Glup 2.0

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31.8.08

El lenguaje al infinito


"Escribir, en nuestros días, se ha acercado infinitamente a su fuente. Es decir, a ese rumor inquietante que, en el fondo del lenguaje, anuncia, cuando uno acerca un poco el oído, contra qué se resguarda uno y al mismo tiempo a qué se dirige. Como la bestia de Kafka, el lenguaje escucha ahora en el fondo de su madriguera este rumor inevitable y creciente. "

El lenguaje al infinito (fragmento)

Michel Foucault


Abandono el observatorio y me voy a correr bajo el bochorno de este último día de agosto. Las riberas del Nervión están llenas de turistas. Un horizonte de clics. Sol naciente. Se han descubierto hermosos poemas bajo las piedras del paseo nuevo. Frente al Guggenheim unos turistas sonrientes me fotografían al pasar. La soledad de un corredor que madruga. Sudor. ¿Quién puede detener el tiempo?¿Pasaré bajo su ventana? ¿Estará abierta? ¿Qué sabía Cortázar? Las preguntas quedan prendidas en los tilos del paseo junto a la ría, mientras me alejo de mí mismo, me pierdo en una carretera a ninguna parte. Las grúas del antiguo puerto, golosas, se comen el eco de las zancadas solitarias.


Para mañana, por si me he ido, te envío en un sobre mis dedos recorriendo tu espalda.

¿Habeis vuelto todos?


Leviant, feo discreto


Diario de una mujer adúltera
Curt Leviant


Tiene cara de feo discreto y su obra ha cautivado a dos premios Nobel (Saul Bellow, Elie Wiesel) además de miles de lectores en todo el mundo. Tenemos ya en castellano una de sus mejores obras: 'Diario de una mujer adúltera'. Novela divertidísima, tocho playero, recetario de andanzas, álbum de nosotros mismos, enciclopedia de antiguos amores y de su retorno o esbozo (siempre conflictivo). Un 'Decamerón' actualísimo, novedoso, sorprendente. Todo lo contrario a una novela-río; más bien impresionista, inducida a partir del detalle, casi novela de pistas y de carcajada musicales; novela negra en un recorrido sentimental tan largo como la vida o llegar incólume a la cincuentena.

Tomando como base una reunión de viejos compañeros de estudios, siempre en estructura o baile coral, comienza a retratarse la imagen de una misteriosa mujer por la que dos de los protagonistas del texto (Guido, fotógrafo, y Charlie, psicólogo) son incapaces de aplacar algo más que una vieja obsesión. Búsqueda de la Mujer, en mayúsculas, al mismo tiempo que poético o sobrecogedor viaje a la adolescencia: los primeros tragos, el pálpito de vida, esa clase de diversiones que permanecerán en el recuerdo una vida entera.

Novela de un feo listísimo, Curt Leviant, estructurada a base de capítulos cortos, rocas de sedería, motores de una trama imposible de dejar atrás cuando se han vencido las treinta primeras páginas. Novela de un feo, o no tan feo, al que acabarán dando el Premio Nobel, ligerísima en su dimensión/ladrillo, por esa calidad de página que es velero, que no carga y huye del adjetivo como Hemingway huía de lo barroco, salvo para volver a emborracharse con su sempiterno güisqui/vodka a gollete, en plan bravo.

Entra Curt Leviant sigiloso en la literatura en castellano, casi en zapatillas, en una novela muy hecha, su gran obra, que guarda perlas a las que no dejamos de dar vueltas: «La transición entre nada y algo suele ser enorme. Como la creación» (pag. 77); «Se puede apagar una luz con sólo cerrar los ojos pero las orejas no tienen párpados» (pag. 72); «Las clases bajas tienen rostros baratos; la élite, aristocráticos. Y eso vale también para los dedos» (49).
Curt no olvida nada; por eso narra la belleza en su malabarismo o susto.

Diego Medrano.

(Voy en la página 300 y pico. me está gustando)
(Después de tanto libro "·serio" necesitaba algo así)


30.8.08

Este es un intento a destiempo.

No será desde luego
hundiendo el tenedor
en el corazón de las golondrinas
como nos alimentaremos de libertad.

Julia Otxoa.


Capturar el sonido del observatorio. Recoger las vibraciones que provoca el viento deslizándose por su estructura, el gorjeo de pájaros, la lluvia golpeando los cristales del laboratorio. Colocar acelerómetros que distingan estos sonidos, escoger la compleja música del aire. Soñarla.

Este es un intento a destiempo.


29.8.08

Me aburre.

¿Ves ese derruido muro?
¿Ese huerto arrasado?
En el pasado fue fortaleza de árboles y agua,
hubo en él un jardinero que cultivó preguntas,
cosechando un tiempo claro
en el que éramos sin miedo y sin guardianes.
Hoy estas ruinas secas son guarida de huracanes,
en ellas ríen desmedidamente todos los enterradores.

Julia Otxoa


Dentro del observatorio adivino cuerpos sudorosos inventando el amor en un cuarto vacío de amor, me resbalo en las palabras incrustadas en una pastilla de jabón que se escurre por el cuarto de baño, guardo palabras sacacorchos en un cajón de la cocina, utilizo palabras anzuelo para tus peces huidizos, me sujeto con cuerdas que me impidan volar, canto romanzas de zarzuela, tomo analgésicos para mi fiebre de fin de semana, como huevos fritos, veo la televisión, me aburro, te añoro sin descanso.

Me aburre ya esta obsesión por ti.


28.8.08

La distancia a la realidad.

Bendita sea la terrible belleza de Franz Kafka
creyéndose un insecto entre nosotros,
hasta su recuerdo acudo en busca de consuelo.
Mi cabeza es un volcán que nunca duerme,
junto a mí todo es hoy El jardín de las delicias
pintado por El Bosco.
Nada entiendo.
Estoy subida en el tejado,
ya no leo los periódicos,
leer la prensa cada día,
es abrir una pequeña tumba de papel.
No sé quién soy.
El siglo a mi alrededor es incomprensible.
En aras del método,
hemos abandonado la búsqueda de la belleza.
Nos estrellamos

Julia Otxoa.


Desde el balcón del observatorio mido la distancia a la realidad, la cresta de los gallos, desdeño la palpitación de la vida que adivino detrás de las cartas todavía no leídas, temo a las sinuosas bestias que merodean frente a la puerta de hierro y madera, acoto parcelas en la tarde pelirroja, arrojo lastre por los ventanales, no remite el ardor, la mentira tiene forma de herradura y lombrices.

Quisiera besar tus mejillas.


27.8.08

Que imitan a serpientes

Las razones del porqué los hombres crearon a los dioses eran obvias, pero seguía resultando un verdadero enigma las razones que habían movido a los dioses a crear al hombre.
Julia Otxoa.

Desde el observatorio las horas vuelan como los vencejos que anidan en el portal abierto al viajero, se detienen como delfines atrapados en traicioneras redes, quise beber el néctar de tu sexo herido y el lecho se llenó de ay y párpados, las horas se congelaron en las sábanas vencidas, los polizones se acuclillaban a estribor.
Eran dulces los miércoles. Escribo sonetos a tu ausencia de hielo.

Desde el observatorio puede verse lo que no se entiende, un espacio informe con luz diferente, una arquitectura desconocida, el hastío, el tiempo clausurando la última ilusión, el no, la cancelación de las creencias, el páramo, la lluvia de jóvenes vencidos por la edad, amaneceres de titanio, el incendio del bosque de los recuerdos, la danza sensual de los bailarines que imitan a serpientes.

Sin haberte ido, tú no has vuelto.


Mi conversación de visita en los hospitales, ante el dolor todas mis palabras me parecen una ofensa. El único lenguaje posible sería arrodillarme o golpear mi cabeza contra las paredes, mi sangre como una oración.
Julia Otxoa.

26.8.08

El día que se inundó Bilbao.


Hace 25 años, en agosto, nos cuentan, se inundó Bilbao.
Una campaña institucional lo recuerda con grandes fotografías colgadas en plazas y calles.
En las televisiones autonómicas los reporteros realizan entrevistas a entusiastas de la nostalgia. Cada uno cuenta su historia, encantados de ese momento protagonista, sin haber olvidado ni un solo momento de su parte en aquella tragedia para algunos y curiosidad para muchos.
¿Aprendimos algo?- se pregunta una señora mirando a la cámara.
No había nacido.- dice un joven con desparpajo.
Me pilló en casa de mi cuñada en Burgos que, verá usted, después de la guerra se vino…- comienza un anciano antes de ser interrumpido por la impaciente entrevistadora.



Fue una gota fría, dijeron, ¿importa? Terremoto, huracán, cataclismo, lluvia torrencial, tormentade nieve, frío intenso, sequía, calor agotador, erupción volcánica, incendio devastador, tsunami, ola gigantesca, catástrofes cuando la naturaleza sigue su curso ajena al hombre.
Desde entonces, los precavidos viven mirando al cielo.
Otros, los que no lo vivieron ni siquiera saben qué es la lluvia.
Algunos aprendieron a nadar por eso de los ciclos de las catástrofes.
Unos pocos aún lloran a los que desaparecieron.
La mayoría, en fin, siguen, desmemoriados, indiferentes, ajenos a aniversarios y recuerdos.


¿Dónde estábamos aquel año?
Aún más. ¿Dónde estaremos el año próximo?
Incluso. ¿Estamos ahora?
Preguntar es sencillo, contestar también, lo difícil es acertar.
La vida.
No somos nada- musita mirando fijamente a la cámara un hombre con una camisa blanca.
Hace 25 años, en agosto, nos cuentan, se inundó Bilbao.




25.8.08

Y el rocío nos mordió de madrugada.

Pensábamos de niños que las montañas estaban ahí para la eternidad, que aquellos hermosos gigantes no morirían nunca, luego supimos que estábamos equivocados, las montañas también mueren como el más frágil de los hombres.
Julia Otxoa.


Y el rocío nos mordió de madrugada, los mastines espantaron el rebaño de goces, azafrán derramado en la mesa, flores secas y música ajada. La estancia era dulce y transparente, sentí tus huesos acariciar los míos, te busqué el cuello con los labios y encontré la húmeda puerta de mármol, nos miramos y el vértigo nos anegó. Lloramos de tan felices.

Agitabas pulseras en tus tobillos desnudos.



24.8.08

Tú nunca estás.

¿Dónde estuvimos que nos perdimos tanto? ¿Quiénes fuimos que ahora no nos reconocemos? Dinastía de gallos decapitados tiñendo la hierba. ¿Por qué siguen corriendo los sueños rotos? Desapareces en el dolor, tus heridas me borran.
Julia Otxoa.




Desde el observatorio es más sencillo oír rodar al mundo; sentir la hierba ondulando; acompañar a las anguilas mientras hierven en el río. Desde ahí arriba, las estrellas están doce metros más cerca, los dioses están millones de kilómetros más lejos.

Tú nunca estás.



23.8.08

Dejabas tus cabellos al viento.

Nombrar la realidad política de mi país con un lenguaje alejado de la costumbre, por ejemplo a través del lenguaje especializado de los forenses.

Julia Otxoa.


Antes de las miradas sobre el mantel no éramos, quedaron inmóviles los pájaros en un cielo gris, llenas las iglesias de hombres de negro, equilibristas entre las riberas del resplandor y nada. La edad se tendía sobre los signos como hormigas y grisú, ardía la voz pero, en lo oscuro, el silencio construía túneles de tu corazón al mío.


Dejabas tus cabellos al viento.


22.8.08

Observatorio

Este es mi tiempo!
ha dicho Caín,
y la gente asustada se ha ido por ahí
intentando vivir,
navegando con sus barquitas de colores
por las calles inundadas de llanto.

Julia Otxoa.


Desde el observatorio veo los límites y sus dolores, la renuncia, los insectos sobre los platos abandonados en el crepúsculo, los jueces que abrevan en los manantiales nocturnos, las palabras que garabatean sobre el miedo, tu jardín, tu perro.

(Tú no estás.)


21.8.08

Lauzier

Tengo frío junto a los estandartes,
el rumor de sus himnos
hiela mi corazón
como la negra memoria
de una guerra perpetua.

Julia Otxoa.


Un lector automático conectado a esta página glup, leyendo sin cesar, sacando faltas, proponiendo ideas, poniendo el sello del copyright, navegando en la amenidad, obscenidad, diversidad, / ceremonia de lector analfabeto, añoranza de los tiempos Lauzier (¿alguien sabe qué hacía este buen hombre?), reprimenda para tiempos evanescentes, repliegue de esa máquina que lee, /en realidad no estoy aquí y esta es una proyección de una ilusión en cinemascope y a todo color, con textos en blanco y negro y movimiento acelerado, matinales del Olimpia y por hoy ya está bien.

(Material para mi crítica favorita.)





20.8.08

Hasta la ventana llega el olor del mar

Mi conversación de visita en los hospitales, ante el dolor todas mis palabras me parecen una ofensa. El único lenguaje posible sería arrodillarme o golpear mi cabeza contra las paredes, mi sangre como una oración.
Julia Otxoa.

Hasta la ventana llega el olor del mar, se posa sobre las sábanas extendidas en los cuartos oscuros, deja una piel salobre, densa. Por la calzada bajan los marineros. Después la moneda se rompe por la mitad y el mundo se vuelve silencioso, ciego a las blancas olas a lo lejos, sordo al graznido de las gaviotas. Ahora busca la luna desde esa ventana y solo ve nubes, noche. El acantilado le grita y él va a buscarlo.

(Elanchobe, por supuesto)

19.8.08

Lo vi ayer

Los hijos del guarda me persiguen,
mis ojos no distinguen las sombras del día o de la noche,
deambulo dentro de mí misma huyendo del camino.
Mi hambre es de nomadismo.

Julia Otxoa.


Al cruzar por un paso de peatones el hombre tropieza y cae de bruces al suelo. Queda inmóvil en el centro de la carretera. Alrededor se arremolinan los curiosos. El conductor del primer coche detenido ante el semáforo se apea, mira el cuerpo –ni siquiera le he tocado-, sube y se va a toda velocidad. Un viandante trata de incorporar al caído, al hacerlo ve que sangra copiosamente por la cara, que tiene los ojos cerrados. Alguien llama a la policía. Los coches pasan a uno y otro lado del accidentado, a escasos centímetros, un niño ríe, su madre le recrimina con dulzura, los curiosos aumentan. Llega una ambulancia, se lleva al herido y todo vuelve a la normalidad.

(Lo vi ayer)

18.8.08

La cabeza de la res muerta

La cabeza de la res muerta no cabía en nuestra boca,
recuerdo el olor y el silencio

que había seda y carne cruda sobre las copas rotas,
y la comida aparecía derramada sobre la cama del enfermo.

Julia Otxoa.


Se mira al espejo. Se desnuda con lentitud mientras borbotean los grifos. Entra en el líquido tibio de la bañera, se toca las piernas, el pecho, la cabeza. Fue difícil encontrar cuchillas de afeitar. El resto es plácido: el vaho empañando los cristales, el goteo sobre la frente inmóvil, el agua encarnada desde la muñeca, un gorrión chocando una y otra vez contra la pequeña ventana.

(De una película. Creo. O del periódico, yo qué sé)


17.8.08

Prófugo

Siete de la mañana, todavía no ha amanecido
desfilan por las vacías calles los nacionales espectros.
Atravieso el puente de la Avenida de la Libertad,
levanto los ojos al cielo,
allí está Marina Tsvíetaieva ahorcada de una estrella.
Oscila su cuerpo en la oscuridad,
péndulo del reloj de nuestros días.

Julia Otxoa.


Nació en mitad de una tormenta y fue abandonado a la puerta de un mercado. Prófugo de sí mismo, dedica su vida a buscarse. Como no se encuentra, se vuelca en redimir a la humanidad. La humanidad le queda demasiado grande y se concentra en la humanidad de alrededor. Aquí está, en su púlpito portátil, bendiciendo a diestro y siniestro. Ora pro nobis.

(Le conozco ¡qué pelmazo!).


16.8.08

Modista



Cuando la lluvia se ha ido
he salido descalza al exterior,
el olor a tierra mojada era tan intenso....
parecía que toda la montaña
latía con fuerza dentro de mi estómago.
He sentido entonces mi silencio emocionado
como un manzano mecido por la brisa.
Luego me he arrodillado
y he estado comiendo tierra
hasta que dentro de ella he oído cantar
a mis abuelos.

Julia Otxoa.


“Cierra los ojos. Recuerda cuando eras niña. Te preparaban un vestido para la boda de la tía Julia. La modista probaba la tela sobre tu cuerpo pequeño. Ponía alfileres sobre el tejido, estiraba de aquí, alisaba arrugas imaginarias, tiraba del dobladillo, te deslizaba por la espalda un centímetro amarillo. ¿Qué sentías? ¿Notabas un estremecimiento en la nuca, una sensación desconocida y muy fuerte?"

Y ella: “Sí”


15.8.08

Aufschnaster

En medio de todo esto
los niños siguen arrojando
sus caídos dientes a la luna
suplicando nuevos alfabetos de hueso
para nombrar la vida.

Julia Otxoa.


Aufschnaster cerró la tarde, las golondrinas estaban pintadas sobre el telón del fondo, leve trazo que simulaba alas, me arrodillé ante el altar donde dejé la rosa y los ojos que un día miraron tu cuerpo de camelias, tus labios que un día brillaron a la luz de las hogueras.

14.8.08

Holzbauer

En invierno,
Al llegar el tiempo de las plantaciones,
me gusta contemplar
ese desfile de jardineros desarmados
cruzando la ciudad,
llevando sobre sus hombros
en lugar de fusiles
árboles dormidos.
Esa imagen es para mí
tan hermosa
que vence toda la sinrazón
de la barbarie en la que estamos,
algo así
como asistir a la poderosa fragilidad
de las raíces de la menta
levantando las piedras.

Julia Otxoa.


La orquesta, sentada en una ciénaga, cambió a Holzbauer, turbulencia bajo el viento cruel, el faro a lo lejos, los navíos encallados, no era tiempo de batallas y el puerto hervía en espumas negras.


13.8.08

Wagenseil

La vida es insoportable
sobre las cenizas de las víctimas.
No me hables de los héroes,
he visto todos los trajes de la muerte,
la sombra de la sangre derramada
es siempre imborrable y única.
Miro nuestra casa
y sólo veo fantasmas.

Julia Otxoa.


Wagenseil abrió el concierto y no sabías quién era. Después llegó el descanso y vi la silueta, en el quicio estaba. Todo era lógico y frío, la respuesta se escondía bajo las piedras al calor de un alacrán de pena.


12.8.08

Se me están olvidando muchos nombres


El enemigo se ha ido sin darle caza,
¿Quién lo ha visto?
Dijo el bárbaro.
¿Era zorro?
¿Serpiente?
¿Búfalo o rinocerontes?
Era una pulga.
Contestó el otro bárbaro,
Una maldita pulga de esas ilustradas.

Julia Otxoa.

Que no acaban de cambiarme las sábanas y quiero irme a la cama. Que las de este turno me tienen manía. Que siempre me dejan el último. Que desde que tuvimos aquella discusión no las dirijo la palabra. Que esta semana tampoco han venido mis hijos de visita. Que se me está terminando el cuaderno y aún me quedan muchos recuerdos para apuntar. Que qué guapa está mi nieta en esa foto de su primera comunión; y yo, con la corbata roja. Que no recuerdo como se llamaba la panadera de la calle de en medio. Que se me están olvidando muchos nombres. Que lo que sí recuerdo es que hace años que nadie me abraza.

(Cuando bajan las persianas, escribo. Prefiero hacerlo entonces, ya que si me ven los otros se ríen. Siempre me han ocurrido estas cosas. Me gustaba contar, imaginar, incluso me presenté a varios premios locales, nunca gané. Solo ella me entendía, solo ella. Me duermo, mañana sigo. Si me acuerdo).

11.8.08

Y no había amor

Asistiendo a la barbarie cotidiana, el instante tiene la turbulenta inseguridad de lo inestable y amenazador. En mi inexperiencia del horror futuro, me reconforta pensar que también a mis antepasados les tocó vivir un tiempo semejante. En su recuerdo me fortalezco. La Historia como ser circular, el presente como resistencia poética en la repetición.
Julia Otxoa.


Que el enigma eran Ellas, que aparecieron un día y se quedaron, que desde entonces el resto no tuvo ya sentido, que voltearon mis días, los cambiaron. Que una me llenó de mariposas el estómago, que la esperaba en una esquina y nunca vino, que pasaba el tiempo y aún la esperaba, que entonces no sabía que jamás iba a llegar.

(Pero sí vino y ya no era Ella sino Otra. Al conocerla supe que Ella jamás había existido. Para no volverme loco me hice amigo de esa Otra, reinventé mi vida, cambié calendarios y costumbres, domestiqué mi viejo instinto. ¿Es mejor? Es lo que es, es lo que hay.) (Y no había amor)
(Etc.)


10.8.08

Bergman

Los hijos del guarda me persiguen, mis ojos no distinguen las sombras del día o de la noche, deambulo dentro de mí misma huyendo del camino. Mi hambre es de nomadismo.
Julia Otxoa.


Que veíamos el cine de Bergman (Ingmar) y no entendíamos nada, que si la muerte, que si la doncella. Pero poníamos ganas, imaginábamos, aventurábamos respuestas a los símbolos, que si la vela representaba a, que si el caballero era, ejercicios de aprendices antes del coloquio. Y además no había Nodo.

(Después aquel humilde cine de barrio se convirtió en moneda de cambio –ya sabes- y los acomodadores de entonces piden limosna en la puerta de las iglesias).



9.8.08

Factoría

La constante interrogación del desarraigo, del extrañamiento del ser en el mundo. Sólo después de la fiebre y el dolor de las preguntas sin respuesta se puede hallar la serenidad en el total desvalimiento. Desde la humildad de la ignorancia, el misterio del ser se convierte entonces en cobijo.
Julia Otxoa.


Que entré en la Factoría, hombres y hombres de gesto serio trabajando, humos rojos, ruido, azul y negro de los talleres. Voces roncas e improperios, machos merendando al sol durante el descanso de las seis, justo cuando salía, gritos soeces a la diferencia. ¿Y mujeres? había, pocas, empleadas en las cocinas, en el clavo, en la limpieza, telefonistas, algunas secretarias, ninguna directiva. También las chisteaban, vociferaban cuando pasaban, jóvenes o mayores, les daba igual.

(Durante la Gran Huelga sus propios compañeros las increpaban, insultaban, despreciaban. Ellas permanecían sentadas en sus derechos, incomprendidas, valientes, solidarias. Fueron víctimas propiciatorias y a alguna la destinaron a las grúas sobre los hornos, en la nave central).



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