, plass, en toda la cara, por gilipollas. Tengo un amigo que es escultor, se ha especializado en zapatos femeninos, los hace en forja, con mucho gusto, son zapatos muy eróticos. Jamás hubiera pensado que lo fuera –escultor-, tiene cara de boxeador. Tengo una amiga que es poeta, muy guapa. Tengo dos amigas que son escritoras, muy feas. Tengo dos amigas que son amigas y no escriben. Tengo un amigo que es arquitecto y muy buen cocinero, nunca me he parado a pensar si es guapo o feo, ni me importa. Tengo una amiga...no, ya no es mi amiga, pero sigue siendo una magnífica profesional de lo suyo. Tengo un amigo que es mi amigo y me alegro con sus alegrías y últimamente, por desgracia, he debido solidarizarme con sus tristezas, con sus penas. Me doy cuenta que en mis amigas valoro que sean guapas, o no, y en mis amigos ni me preocupo. Esto quiere decir algo, algo no favorable para mi. ¿Por qué lo digo? Podría callarme. Ya, pues vaya blog sería este, un blog poco sincero, blog ahogándose en un pozo, blog roto en resplandores, blog pájaro estrellándose contra una estrella. Aunque lo firme otro.


Firmo con mi nombre. ¿Y ese Glup? Es el nombre que escogí para la página, un nombre sonoro, absurdo quizás, poco serio, pero fue el que me gustó. Con el tiempo ha crecido, lo he cambiado. a 2.0. Abismo cotidiano del futuro. El sentido de la vida, pues vaya, casi nada ¿escribiendo aquí se puede encontrar algún sentido? creo que no, hay que salir fuera, buscar, pringarse, escarbar con un alambre en las cenizas, ensuciarse las manos rebuscando en el cieno de los días, de la desilusión, de la alegría, del amor brincando como una cabra loca por los riscos de la ilusión, de la pasión. Fiebre de vivir, me siento pletórico. Besos, preciosas. Y preciosos, que nadie se sienta discriminado. Puestos en gastos, aprovecho para agradecer los sabrosos comentarios recibidos en este humilde (ya, no te lo crees ni tú, nunca he sido humilde) rincón. A todas / todos, muchas gracias, muy sinceramente (esto si puedes creértelo).


Vuelve a menudo y tómame,
amada sensación, vuelve y tómame -
cuando del cuerpo la memoria se despierta,
y un antiguo deseo vuelve a pasar por la sangre;
cuando los labios y la piel recuerdan
y las manos sienten como que tocan otra vez.
Vuelve a menudo y tómame en la noche,
cuando los labios y la piel recuerdan...

(Cavafis)


18.9.08

Una vez estuve allí.


La libre posesión del dolor, su dulce sombra, rehaciéndonos de nuevo, diminutos. Julia Otxoa



Cae la noche y me he perdido en un laberinto de casas iguales, el mismo ladrido en cada jardín, idénticas columnas de humo por las chimeneas, árboles gemelos, una risa acá, silencio bajo las farolas.


Ella está ahí, puedo oler su perfume leve, escuchar el roce de su piel bajo una camisa blanca, envidiar las miradas que tocan sus piernas cuando se agacha con la bandeja de la cena, odiar la mano propietaria que roza su muslo al pasar.


Oh, dulzura entre los ancianos que ríen en sábados interminables, cae la noche y en mi cabeza aún no amanece.


Elton John

17.9.08

Camino de Santiago.(y 3)

”Ahí está el punto, y esa es la fineza de mi negocio; que volverse loco con causa, ni grado ni gracias; el toque está desatinar sin ocasión y dar a entender a mi dama que, sin en seco hago esto, ¿qué hiciera en mojado?"(Don Quijote)


Por caminos que no, que sí, era sexo, ahora lo sé, como un romero por el camino de Santiago, con la concha peregrina y la calabaza con agua del Jordán, durmiendo en albergues de monjes oscuros, en casas de gentes de bien, en pajares de conventos con hermanas de tocas alborotadas, en hospederías cuando hay reales, comiendo pan y tocino, rezando ángelus en horas intempestivas, con relojes de viento y sombra, con la devoción ermitaña en cada pelo de la barba, con el olor del cuerpo de ella en mis dedos que acarician el tronco de los manzanos, los bancos de piedra, la correa de las sandalias polvorientas, besando los gallos que vigilan las cruces de los caminos, vadeando ríos por donde el agua cubre el ombligo, recostado bajo los arcos de las plazas mayores, allí donde se mezclan los olores de las tahonas con la humedad de las baldosas de tabernas oscuras, con parroquianos cantando himnos a vírgenes remotas, lugareños de nariz roja y albarcas embarradas que juegan a los naipes, labradores atribulados por la sequía, en la puerta mujeres pintadas enseñando los senos sin vergüenza, gestos ordinarios, falsos pendientes de oro como reclamo, zafias palabras de calabazas e higos, de frutas prohibidas, de coitos a un real, ancianos encorvados que las miran, titiriteros con ceñidas camisas, gorros de colores y cascabeles, era sexo, lo sé, aunque la amaba, me gustaba su cuerpo delgado, sus nalgas duras bajo el camisón cuando atravesábamos la noche y llovía, no había estrellas y la música de nuestros muslos detenía este mundo que ahora termina en Compostela, paisajes sucesivos, ora trigales ondulando, ora monotonía de la vid, ora campos verdes, pinares y choperas, hierbas secas para lechos de siesta bajo los robles, romeros italianos, alemanes, franceses chapurreando que ellos también van, que cumplirán sus votos, que este es su camino de redención, que se encuentran en las madrugadas de escarcha con conejos que huyen por los rastrojos, zorros en los gallineros de pueblos de adobe, con plegarias y gemidos saliendo de las espadañas de torres presentidas entre la niebla, el camino está lleno de misterios y un pastor blasfema entre el rebaño de ovejas atemorizadas por un mastín peludo, que pienso en beber de una bota con la lengua recogiendo cada gota, la misma lengua que recorría la espalda de ella, el hueco entre sus piernas torcidas, sus pezones pardos y jugosos, los lugares que eran míos y besaba con devoción y suspiros, la curva de sus caderas, regocijo de posturas que inventábamos, que se arrodillaba y las nubes formaban dragones, conejos gigantes y blancos, que entraba en su cuerpo como a un pozo de sombras y al fondo me esperaba su mirada adolescente, aquella mirada que perdimos en la plaza y que me hizo olvidar a otras mujeres de carnes tersas, gritos y temblores compartidos en fiebres de deseo, alboroto de sábanas, camas en la pleamar que parecíamos volatineros y por eso sigo este camino que a veces es un lodazal, rodadas de carros, burros salpicando con sus pezuñas, aullidos de lobos en las sierras, apoyado en un pilar, con la brisa que despeja los dolores ahora que el camino se bifurca y a un lado se adivina la catedral y al otro la puerta del infierno, patios atestados de míseros caminantes con los pies hinchados, pulmones que silban, llagas en las piernas polvorientas, toses, sabañones en las orejas, olor a sudor, una niña que mira al cielo y reza, hambre en esta villa al final del camino, llena de la paradoja de olores a caldo de berzas, morcilla y perejil, guisos en pucheros, frituras, parrillas con chuletas de cordero, ajo y vinagre, vino en barricas, me cubro la cabeza y a mi lado pasa una mujer preñada, un ciego guiado por un mozalbete desgreñado, un dentista con un mandil encarnado y unas tenazas en la mano, era sexo, tal vez, no se lo preguntaré a nadie, que ahora llegan orgullosos mendigos que miran a los comerciantes avaros, un carnero que escapa entre los puestos de baratijas, un toro que muge amarrado a un madero, una compañía de soldados con gorros rojos y banderolas, tambores y un capitán a caballo y en ese callejón fue, ahí me detuvieron, que no fui yo, ay dolor, que la amaba, que enloquecí quizás, que no gritó, que se quedó entre mis brazos, que no pude soportar que fuera de otro, quise parar la sangre con sus largas faldas, que huí llorando, que alguien me ha delatado, que después de tanto viaje no llegaré a la Puerta, que al fondo se ven las torres, que el santo ya no me perdonará, que no pude soportar su desamor, ella al principio de este camino ¿qué será de mi?.


Fin



16.9.08

Camino de Santiago.(2)





Eso
ese punto negro donde todo acaba
donde ya no vivo
ni sufro
ni canto
eso es el espanto.


(Dante Bertini)




...paisajes sucesivos, ora trigales ondulando, ora monotonía de la vid, ora campos verdes, pinares y choperas, hierbas secas para lechos de siesta bajo los robles, romeros italianos, alemanes, franceses chapurreando que ellos también van, que cumplirán sus votos, que este es su camino de redención, que se encuentran en las madrugadas de escarcha con conejos que huyen por los rastrojos, zorros en los gallineros de pueblos de adobe, con plegarias y gemidos saliendo de las espadañas de torres presentidas entre la niebla, el camino está lleno de misterios y un pastor blasfema entre el rebaño de ovejas atemorizadas por un mastín peludo, que pienso en beber de una bota con la lengua recogiendo cada gota, la misma lengua que recorría la espalda de ella, el hueco entre sus piernas torcidas, sus pezones pardos y jugosos, los lugares que eran míos y besaba con devoción y suspiros, la curva de sus caderas, regocijo de posturas que inventábamos, que se arrodillaba y las nubes formaban dragones, conejos gigantes y blancos, que entraba en su cuerpo como a un pozo de sombras y al fondo me esperaba su mirada adolescente, aquella mirada que perdimos en la plaza y que me hizo olvidar a otras mujeres de carnes tersas, gritos y temblores compartidos en fiebres de deseo, alboroto de sábanas, camas en la pleamar que parecíamos volatineros y por eso sigo este camino que a veces es un lodazal, ...(sigue)


15.9.08

Camino de Santiago.(1)


Un tiempo
que cabe aquí, no allí.

(Concha García)


Por caminos que no, que sí, era sexo, ahora lo sé, como un romero por el camino de Santiago, con la concha peregrina y la calabaza con agua del Jordán, durmiendo en albergues de monjes oscuros, en casas de gentes de bien, en pajares de conventos con hermanas de tocas alborotadas, en hospederías cuando hay reales, comiendo pan y tocino, rezando ángelus en horas intempestivas, con relojes de viento y sombra, con la devoción ermitaña en cada pelo de la barba, con el olor del cuerpo de ella en mis dedos que acarician el tronco de los manzanos, los bancos de piedra, la correa de las sandalias polvorientas, besando los gallos que vigilan las cruces de los caminos, vadeando ríos por donde el agua cubre el ombligo, recostado bajo los arcos de las plazas mayores, allí donde se mezclan los olores de las tahonas con la humedad de las baldosas de tabernas oscuras, con parroquianos cantando himnos a vírgenes remotas, lugareños de nariz roja y albarcas embarradas que juegan a los naipes, labradores atribulados por la sequía, en la puerta mujeres pintadas enseñando los senos sin vergüenza, gestos ordinarios, falsos pendientes de oro como reclamo, zafias palabras de calabazas e higos, de frutas prohibidas, de coitos a un real, ancianos encorvados que las miran, titiriteros con ceñidas camisas, gorros de colores y cascabeles, era sexo, lo sé, aunque la amaba, me gustaba su cuerpo delgado, sus nalgas duras bajo el camisón cuando atravesábamos la noche y llovía, no había estrellas y la música de nuestros muslos detenía este mundo que ahora termina en Compostela, ...(sigue)


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